
En el corazón del pintoresco pueblo de Albolote, una escultura de bronce rinde homenaje a uno de sus personajes más queridos y emblemáticos: Antonio Alarcón, cariñosamente conocido como «El Chache». Este dedicado cohetero y asistente infatigable de las festividades locales es recordado no solo por su contribución a la tradición pirotécnica, sino también por su amabilidad, espíritu trabajador y la peculiar compañía de su burra «Paula».
La historia de «El Chache» se entrelaza con la historia de Albolote, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva del pueblo. Nacido en diciembre de 1908, enfrentó desafíos desde una edad temprana debido a una enfermedad que afectó sus articulaciones, limitando su desarrollo físico y estatural. Sin embargo, estas limitaciones no impidieron que «El Chache» se convirtiera en el alma de las festividades locales, desempeñando el papel de cohetero, serenatero y participante activo en las tradicionales matanzas.

Su inseparable compañera, la burra «Paula», era testigo silencioso de sus travesías por las calles del pueblo. Juntos, eran una vista común en cada celebración, llevando consigo la alegría y el espíritu festivo que caracterizaban a «El Chache». Su amor por su trabajo y su dedicación a la comunidad dejaron una marca indeleble en la memoria de quienes lo conocieron.
La escultura, erigida en agosto de 1992 durante las fiestas patronales, fue concebida como un tributo duradero a la figura entrañable de «El Chache».
«El Chache», vestido con una camisa de manga larga obotonada hasta el cuello y los puños, personifica la elegancia en medio de las festividades locales. Su pantalón de pinzas de vestir y cinturón de cuero añaden un toque de formalidad a su atuendo, mostrando su respeto por las tradiciones incluso en las ocasiones más festivas. Las cómodas alpargatas que calza son un recordatorio de su humildad y conexión con la tierra, a pesar de su papel destacado en las celebraciones.
La escultura captura el momento preciso en el que «El Chache» enciende un cohete, su mano derecha sosteniendo con destreza un chisquero, mientras la izquierda permanece casi cerrada en un puño. La representación vívida de este gesto evoca la emoción de los momentos iniciales de las festividades, cuando el cohete recién lanzado anuncia con estruendo y luz el inicio de las celebraciones. Es un tributo conmovedor a la contribución única de «El Chache» como cohetero, marcando el comienzo de momentos de alegría y comunidad.
La cuidadosa atención a los detalles en la escultura, desde la textura de la ropa hasta la expresión en el rostro de «El Chache», revela el compromiso del escultor Alfonso Pérez en capturar la autenticidad de este personaje querido. La Fundación Francisco Carvajal, al respaldar este proyecto, reconoció la importancia de preservar no solo la figura física de «El Chache» sino también su espíritu y su contribución duradera a la identidad de Albolote.
La escultura con un coste de 10.788,17 €, no solo captura la imagen física de «El Chache», sino que también transmite su carácter amable y su contribución invaluable a la vida comunitaria. La Plaza de los Naranjos, en la que reposa la escultura, se convierte en un lugar de encuentro y reflexión, recordando a las generaciones presentes y futuras la importancia de preservar las tradiciones y honrar a aquellos que las hicieron posibles.

En última instancia, la escultura dedicada a «El Chache» no solo es un testimonio tangible de la historia local, sino también un recordatorio perenne de la importancia de las figuras locales, como los coheteros, que desempeñan un papel crucial en la preservación y celebración de las tradiciones que dan vida a nuestras comunidades. «El Chache» vive eternamente en el bronce que lo inmortaliza, y su legado continúa iluminando las festividades y eventos de Albolote, recordándonos la esencia atemporal de la dedicación y la alegría que aportan estos personajes a nuestra vida cotidiana.