Almohade
El término almohade hace referencia al movimiento religioso y dinástico bereber que dominó el norte de África y el sur de la Península Ibérica entre los siglos XII y XIII. Su nombre proviene del árabe al-muwahhidun, que significa «los que reconocen la unidad de Dios» o «unitarios».
Un Imperio de Rigor y Esplendor
Los almohades surgieron en las montañas del Atlas marroquí como una reacción de reforma religiosa frente al relajamiento que, a su juicio, habían mostrado sus predecesores, los almorávides. Bajo un prisma de austeridad y rigorismo moral, consiguieron unificar bajo un solo mando un vasto territorio que se extendía desde Libia hasta Al-Ándalus. Este periodo no solo fue una etapa de dominio militar, sino también de una explosión intelectual y arquitectónica sin precedentes, donde figuras como Averroes o Maimónides desarrollaron parte de su obra.
En lo artístico, los almohades impusieron una estética que rechazaba la ornamentación excesiva, prefiriendo la grandeza de las proporciones y la geometría pura. Es la época en la que el ladrillo se convierte en protagonista y surgen elementos tan icónicos como la Giralda de Sevilla o la Torre del Oro. Su arquitectura buscaba transmitir una sensación de poder imperturbable y orden divino.
El Legado Almohade en Granada
Aunque Granada no fue la capital de su imperio (puesto que ocupaba Sevilla en la Península), la ciudad experimentó bajo el mandato almohade una transformación defensiva y urbana vital. Granada se convirtió en una de las plazas fuertes más importantes para contener el avance de los reinos cristianos, y su huella aún es visible en el tejido de la ciudad actual:
- La Muralla de la Alhambra: Fueron los almohades quienes comenzaron a fortificar de manera seria la colina de la Sabika. La Torre de las Armas, por ejemplo, conserva en su estructura base elementos de la técnica defensiva almohade, con sus accesos en recodo diseñados para dificultar la entrada de los asaltantes.
- La Cerca de Don Gonzalo: Esta muralla, que protegía el sector noreste de la ciudad y el barrio del Albaicín, es un testimonio del urbanismo defensivo de esta época. Utilizaban el tapial (tierra apisonada con cal) de una dureza tal que ha permitido que muchos tramos lleguen intactos hasta nuestros días.
- Las Puertas de la Ciudad: El diseño de grandes puertas monumentales con función de control aduanero y militar, como los cimientos de la Puerta de Elvira o la Puerta de las Pesas en el Albaicín, reflejan el estilo austero y funcional de este periodo.
- El Palacio del Cuarto Real de Santo Domingo: Aunque muy transformado posteriormente, su origen se sitúa en una almunia (finca de recreo) almohade situada extramuros de la ciudad. Su qubba o salón de protocolo conserva la esencia de la arquitectura palaciega de este imperio, donde la sobriedad exterior contrastaba con interiores frescos y orientados al jardín.
Un Puente hacia el Reino Nazarí
El periodo almohade en Granada sirvió de puente cultural y estructural. Cuando el imperio comenzó a fragmentarse tras la derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la infraestructura urbana y defensiva que dejaron en Granada fue la base sobre la cual Muhammad I, el primer rey nazarí, pudo cimentar su nuevo reino. En cierto modo, Granada es hija de la planificación militar almohade, y su fisonomía de ciudad inexpugnable se debe al empeño de estos «unitarios» por convertirla en el último gran baluarte de Al-Ándalus.