
Frente a la majestuosa portada de la Catedral de Guadix, se alza un conjunto escultórico en bronce que llama poderosamente la atención.
Se trata de un conjunto escultórico de 10 figuras: nueve niños que entonan una melodía invisible bajo la atenta batuta de su director, el sacerdote Don Carlos Ros González.
Esta escultura dedicada a la Escolanía de Guadix, obra de la artista Elisa Merino Calvo, fue inaugurada en 2006 con motivo del cincuentenario de la formación coral. La pieza no solo rinde homenaje a un grupo de voces infantiles, sino a toda una tradición musical y espiritual que marcó la identidad de una ciudad.
La escultura
El conjunto transmite armonía, ternura y devoción. Los rostros de los pequeños, concentrados y expresivos, sostienen partituras mientras sus bocas abiertas evocan el instante preciso del canto coral. El sacerdote, vestido con sotana, levanta el brazo en un gesto de dirección, pero también de guía moral y afectiva. Su serenidad y autoridad espiritual se reflejan en el equilibrio de la composición, donde cada detalle parece vibrar con la música que un día llenó la Catedral de Guadix.
La obra, de gran realismo emocional, refleja la maestría de Elisa Merino Calvo, una artista que ha sabido dotar al bronce de alma. El conjunto se integra con el entorno monumental de la Catedral, y más que una escultura, se convierte en un símbolo del patrimonio inmaterial accitano. Es un testimonio tangible del legado de Don Carlos Ros y de las generaciones de niños que, bajo su dirección, elevaron su canto a Dios.
Elisa Merino Calvo: una artista que retrata el alma humana
Nacida en Guijuelo (Salamanca), Elisa Merino Calvo es una artista multidisciplinar licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, en la especialidad de Escultura. Su formación abarca estudios en las Escuelas de Artes de San Eloy (Salamanca) con el maestro Zacarías González, pintura en la Academia Arjona (Madrid), y cursos en Bellas Artes de París junto al profesor Henri Goetz. Ha explorado además el campo audiovisual en la Casa Encendida (Madrid) bajo la guía del artista francés Robert Cahen.

Su obra, marcada por un fuerte compromiso social, se centra en el retrato humano y la denuncia de la injusticia, con series como Cartografía del Hambre y Cartografías del Silencio. Ha trabajado con materiales diversos —piedra, papel, metal— y sus esculturas de niños maltratados le han otorgado reconocimiento internacional. También ha realizado intervenciones urbanas y mobiliario escultórico en espacios públicos de varios países.
En todas sus creaciones, Merino construye una cartografía emocional, una forma de mirar el mundo desde la sensibilidad, la memoria y la identidad colectiva.
Don Carlos Ros González: el alma de la Escolanía
El sacerdote Don Carlos Ros González, nacido en Madrid y ordenado en la diócesis de Guadix en 1949, fue un hombre entregado a la enseñanza, la música y la espiritualidad. Fundó la Escolanía de los Niños Cantores de la Catedral de Guadix en 1956 por encargo del obispo Rafael Álvarez Lara. Durante casi medio siglo, dedicó su vida a formar no solo cantores, sino personas.
Para él, la música era una forma de oración: “Cantar es rezar dos veces”.
La Escolanía, integrada por alumnos del colegio anexo al Palacio Episcopal, se convirtió en un coro profesionalizado en música sacra. Bajo su dirección, los niños accitanos recorrieron España y Europa: Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Austria, Reino Unido… Cantaron en catedrales, festivales internacionales y congresos de Pueri Cantores, interpretando obras de Mozart, Gounod o Perosi. Su repertorio superaba los 250 cantos, y su voz colectiva se convirtió en emblema de Guadix.
Don Carlos enseñaba con humildad y ternura. Su autoridad era la del amor y el ejemplo, no la imposición. Enseñó a sus alumnos a amar la música y la vida, a rezar con el alma y cantar con el corazón. Por su labor educativa y artística fue nombrado Hijo Adoptivo de Guadix, y su nombre quedó asociado para siempre a la historia cultural de la ciudad.
Su muerte, el 5 de julio de 2003, dejó a Guadix huérfana de su maestro, pero su legado continuó. En su funeral, los antiguos escolanos —ya adultos— entonaron el Réquiem de Perosi, llenando la Catedral con el mismo fervor que él les había inculcado.
Sus restos reposan junto al escritor Pedro Antonio de Alarcón, otro hijo ilustre de Guadix, sellando así una unión simbólica entre arte, literatura y espiritualidad.
La herencia musical: del silencio a la refundación

Tras su fallecimiento, la Escolanía original se extinguió lentamente. Sin embargo, el espíritu de Don Carlos siguió vivo en sus antiguos alumnos. En 2008 nació el Coro “D. Carlos Ros”, formado por antiguos escolanos que quisieron mantener viva la llama de su maestro. Bajo la dirección de Rafael Pascual Hernández Muñoz, el coro ha ofrecido más de 300 actuaciones, incluyendo interpretaciones en la Catedral de Guadix, la Basílica de la Macarena, la Catedral de la Almudena y el Congreso Internacional de Pueri Cantores en Roma.
Su proyecto actual, titulado Reviviendo la Escolanía, busca transmitir a las nuevas generaciones el legado coral accitano.
En 2014, la Catedral impulsó la creación de una nueva Escolanía de la Catedral de Guadix, dirigida por el sacerdote Sergio Villalba, también accitano. Con un grupo inicial de 29 niños y niñas de distintos colegios, la nueva escolanía retomó el color rojo de las sotanas del coro original. Ensayan semanalmente en el obispado y actúan cada domingo en la Catedral, participando en celebraciones como la Semana Santa, el Corpus Christi y la Inmaculada Concepción, donde acompañan a los tradicionales Seises.
En 2024, la Escolanía se fusionó con la Coral Pueri Cantores “María Briz”, creando la actual Escolanía Pueri Cantores de la Catedral de Guadix. Esta unión fortaleció la formación musical de los jóvenes y amplió su proyección internacional.
La coral “María Briz” ya había actuado en Notre Dame de París, San Pedro del Vaticano y junto a la Orquesta Ciudad de Granada en obras como El Mesías de Haendel o Carmina Burana de Orff.
La nueva Escolanía mantiene viva la tradición coral y espiritual de Guadix, con la misma disciplina, emoción y belleza que inspiraron a Don Carlos.