En el norte de la provincia de Granada, sobre todo alrededor de Guadix, miles de familias siguen viviendo hoy en casas excavadas en la roca: fachada blanca, chimenea, todas las comodidades modernas por dentro, y completamente subterráneas. No es un decorado para turistas. Es arquitectura tradicional en uso.
Por qué aquí y no en otro sitio

La comarca de Guadix se asienta sobre margas y arcillas blandas, fáciles de excavar pero lo bastante compactas para sostener una vivienda durante generaciones. Eso resuelve el primer misterio que le surge a cualquier visitante: ¿cómo es que no se hunden? La respuesta está en la geología, no en la ingeniería. La tierra lo aguanta sola.
Lo que da sentido al segundo misterio —¿por qué vivir bajo tierra pudiendo hacerlo en superficie?— es la temperatura. Dentro de una cueva, el termómetro se queda anclado en torno a los 20 °C durante todo el año. Ni el calor brutal del verano del Altiplano ni el frío seco del invierno, uno de los más duros de Andalucía, consiguen alterar ese equilibrio. La roca actúa como un aislante perfecto que ningún material de construcción moderno iguala en eficiencia sin coste energético.

La tradición se remonta a la época de dominación musulmana , cuando los primeros pobladores berberiscos aprovecharon esta geología singular. Se consolidó después de la Reconquista, cuando parte de la población morisca desplazada se instaló en estas cuevas, y se perpetuó sencillamente porque funcionaba.
Los pueblos que visitar

Más de 2.000 casas cueva repartidas principalmente por el barrio de Santiago, con sus callejuelas entre chimeneas blancas que sobresalen del terreno como pequeños volcanes domésticos. Muchas están modernizadas por dentro y funcionan como viviendas normales; otras se han convertido en hoteles y restaurantes que se pueden visitar sin necesidad de alojarse. La mejor primera parada es el Centro de Interpretación de las Cuevas de Guadix, que recrea el interior de una casa cueva tradicional con su distribución característica: habitaciones en fila hacia el interior de la colina, profundizando según crecía la familia.
A pocos minutos de Guadix por la A-92, Purullena combina su propio barrio de cuevas con una tradición alfarera que sigue activa. Los talleres trabajan la arcilla roja de la zona, la misma que rodea las viviendas, y hay un pequeño museo-cueva que muestra cómo se organizaba la vida tradicional dentro: espacio compartido entre la familia y los animales domésticos, con la cocina como corazón de la casa.
Tiene estación de tren propia a apenas 3,6 km de Purullena y su propio núcleo de cuevas, algo más tranquilo y menos transitado que el de la capital de comarca. Una buena opción si se busca el mismo paisaje sin la concentración de turismo que tiene Guadix en temporada alta.

Hacia el este, el paisaje de badlands se vuelve todavía más intenso. Las Chimeneas de Hadas son formaciones erosionadas de gran espectacularidad que merece la pena combinar con la visita a las cuevas si se tiene el día completo. Toda la zona forma parte del Geoparque del Cuaternario, lo que significa que el paisaje que rodea los pueblos es en sí mismo parte de la visita.
Cómo visitar sin molestar

La mayoría de estas casas están habitadas. Ese es precisamente el rasgo que las hace singulares frente a cualquier recreación patrimonial: aquí la arquitectura popular no está en un museo, está en uso. Eso implica una responsabilidad básica para quien llega de fuera.
¿Te gustaría dormir en una casa cueva? Guadix y su comarca tienen alojamientos rurales excavados en la roca, con la misma temperatura constante que las viviendas tradicionales. La experiencia es tan distinta a cualquier hotel convencional que vale la pena planificar la visita solo para eso.