-Buenos días, Señora Nora, ¿Qué tal le pinta la mañana? – Salude efusivamente a mi amable vecina, me contesto con su acento típico de la Colonia Morelos: -Requetebién, joven, salúdeme a su papá que ya tiene mucho que no lo veo- Tenía prisa así que le conteste: Gracias, de su parte. Continúe caminando. Conforme avanzaba en mi caminar por las calles del barrio de Tepito a mi mente acudió la pregunta porque le pondrían así, a este barrio de gente pobre pero trabajadora, y en el paquete venían incluidos algunos delincuentes. Aunque había muchas leyendas urbanas sobre esto, en mi mente repetía una y otra vez la misma palabra. ¡Tepito!, ¡Tepito!, sonreí maliciosamente y pensé: me parece albur. Después de cinco minutos de desplazarme por estas calles que a mí me parecían las más seguras de toda la Ciudad de México, llegue al local de la Señora Juanita, la cual vendía unas deliciosas migas, según los consumidores habituales de este delicioso manjar, es una comida típica tepiteña, con lo cual coincido definitivamente, a quien se le iba ocurrir remojar pan, guisarlo con guajillo y ponerle unos huesos de puerco, por sintetizar la receta. Tenía el pícosor exacto que le da a uno en la garganta, terminas el plato y sientes el estómago absolutamente lleno, si no es así lo puedes combinar con algunas fritangas como las quesadillas o las gorditas. Siempre prometes ya no volver a comer tanto y pasados unos cinco días ya estas nuevamente en este local.
Adriana Arriaga Pérez