Saltar al contenido
Portada » Rincones de Granada » Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    En el Padul podemos ver uno de los testimonios más singulares de la ingeniería viaria antigua de la península ibérica: las huellas de carros íbero-romanas excavadas en la roca en las laderas del Cerro de los Molinos, junto a la Laguna de Padul. Estos surcos paralelos, marcados en la piedra mediante el paso continuado de vehículos o incluso mediante una talla intencionada por parte de los propios canteros o transportistas, constituyen una evidencia excepcional del tránsito comercial entre la Vega de Granada y la costa mediterránea, especialmente hacia el entorno de la ciudad antigua de Sexi Firmum Iulium (actual Almuñécar).

    Padul se sitúa en un espacio estratégico: una depresión abierta que conecta la Vega de Granada con el Valle de Lecrín y, a través de este, con las ensenadas de la costa granadina. Ha sido históricamente un paso obligado entre la costa y el interior. El Valle de Lecrín canaliza desde épocas prehistóricas los movimientos humanos, económicos y culturales. Por ello, no sorprende que por este espacio discurriese una de las rutas más antiguas y persistentes del sureste peninsularl.

    Un corredor natural entre la Vega y el Mediterráneo

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    La presencia de la laguna obligaba a bordear sus orillas más elevadas, generando un trazado que con el tiempo se convirtió en camino consolidado. Los pueblos de la Edad del Bronce ya lo transitaban, transportando mercancías de un lado al otro de la montaña. Más tarde, durante el periodo ibérico, la ruta alcanzó su máximo uso, cuando las comunidades indígenas de Granada entablaron contacto regular con los fenicios de la costa.

    Los romanos, al reorganizar administrativamente el territorio, no hicieron sino perfeccionar lo que ya existía. La vía que unía Iliberis (Granada) con Sexi mantuvo su función durante siglos, sosteniendo un flujo continuo que perduró hasta los siglos tardorromanos.

    Un camino esculpido para guiar al carro

    Las rodadas de Padul destacan por su claridad y extensión. Se encuentran al pie del Cerro de los Molinos, donde los canteros extraían grandes bloques de piedra destinados en buena parte a la ciudad de Granada. A diferencia de las veredas o rutas de reata, el peso de estas piedras exigía el uso de carros robustos, con ruedas que, sobre terreno pedregoso, tendían a resbalar o desviarse.

    Estos canales pudieron generarse de dos modos complementarios:

    • Talla inicial por parte de canteros o transportistas, para evitar el deslizamiento lateral del carro en los tramos de roca pulida o inclinada.
    • Profundización progresiva por el desgaste, fruto del tránsito de vehículos cargados.
    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    Varias características apuntan hacia un origen funcional y planificado:

    • Encauzamiento del carro: en zonas irregulares, las rodadas actuaban como «raíles» que obligaban al vehículo a mantener una trayectoria fija.
    • Transporte de cargas pesadas: Padul fue zona de extracción de piedra de molino, cuya masa hacía imprescindible el uso de carros frente a la habitual tracción en reata.
    • Adaptación al terreno húmedo: las rodadas se sitúan por encima del nivel antiguo de la laguna, evitando las zonas inundables de estaciones más húmedas.

    La profundidad desigual de los surcos revela zonas de mayor uso y tramos donde la erosión actuó con más fuerza. El trazado, siempre en una línea ligeramente elevada respecto al nivel antiguo de la laguna, demuestra una planificación consciente: esquivar las áreas inundables y asegurar un paso estable incluso en épocas húmedas.

    Una ruta que no estaba sola

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    Aunque las huellas de Padul son las más emblemáticas del valle, forman parte de un entramado viario más amplio que vertebraba todo el Valle de Lecrín.

    En el Peñón de los Diablillos, en Restábal, existieron hasta hace pocas décadas dos caminos con rodadas similares, hoy desaparecidos tras la transformación agrícola del terreno. Allí, los carros descendían hacia el río Ízbor, enlazando con una vía que, sin duda, formaba parte del mismo itinerario hacia la costa.

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    En Cónchar, en la Viña Cándido, pervive otro tramo conocido popularmente como las “Huellas del Carro de Santiago”. Sus surcos, visibles a lo largo de casi 300 metros, parecen continuar el trayecto del Peñón de los Diablillos, aunque con interrupciones naturales donde la tierra volvió a cubrir la roca.

    Más al sur, en Saleres, se conserva uno de los conjuntos más llamativos: más de medio kilómetro de camino excavado con hasta tres tipos distintos de rodadas, indicio de que por allí circularon vehículos de diferentes anchos o de épocas variadas. El relieve del barranco, estrecho y accidentado, obligaba a avanzar de uno en uno, generando un embudo que evoca la tensión de un tránsito obligado, lento y constante.

    Este conjunto de tramos, enlazados visual y topográficamente, confirma que la de Padul no era una vía aislada, sino la pieza principal de un corredor de largo recorrido.

    Poblamiento y control del territorio

    HUMEDAL DE El PADUL
    HUMEDAL DE El PADUL

    Las vías antiguas nunca fueron simples caminos: fueron arterias que modelaron el paisaje humano. A lo largo de este corredor se alinean numerosos asentamientos —íberos, romanos y tardorromanos— que dotan de contexto a las rodadas.

    Aunque la configuración visible corresponde al periodo ibérico y romano, el corredor ya era utilizado desde épocas muy anteriores.

    • Edad del Bronce (siglos XII–X a.C.): indicios materiales en el entorno muestran que ya existía una circulación de mercancías entre la costa y el interior.
    • Periodo Protoibérico (siglo VIII a.C.): es en este momento cuando el tránsito se intensifica, coincidiendo con el contacto entre las comunidades indígenas y las factorías fenicias.
    • Periodo Ibérico Antiguo (siglos VI–V a.C.): la ruta se consolida como un eje comercial para el transporte de salazones, vino, aceite y productos agrícolas.
    • Época Romana: la vía continúa activa al menos hasta los siglos IV y V d.C., como demuestran los hallazgos cerámicos y los asentamientos tardorromanos asociados.

    El Cerro de los Molinos destaca por su continuidad de ocupación: desde el Bronce Final hasta el periodo romano. Allí se asienta un oppidum protoibérico que domina visualmente la laguna y controla estratégicamente la entrada al valle. No es casual que justo bajo sus laderas discurra la vía con huellas: camino y asentamiento son piezas de una misma lógica territorial.

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra

    En las altiplanicies del Puerto del Suspiro del Moro, el yacimiento de Los Cahíces documenta un asentamiento rural tardorromano con viviendas sencillas, dolia de almacenamiento y cerámicas características de los siglos IV y V. Su economía agraria y su situación en tierras de secano lo conectan directamente con la dinámica de explotación rural del valle.

    Los restos romanos de Dúrcal, la necrópolis de tégulas de Cozvíjar o el asentamiento tardío de La Cruz del Correo en Otura, conforman un rosario de enclaves que confirman la vitalidad económica de la zona en época romana y tardorromana. Todos ellos dependían, en mayor o menor medida, del acceso a este gran corredor natural que llevaba a Granada por un lado y al Mediterráneo por el otro.

    Una obra viva en la memoria de la piedra

    Las huellas de carro de Padul, estudiadas y revalorizadas gracias a proyectos internacionales como Cultura 2000, se han convertido en un laboratorio natural para comprender la movilidad antigua. Comparadas con las célebres “cart ruts” maltesas, permiten explorar cómo pueblos distintos resolvieron problemas similares: el transporte de carga en terrenos duros, la necesidad de guía en pendientes resbaladizas, la adaptación al medio como forma de inteligencia tecnológica.

    Otros lugares donde la piedra conserva rodadas antiguas

    Aunque Padul es único por su contexto y conservación, no está solo. En la península existen otros enclaves donde la roca conserva huellas comparables:

    Las Huellas de Carros Íbero-Romanas de Padul: Un Camino Tallado en Piedra
    • Castellar de Meca (Ayora, Valencia) – probablemente el conjunto más espectacular, con un “Camino Hondo” que parece un ferrocarril pétreo.
    • Tiermes (Soria) – ciudad rupestre celtibérica y romana donde las rodadas se aprecian en la monumental Puerta del Sol.
    • L’Ènova (Valencia) – carriladas íbero-romanas señalizadas en rutas modernas.
    • Quintana de la Serena / Castuera (Badajoz) – rodadas ligadas a antiguos trazados romanos.
    • Bajo Aragón (Zaragoza y Teruel) – varios tramos con desgaste profundo en rutas vinculadas a Caesaraugusta.
    • Diversos puntos de Galicia – las tradicionales rodeiras conservan pasos antiguos sobre roca.
    • Puerto del Pico (Ávila) – calzada romana cuyo empedrado muestra marcas de tránsito secular.

    0 0 votes
    Article Rating
    Subscribe
    Notify of
    0 Comments
    Oldest
    Newest Most Voted
    Saltar al contenido principal

    ✅ Rincones de Granada - La Guía de Granada

    © 2026 Descubre los Rincones de Fuerteventura con más encanto.

    🗺️
    Favs
    Exportar:
    📖 Términos recomendados
    Exportar:
    Los términos del glosario aparecen en azul con un icono (i). Tócalos para ver su definición. Cada día descubres 3 términos nuevos.
    👉 Ver todos los términos