París. Estación de Austerlitz. Día 9 de noviembre de 1980. Las nueve de la mañana. Hemos pasado nuestra primera noche de bodas en el talgo de Barcelona a París. Nos dormíamos abrazados ya de madrugada. Aun tenemos la pinta de haber dormido poco. La gente va saliendo de la estación en manada. Poco a poco vamos quedándonos casi solos.
Estamos en el andén exterior esperando que vengan a buscarnos los de la Agencia X para llevarnos al hotel. Parece que se están retrasando. Un poco más allá otra pareja también está esperando. Son algo más mayores que nosotros, deben estar en la treintena y algo más. Nos miran con simpatía y se acercan. ¿Esperáis a los de la Agencia X?, nosotros también. ¿Sois recién casados? Se nota en vuestros ojos, sí. Nosotros ha hecho ya diez años que nos casamos. Hicimos una promesa: que volveríamos cada diez años a París y aquí estamos. Creemos que es una ciudad que no se repite, evoluciona y nosotros queremos evolucionar con ella. ¡Ah! ¡Qué gran idea! Decimos ¿hacemos también la promesa? Ja, ja ¡esperad a conocerla un poquito! ¿no?.
Volvimos en el año noventa, en el dos mil y en el dos mil diez. Entre décadas, fuimos con los niños, en los noventa, al Euro Disney. Parece que cumplimos lo prometido, como una deuda. La ciudad ha ido cambiando con nosotros. Cada vez nos revela algún aspecto diferente. El año dos mil veinte, completaremos otra década juntos. ¡Volveremos a redescubrir París!
Federico Baena Lorenzo