Gárgola
Gárgola es un desagüe saliente de una canalización, diseñado para lanzar el agua de lluvia lejos de los muros y cimientos de un edificio. Su nombre viene del francés gargouille (garganta), y su origen responde a la necesidad de proteger la piedra de la erosión y las humedades que provoca el agua al resbalar por la fachada.
La Gárgola: El cañón de agua de la catedral

Para entender por qué una gárgola tiene esa forma tan alargada, hay que pensar en la física. Si el agua de los tejados simplemente cayera por el borde, terminaría empapando los muros, pudriendo la piedra y debilitando la estructura. Al colocar estos caños que sobresalen bastante de la pared, el agua sale disparada con fuerza y cae a varios metros de distancia, manteniendo la base del edificio seca y a salvo.
Lo que mola de las gárgolas es que a los arquitectos de entonces no les valía con poner un caño de piedra aburrido o un tubo de plomo. Aprovecharon que tenían que sacar el agua fuera para soltarse el pelo y dejar volar la imaginación. En plena Edad Media, acabaron creando un muestrario de pesadillas: dragones, bichos raros, demonios o caras de personas haciendo muecas horribles. Se dice de todo sobre por qué las hacían así; hay quien piensa que eran para espantar a los malos espíritus y que no entraran al templo, y otros creen que era una forma de decirle a la gente que el «mal» se quedaba fuera, lejos de lo sagrado.
El rastro de las gárgolas en el patrimonio de Granada
En nuestra provincia no faltan estos «monstruos» que, en los días de tormenta, cobran vida escupiendo agua:
- Catedral de Granada: Aquí las gárgolas son piezas de una calidad increíble. Al ser un edificio donde se mezcla el gótico final con el renacimiento, vemos figuras que son casi esculturas exentas. Si te fijas en las partes más altas, verás cómo estas piezas rompen la línea de la fachada para cumplir su función de «paraguas» de piedra.
- Capilla Real: En el exterior de la joya donde descansan los Reyes Católicos, las gárgolas mantienen ese aire gótico más puro. Son figuras estilizadas, a veces animales fantásticos, que vigilan la entrada y protegen los muros de la humedad del invierno granadino.
- Palacio de Carlos V: Aunque es un edificio mucho más sobrio y renacentista, también cuenta con sistemas de evacuación de agua muy pensados. Aquí la decoración es más clásica, acorde con el resto del palacio, pero la función sigue siendo la misma: alejar el agua de la preciosa cantería.
- Hospital Real: En sus patios y fachadas se pueden ver desagües que, aunque a veces son más sencillos, mantienen esa estructura saliente necesaria para que los cimientos de este imponente edificio de la época de los Reyes Católicos no sufran con las lluvias.
Un recorrido por las gárgolas de Andalucía
Nuestra tierra, a pesar de ser seca, tiene una arquitectura que sabe muy bien cómo gestionar las grandes trombas de agua:
- Catedral de Sevilla: Al ser la catedral gótica más grande del mundo, su sistema de gárgolas es inmenso. Tiene decenas de ellas, cada una con una cara distinta. Es un auténtico museo de criaturas fantásticas a decenas de metros de altura.
- Catedral de Jaén: Las gárgolas de la obra maestra de Vandelvira son un ejemplo de cómo el Renacimiento también jugaba con estos elementos. Son más equilibradas y menos «terroríficas» que las góticas, pero igual de eficaces.
- Catedral de Cádiz: En una ciudad con tanta humedad marina y vientos de levante, las gárgolas y los desagües son vitales. Aquí el material sufre mucho más, y se ve perfectamente cómo se diseñaron para que el agua de los temporales no castigara la piedra ostionera.
- Pueblos de la Sierra: En muchos edificios civiles y ayuntamientos de la zona de la Sierra de Aracena o la Alpujarra, se conservan gárgolas de piedra más rústicas pero muy funcionales, que demuestran que esta técnica era necesaria en cualquier sitio donde el invierno apretara.
Arte, miedo y utilidad
Al final, la gárgola es el ejemplo perfecto de cómo el arte puede transformar una necesidad técnica en algo poético y misterioso. Eran los fontaneros de la historia, pero unos fontaneros que sabían esculpir dragones. Cuando pasees bajo una catedral y veas una de estas figuras asomándose al vacío, piensa que no está ahí solo para asustar, sino para que nosotros podamos seguir disfrutando de esos muros de piedra muchos siglos después.
Hoy día, con los canalones modernos de zinc o plástico, hemos perdido esa magia, pero las viejas gárgolas siguen ahí arriba, esperando la próxima lluvia para volver a escupir agua lejos de las fachadas que llevan custodiando toda la vida.