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alfarda

La alfarda es cada una de las piezas o maderos inclinados que forman la estructura de una armadura de techumbre (par y nudillo). Son los elementos que sostienen el tejado y que, en el arte mudéjar, se entrelazan mediante lacería para crear techos de una belleza matemática abrumadora.


La Alfarda: El Esqueleto del Cielo Mudéjar

alfarda

En la arquitectura tradicional andaluza, y muy especialmente en la granadina, la alfarda es el componente básico de las techumbres de madera. Mientras que en otras partes de Europa los tejados se ocultaban o eran meramente funcionales, en Andalucía la estructura se dejaba a la vista y se convertía en una obra de arte.

Técnicamente, las alfardas (también llamadas pares) se colocan por parejas, apoyándose en la parte superior sobre una viga maestra (hilera) y en la inferior sobre los muros o estribos del edificio. El conjunto de estas piezas forma lo que conocemos como una armadura. Lo que hace que la alfarda sea un término clave en el arte mudéjar es la técnica del «atado». Para evitar que las alfardas se abran por el peso de las tejas, se colocan vigas horizontales llamadas nudillos, formando una estructura en forma de «A» mayúscula.

A partir de esta base técnica, los carpinteros granadinos —auténticos maestros de la geometría— cubrían las alfardas con «taujía» (incrustaciones) o las decoraban con labores de lazo. De este modo, la alfarda deja de ser un simple madero para convertirse en parte de un engranaje visual donde las líneas parecen no tener fin, simbolizando la eternidad en el pensamiento islámico.

Enclaves destacados en la provincia de Granada

Granada es, sin duda, la capital mundial de la carpintería de lo blanco, y aquí la alfarda alcanza su máxima complejidad:

  • Palacios Nazaríes (Alhambra): En salas como la de la Barca o la del Mexuar, las alfardas forman estructuras de una sofisticación increíble, alternando maderas policromadas con trabajos de lazo que ocultan la estructura portante.
  • Corral del Carbón: En su pórtico de entrada, se pueden observar las alfardas que sostienen el techado, mostrando la robustez de la madera de pino utilizada en las construcciones civiles y comerciales del siglo XIV.
  • Iglesia de San Gil y Santa Ana: Un ejemplo magnífico de cómo el arte mudéjar pervivió tras la Reconquista. Su armadura de par y nudillo permite ver la sucesión de alfardas perfectamente alineadas y decoradas.
  • Monasterio de San Jerónimo: En algunas de sus dependencias y galerías, las techumbres muestran alfardas renacentistas que, aunque cambian los motivos decorativos por casetones, mantienen la lógica estructural del par y nudillo.
  • Casa del Chapiz (Albaicín): En sus galerías interiores, las alfardas de madera de los techos son fundamentales para entender la disposición de las estancias de las casas nobiliarias moriscas.

Enclaves destacados en el resto de Andalucía

La técnica se extendió por toda la geografía andaluza, siendo el sello de identidad de iglesias y palacios:

  • Reales Alcázares de Sevilla (Salón de Embajadores): Las alfardas aquí se multiplican y se quiebran para formar la base de la impresionante cúpula o «media naranja», una de las cumbres de la carpintería de lo blanco en el mundo.
  • Sinagoga de Córdoba: En la parte superior de sus muros, los restos de las techumbres dejan adivinar cómo las alfardas se integraban con las yeserías para crear un espacio de oración íntimo y elevado.
  • Catedral de Teruel (Aragón) y su conexión Andaluza: Aunque está fuera, se cita siempre junto a las de Córdoba y Sevilla por la similitud en el tratamiento de las alfardas decoradas, que en Andalucía vemos en templos como la Iglesia de la O en Chipiona (Cádiz).
  • Iglesia de Santa María (Utrera, Sevilla): Posee una de las techumbres mudéjares más extensas de la provincia, donde la repetición rítmica de las alfardas crea una perspectiva visual impresionante hacia el altar.
  • Palacio de los Marqueses de Viana (Córdoba): Sus salones están cubiertos por armaduras donde las alfardas se combinan con escudos heráldicos, uniendo la tradición constructiva árabe con el prestigio de la nobleza cristiana.

La alfarda es, en definitiva, el trazo de madera que sostiene el techo y eleva la vista, convirtiendo la necesidad de cobijo en un ejercicio de alta geometría.

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