
Telúrico designio el de esta noche plenilunar que El Errabundo intuye le ha guiado por la Hoz del río Huécar, hasta el Puente de San Pablo. Siente a los pies de Las Casas Colgadas que la veterana ciudad desafía las leyes físicas en las callejuelas por las que asciende a La Plaza de Ronda y hasta La Catedral. La Luna proyecta sobre la escalinata del templo su sombra de Errabundo, y se sabe feligrés eterno bajo las gárgolas . ¡La Gentilidad, Lo Sacro y Lo Esotérico de la mano en La Plaza Mayor! El aire aún porta el karma de las brujas que antaño volaban desde la Torre de Mangana, centinela del río Júcar.
Envuelto en su capa, conjurado para siempre, decide El Errabundo dormir al raso, inlunado junto al Pósito del Almudí, y al descender por la onírica Bajada de San Martín, da de bruces con la Torre de San Gil donde grabados en la roca, lee aspirando el aroma de los jazmineros, los versos de Federico Muelas:
“¡Oh, tantálico esfuerzo en piedra viva!
¡Oh, aventura de cielos despeñados!
Cuenca, en volandas de celestes prados,
de peldaño en peldaño fugitiva.”
¡Ya no hay regreso posible al pasado que en su ánima, atesora El Errabundo! Pues siendo un andarín de otros territorios prosaicos, admite que su único hogar bienhallado, permanecerá en lo sucesivo en esta Patria Hecatónquira de La Poetría, Colgada en El Vórtice de La Naturaleza, El Bien y La Belleza, Cuenca Eviterna,
¡¡¡¡Sancta Sanctórum de Errabundos!!!!
Juan Pérez Díaz