Veleta
El Veleta es el segundo pico más alto de Sierra Nevada (3.396 metros). Su nombre puede provenir de la palabra árabe balata (tajo), por su impresionante pared vertical norte. Es el gran icono visual de Granada y el nacimiento de su río principal, el Genil.
El gigante de piedra que vigila Granada

Si hay algo que cualquier granadino hace de forma instintiva al salir a la calle es mirar hacia arriba. Si el Veleta está ahí, blanco y brillante o marrón y desnudo en verano, todo está en orden. Es nuestra brújula. Con sus 3.396 metros, no es el techo de la península (ese honor es del Mulhacén), pero sí es el más fotogénico y el que tiene más personalidad.
Su nombre es la primera lección de historia que te da la montaña. Olvida las veletas que giran con el viento; esto es mucho más serio. Viene de la palabra árabe balata, que significa «cortado» o «tajo». Solo tienes que verlo desde la zona de Güéjar Sierra para entenderlo: mientras que por el lado de la estación de esquí parece una loma suave por la que suben los remontes, por su cara norte se desploma en un precipicio vertical de cientos de metros. Ese es el verdadero «balat», una pared de roca que impone un respeto absoluto.
Un corazón de hielo fósil
Bajo ese tajo vertical, en lo que llamamos el Corral del Veleta, se esconde uno de los secretos mejor guardados de la sierra. Allí estuvo el glaciar más al sur de toda Europa. Hoy, con el cambio climático apretando, ya no vemos una lengua de hielo blanca, pero el frío sigue ahí, escondido bajo las piedras. Los científicos lo llaman permafrost: capas de suelo y hielo que llevan congeladas desde tiempos inmemoriales.
El Veleta es, en realidad, el gran «depósito de agua» de Granada. Sus ventisqueros (esos rincones donde la nieve se acumula y no se va ni en julio) son los que alimentan las fuentes y las acequias cuando el calor aprieta abajo en la Vega. Es un milagro de la naturaleza: tener nieve perpetua a un paso de los campos de chirimoyas de la costa.
La carretera que quiso tocar el cielo
Para lo bueno y para lo malo, el Veleta es muy accesible. Por su falda sube una de las carreteras más altas de Europa. Se hizo en los años 30 con un optimismo ciego, pensando en cruzar la sierra para llegar a la Alpujarra. Hoy, gracias a que somos más conscientes de lo que tenemos, el paso de coches está prohibido a partir de los 2.500 metros.
Esa carretera ahora la usan ciclistas que quieren sufrir un poco y científicos que trabajan en el radiotelescopio IRAM y en el Observatorio de Sierra Nevada. Esos edificios blancos que parecen naves espaciales están allí porque el aire del Veleta es de los más limpios del mundo para mirar el universo sin que nada te estorbe.
El Veleta y la memoria de la guerra
Es imposible hablar de esta montaña sin recordar que sus laderas fueron el escenario de una tragedia humana que marcó a Andalucía para siempre. Cuando miras esos senderos altos, estás mirando las rutas de escape de un pueblo acorralado.
La Rebelión de los Moriscos define los dos grandes levantamientos (1499 y 1568) contra el incumplimiento de las Capitulaciones. Estas guerras fueron la respuesta desesperada de la población musulmana granadina frente a la Inquisición, los bautismos forzosos y la prohibición de su cultura.
En la gran rebelión de 1568, el Veleta fue mucho más que una montaña; fue una fortaleza natural. Los moriscos, que se conocían cada piedra de la sierra, utilizaban los pasos de alta montaña cercanos al pico para moverse entre la Alpujarra y la Vega de Granada sin que los soldados de Don Juan de Austria los detectaran. Eran los únicos capaces de cruzar a esas altitudes en pleno invierno, usando el frío y la nieve como sus mejores aliados. Bajo la sombra del «balat», familias enteras buscaron refugio en cuevas y barrancos huyendo de una Inquisición que quería borrarles hasta el nombre. Por eso, el Veleta no es solo una cima para hacerse fotos; es un monumento al aire libre a la resistencia de una gente que se negó a dejar de ser quien era.
La huella del Veleta en nuestra geografía
El impacto de este pico se siente en toda la provincia y más allá:
- El Río Genil: Sus primeras gotas de agua nacen del deshielo de la cara norte del Veleta. Es un río bravo que baja por el Valle del Real antes de calmarse al llegar a la ciudad.
- Güejar Sierra: Es el pueblo que vive a la sombra de la cara salvaje del pico. Desde sus calles se ve la silueta más auténtica del Veleta, la que no entiende de esquís ni de turistas.
- La Costa Tropical: Es el contraste más loco de Andalucía. Puedes estar mirando el Veleta nevado mientras te bañas en el mar en Salobreña. Esa cercanía entre la alta montaña y el trópico es lo que hace única a esta tierra.
- La vista desde la cima: Si tienes la suerte de subir en un día claro, el mundo se abre ante ti. Al sur ves África; al este, la Sierra de los Filabres en Almería (donde también hubo mucha lucha morisca); y al norte, las sierras de Jaén.
El Veleta nos enseña que las montañas no son solo rocas amontonadas. Son depósitos de agua, son laboratorios de estrellas y, sobre todo, son los guardianes de nuestra historia. Cada vez que mires su silueta recortada contra el cielo azul de Granada, recuerda que estás mirando la piel de un gigante que ha visto pasar todo lo que somos.