Muchos de vosotros, queridos lectores de Rincones de Granada, os estaréis preguntando qué relación tiene el dicho popular ¡Apaga y vámonos! con Granada. Y aunque a priori pueda parecer que nada, resulta que sí.
El chascarrillo, apaga y vámonos, se utiliza para dar por concluida una conversación, al oír o ver algo muy absurdo, disparatado o escandaloso, o cuando no hay nada más que comentar.
El modismo equivale a decir “hasta aquí podíamos llegar”, “se acabó lo que se daba”, e incluso, “se acaba de estropear todo y ya no hay quien lo arregle”.
La frase tal y como la utilizamos actualmente, surgió, sin lugar a dudas, en el XIX. Las referencias más antiguas que hemos podido encontrar datan de mediados de ese siglo, y se encuentran en la crítica a una quintilla de la fábrica de fósforos Lizarbe y Compañía, más conocida como Fósforos de Cascante.
Dicha empresa realizaba, anualmente, un concurso de quintillas. Los textos ganadores salían publicados en las revistas y periódicos de la época, y en las propias cajas de cerillas. Una de las quintillas tuvo que enfadar tanto a alguien que mandó un mismo escrito, a finales de marzo de 1857, a los periódicos “La Discusión” y “Clamor Público” diciendo:
A Lizarbe y compañía. Las siguientes líneas, que quieren, al parecer, formar una quintilla, contienen: una falta de ortografía, un despropósito, una mentira, una porción de sandeces, y por último, una blasfemia. La recomendamos a la academia de la lengua y a todos los literatos.
Dice así: O cajita encantadora! que contiene 100 cerillas tan superiores y finas dudando si su manufactura proviene de manos divinas.
Apaga y vámonos, que con tanta luz nos vamos á ofuscar.
Está claro que el “Apaga y vámonos” tuvo que ser, en el siglo XIX, un dicho muy extendido, pues, la revista satírica “El Cócora” del 1 de junio de 1860, cuenta que, en el cementerio cordobés de Montilla, se hallaba la frase ¡Apaga y Vámonos!, como epitafio.
Con el tiempo, muchos diarios españoles tuvieron una sección llamada “Apaga y vámonos” que servía, por lo general, para criticar de manera puntillante las actuaciones de las políticas locales. Incluso el Defensor del Granada contaba con una sección así.
EL AVERIGUADOR UNIVERSAL
El estandarte en la búsqueda del origen de este dicho popular, y de otros modismos de la lengua castellana, estuvo en manos del presbítero gaditano José María Sbarbi y Osuna.
Sbarbi creó en 1879, “El Averiguador Universal”, un periódico quincenal que respondía las preguntas de sus lectores sobre curiosidades. Éste no solo era un gran conocedor de la gramática española, sino también un estupendo recolector de anécdotas, dichos populares, refranes, etc.
El Profesor Gregorio Doval, en su Análisis del origen y el sentido de las frases hechas explica:
El dicho proviene de una historieta andaluza, bastante irreverente, que, según dicen, ocurrió hace mucho tiempo en el pueblo granadino de Pitres. En cierta ocasión, dos sacerdotes optaban con parecido ardor e interés a una sola plaza de capellán castrense. Llegado el momento de mostrar su particular maestría en oficiar una misa en el menor tiempo que fuera posible —habilidad, al parecer, muy conveniente en tiempos de guerra—, se apostaron, como parte de la competencia por el cargo, a quién de ellos decía la misa en menos tiempo. Situado ante el altar el primero de los dos competidores, y dispuesto como estaba a dejar pocas opciones a su contrincante, comenzó y terminó el oficio sagrado, de un mismo y único plumazo, diciendo Ite, Misa est en lugar del Introito ad altare Dei (fórmulas con que se comenzaba y acababa respectivamente la misa en el rito latino). Al oírlo, el segundo cura, sin arredrarse y no menos dispuesto a conseguir la plaza de capellán que su colega, halló la manera de abreviar aun más la duración de la misa, acercándose apenas al altar y diciéndole al monaguillo en el más puro estilo castizo: Apaga (las velas) y vámonos.
Muchos de los modismos, incluidos los de Sbarbi, fueron recogidos, en 1888, por Luis Montoto Rautenstrauch en el libro titulado «Un paquete de cartas».
Apaga y vámonos – 1888- Un paquete de cartas
=Apaga y vámonos.—Exp. fig. y fam. que se emplea al conocer que una cosa toca a su término, o al oír o ver que algo es muy absurdo, disparatado o escandaloso. A . — Y va de cuento. Optaban dos sacerdotes a una plaza de capellán castrense y para conseguirla era preciso decir la misa en muy pocos minutos. Apostáronse y comenzaron a rezarla al propio tiempo; y como el uno oyera que el otro en lugar de introibo ad altarem Dei empezó diciendo ite Misa est, él, ansioso de ganar la apuesta, dijo al monaguillo: Apaga y vámonos.—Si non é vero…
En 1903 la revista “Alrededor del Mundo”, que también contaba con una sección llamada “Averiguador Universal”, añade que esa curiosa y simpática apuesta surgió celebrándose la función de San Roque, patrón del pueblo alpujarreño de Pitres, después de que ambos curas bebieran más de la cuenta, en el refresco que dio el Ayuntamiento, durante las fiestas.