El lugar más maravilloso del universo era aquel planeta, llamado “el mundo de los deseos”. Naturalmente, una visita permitía conseguir lo que el corazón deseara, por muy imposible que sonase.
El planeta estaba lleno de lagunas y el proceso era simple: esperabas tu turno para estar al borde de una laguna; luego, pedías silenciosamente aquello que desearas, siempre y cuando fuese un deseo no egoísta. Nadie podía pedir nada para sí mismo. Finalmente, te dejabas caer al agua.
Era seguro que tu deseo se iba a realizar instantáneamente. Sin embargo, no todos estaban dispuestos a pagar. Se decía que tu alma era arrancada de tu cuerpo y reencarnaba en otro, condenada a vagar por un mundo solitario, donde la magia es un mito y olvidas tu identidad. Decían que era un mundo lleno de guerra, donde era más seguro sufrir hambre y pobreza… era difícil imaginarse un mundo como aquel.
Era su turno. Pensó en una pequeña criatura, parte suya, que se debatía entre la vida y la muerte. Luego, la imaginó llena de vida.
Entonces, saltó.
Oscuridad.
Y luego…
Luz
Estaba en un cuarto, rodeado de criaturas en extrañas túnicas y gorros. Se sintió minúsculo y apenas se preguntaba qué había pasado cuando lo sintió: su mente de quedó en blanco de golpe. No recordaba nada. Sólo existía.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al sentir su corazón vacío, sin comprender porqué. Lloró fuertemente, en una habitación llena de criaturas sonrientes.
Jimena Alejandra Morán Bravo