Su mente sobrevolaba su añorado Al-Ándalus mientras sus ojos reflejaban el delta alejandrino recordando su estancia y trabajos en la Escuela de Toledo, hacía ya tiempo bajo protección cristiana, junto a sus recordados colegas y amigos debatiendo los textos clásicos, o también las conversaciones y enseñanzas de su querido maestro Averroes, acogido durante un tiempo en su hogar, en el luminoso, cristalino patio de su casa de Córdoba, huyendo de la propia intolerancia de los suyos.
Y es que esta vez el Todopoderoso, en sus inescrutables designios, había dado el poder a los almohades y a su radicalismo en el pensar y enseñar, rompiendo la añorada paz y obligándole también a él, Maimónides, buscador de la verdad, médico, filósofo y rabino, al exilio.
Pablo Ferreiro Alonso