Fulgor de flores en Pampaneira. Parpadeo de pétalos rojos, latido blanco, arteria de ramas, en aquel pueblo de Granada. Luz de ventanas abiertas. Paciente sol que en sus calles empinadas habita y prolifera dulce.
Sobre la noche de Pampaneira existen los días púrpuras. Tejados que acunan anhelos y sueños. Suaves visiones del paisaje. Voces de los árboles y sus circulares ecos. Rumor fluorescente del rocío. Luna lívida.
Horizontal murmullo de los pájaros. Y sobre ellos, la soledad amarilla del sol. En las tardes de Pampaneira brisa lánguida y azul, breves nubes como una araña de plata enredada entre el cielo. Huertas doradas. Frondoso silencio, brillo de cal, luz de otoño, luz de cobre en la que el viento curva ingrávido sus alas. Batir fugaz, febril de las mariposas. Mariposas como una bruma que encharca a las flores.
Calles de Pampaneira, laberintos felices de la niñez.
Vicente Pérez Masedo