
Los Carnavales son, sin duda, las fiestas de mayor efervescencia colectiva del año. Se celebran en diversos municipios de la provincia de Granada, siendo las de Alhama de Granada las más conocidas. Sin embargo, y aunque nos parezca un tanto extraño, la capital granadina gozó de unos estupendos Carnavales en tiempos pasados.
Origen de los Carnavales
A día de hoy, no se sabe a ciencia cierta, cuales fueron los orígenes del Carnaval. Algunos investigadores sitúan sus inicios en la antigua Sumeria y Egipto, hace más de 5000 años. Por aquella época se hacían ceremonias similares a las que se desarrollarían siglos más tarde en la Grecia Clásica y en el Imperio Romano. Desde Italia se expandió por toda Europa.
No obstante todas las versiones que se adentran en las raíces de esta manifestación popular coinciden en que, se trataba de una fiesta pagana muy antigua, celebrada en invierno, y relacionada con la cosecha.
El Carnaval tiene como característica principal el gozo, la abundancia y el que estaba permitido llevar a cabo toda clase de excesos, lo que contrasta con el posterior período de Cuaresma.
Se piensa que el término Carnaval proviene del latín medieval carnelevarium que significa “quitar la carne”, en referencia a la prohibición religiosa del consumo de carne durante la Cuaresma.

Sin embargo, tenemos un sinónimo que nos da un origen más exacto: Carnestolendas, que procede del latín “Domenica prima carnes tolendas”, que se puede traducir como “el primer domingo antes de quitar las carnes”.
Otros lingüistas establecen su origen en las ofrendas que hacían algunos pueblos semitas al dios Baal, al que ofrecían animales, sangre, etc. De estos ritos surgió el vocablo “Karn-a-Baal”, transformándose posteriormente en Carnaval.
En la Edad Media se produjo la “teatralización” del Carnaval, los participantes se colocaban mascaras y se disfrazaban de personajes destacados, incluso elegían un rey, que era centro de las burlas y al que tiraban todo tipo de sustancias, entre ellas, aguas sucias y comida.
Carnavales en Granada
Los Carnavales comenzaron en Granada con la llegada de los Reyes Católicos. Durante los cuatro días que duraba el carnaval se realizaban las mascaradas. La gente salía a la calle vestida con viejas ropas, con la cara pintada. También era frecuente disfrazarse con el traje típico de los musulmanes y moriscos .

Durante los carnavales se celebraban los triunfos militares. Por ejemplo en 1571 el pueblo de Alhama salió a la calle disfrazado para celebrar la victoria de Lepanto, eso sí no podían portar armas ni máscaras.
Desde comienzos el siglo XVI se hicieron, en Granada, grandes eventos pagados por las autoridades locales y por la oligarquía de la época.
En los archivos históricos de Granada hay varias referencias a los Carnavales celebrados en la capital, costeados por los mercaderes genoveses, dejamos un fragmento.
“En doce días del mes de febrero este dicho año [1630], martes de carnestolendas, se celebró en el Campo del Príncipe de esta ciudad de Granada un juego de sortija y don Pero Palo que lo celebraron los caballeros por la velación de don Juan Bartolomé Veneroso de Mendoza, yerno de Rolando de Levanto, señor de la villa de Gabia Grande.
Puesto que en Carnaval se consumía mucha carne, las autoridades, vigilaron que no faltara este alimento. Las fiestas de don Carnal marcaban el inicio de los contratos anuales con los carniceros del pueblo. Estos además de tener que proveer de carne a la localidad, estaban obligados a mantener unos precios fijos, evitando así la especulación en época de escasez de carne.
En las actas notariales de Colomera, de Abril de 1540, se puede leer:
Juan Lozano, vecino de Colomera, puja por el abasto de la carne de Colomera para este año, desde el primer día de Pascua florida hasta el día de Carnestolendas de 1541. Se obliga a dar carne por el precio de 30 maravedís el arrelde de macho cabrío, el arrelde de puerco y vaca a 22 maravedís, y el arrelde de cabra y oveja a 18 maravedís.
En el siglo XVIII muchos de los mascarados se convirtieron en “diablillos”. Estas personas disfrazadas, utilizaban el anonimato que daba la máscara para hacer diversas tropelías y vengar viejas rencillas con los vecinos. Llegaron a actuar incluso en los días previos a las fiestas del Corpus, convirtiéndose en una auténtica pesadilla para las autoridades. Carlos III prohibió “las danzas de mujeres, hombres y diablillos que acompañan la procesión del Corpus”.
En la siguiente centuria, el Carnaval no solo tomaba las calles, sino que además se realizaban bailes de mascaradas en los salones y casinos.

Los balcones de Granada se engalanaban. Las Comparsas recorrían las calles de la capital cantando coplillas picarescas y burlonas. En el diario el Defensor de Granada, se elogiaba a la comparsa “Los Hijos de la Luna”, en los carnavales de 1892.

(…), todavía queda gente de buen humor, que intente resucitarlo, sustituyendo lo chabacano por lo elegante, aun dentro de la norma grotesca en que forzosamente ha de encerrarse el Carnaval y cambiando por el chiste culto y la sátira graciosa. (…)
Como prueba de estas excepciones podemos citar la elegantísima comparsa de Hijos de la Luna.
La componen distinguidos jóvenes de la sociedad granadina, vestidos con la mayor corrección de frac rojo y calzón a la rodilla, el monóculo en el ojo derecho de la plácida y risueña careta de luna y el diminuto bastón de puño niquelado entre los dedos calzados por el fino guante de seda.
Las estudiantinas, grupos compuestos por alumnos de las distintas facultades también salían a la calle a cantar serenatas, por carnaval. Con sus actuaciones recogían un dinero que, después era utilizado para actos benéficos. Esta tradición estuvo activa hasta 1937.

Desde principios del siglo XX se hacía un gran desfile carnavalesco, muy similar a la actual cabalgata de Reyes, que recorría las calles de la capital.
Cada año, poco antes de comenzar las fiestas del Carnaval, se publicaban las normas y prohibiciones a las que estaban sujetas las personas que se disfrazaban. Entre ellas destacamos que se prohibía el uso de antifaz por la noche, el uso de distintivos, condecoraciones militares y eclesiásticas. Los disfraces tenían que ser decorosos, no podían entrar a las iglesias y los que entraban en los establecimientos públicos lo tenían que hacer sin el antifaz.
En los años previos a la Guerra Civil, algunos se vestían de curas, entraban en las iglesias para mofarse y hacían procesiones burlescas contra el clero.
Posteriormente, durante el franquismo, los Carnavales sufrieron una dura etapa de prohibición, aunque siempre hubo alguna forma ingeniosa de saltarse estas privaciones. En 1975 las fiestas de las Carnestolendas resurgieron con todo el auge, volviendo a tomar la calle en algunos pueblos de Granada.
