Es un rincón hermoso; tiene millones y millones de principios.
Cada día son más las personas que lo visitan, pero casi nadie lo hace una segunda vez. Señales de hambre y de frío y la persuasión de algunos entendidos me mostraron sus coordenadas. Finalmente lo hallé.
Miro hacia el horizonte. Pienso en millones de principios que moran ese recodo. Intento recordar los míos, los que allí dejé, mas no me atrevo a ir a buscarlos. Temo que compliquen la relación amorosa que ha surgido entre el dinero y yo.
Reinaldo Arbot Fernández.