El calor comienza a apoderarse de mi cuerpo. Me arden las extremidades. Noto mi cara derritiéndose como si de una vela de cera se tratara. Atacado por las llamas, en un grito quedo, no logro escapar al fuego que se extiende dentro de mis entrañas. Despierto en la playa de la Rijana. El cielo está totalmente despejado, el sol brilla fulgurante y sólo una leve brisa disimula el terrible golpear del sol sobre mi cuerpo desnudo.
Mikel Lancha García