Paseando entre aromas nazaríes generados por sus huertos y jardines, con los pies posados en piedra que guarda siglos de historia, cada paso encierra un pensamiento transportándonos a una vida de realeza y de imperio.
La sublime excelencia de cualquiera de sus rincones nos hace cruzar el umbral de su tiempo de artesanos, ceramistas, comerciantes, todo ello siendo, dulcemente, custodiados y protegidos por el Darro , como fiel centinela, firme desde antaño.
El interior no entraña su único secreto puesto que su privilegio es ser testigo de excepción de todo lo que la rodea.
Ana Luz Piñero Robles