
Huitrú
Una abuela y un niño Ranquel juntan ramas en el tranquilo monte pampeano. Abuela, ¿y si cortamos este árbol y listo? La abuela entre sorprendida y enojada le dijo: no mi niño, no se puede. Te voy a explicar por qué:
Hace un tiempo, había un niño igual a ti que andaba por estas tierras. Él era muy feliz en la comunidad que vivía en armonía con la naturaleza.
Pero esto no siempre era así. Su pueblo era constantemente atacado por enemigos que querían su tierra solo por codicia. Huitrú vio el dolor de su pueblo y juró que jamás volverían a estar desprotegidos.
Con el paso del tiempo, este ranquel fue creciendo y transformó todo el dolor de su pueblo en valentía y fuerza. A tal punto que se transformó en el mejor guerrero de la zona. Sí, mejor que tu padre era. Él solo tenía una misión, cuidar de los suyos.
Pero un día, llegaron muchos enemigos, ellos lo rodearon con armas de una forma muy cobarde. Entonces Huitrú no tuvo escapatoria y sus rivales se lo llevaron bien lejos.
Aquella noche, lo amarraron a un árbol mientras festejaban haberlo raptado. Pero Huitrú no iba a dejar las cosas así, logró desatarse y comenzó a correr por el monte mientras sus enemigos lo perseguían.
Sin darse cuenta, Huitrú se había adentrado a lo más profundo del monte. El guerrero ranquel ya no tenía más fuerzas. Tenía sed, estaba cansado y enredado en unos arbustos.
No podía seguir. Entonces se encomendó a su dios y le hizo un pedido. No fue que le salve la vida sino algo más importante: que siga con su trabajo, es decir, que cuide de su pueblo tal como él lo había hecho.
Dios le hizo caso. De repente la sangre que iba cayendo del cuerpo de Huitrú se adentró en la tierra en busca de saciar su sed. Su cuerpo se fue convirtiendo en un grueso tronco, de sus brazos salieron unas hermosas ramas llenas de espinas para proteger a su pueblo. Huitrú se convirtió en el árbol más majestuoso de estas tierras.
Hoy en día Huitrú nos sigue protegiendo. En el frío nos da reparo, en el calor nos da sombra, le da cobijo a los animales y alimento a nosotros. Bajo su follaje estamos seguros, escucha, aun se puede oír el latido de su corazón.
Es por eso que no se puede cortar un caldén, porque estás matando a un ancestro tuyo.
(La leyenda de Huitrú le corresponde a mi pueblo originario llamado Ranquel. El caldén es el árbol emblema de la zona de este pueblo, formando un monte muy extenso).
Autor: Genaro Fiebig
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
