Se mueven por debajo sin dar indicios ni despertar sospechas.
Son miles y se reproducen por la noche, en silencio, en plena oscuridad.
Por la mañana esperan con paciencia que alguien comience a escarbar.
De a poco van viendo las caras de sus víctimas que se descubren grano a grano.
Y lo disfrutan.
Llegado el momento justo -ni después ni antes- toman enérgicamente las
extremidades de los inocentes y tiran con fuerza sobrehumana. Los jalan hasta las
infinitas profundidades.
Hay miles de manos que esperan bajo las arenas blancas de las playas del sur.
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia