
El Zigüeñí (también documentado como Cigüeñí, Zigueñi o Arçigueñi) representa uno de los testimonios más singulares de la evolución del poblamiento en la Hoya de Guadix . Situado en el actual término municipal del Valle del Zalabí, este enclave constituyó una destacada alquería fortificada que funcionó como nexo estratégico entre la ciudad de Guadix y las tierras del Marquesado del Zenete.
Hoy en día, el sitio está protegido como Bien de Interés Cultural bajo la denominación de «Muralla de Zigüeñí», consolidándose como un recurso clave para comprender los sistemas de defensa y gestión del agua en el sureste peninsular.
Ubicación y Contexto Geomorfológico
La fortaleza de Zigüeñí se alza en el paraje conocido como Trance de la Virgen, ocupando una gran meseta que domina el valle del río Verde o de Guadix. Desde el punto de vista geológico, el sitio se define como un cerro testigo (una formación aislada creada por la erosión de los depósitos de la cuenca, que genera farallones de paredes abruptas y de difícil acceso).
Desde esta meseta, el poblado gozaba de una visibilidad privilegiada sobre las vías de comunicación que conectaban el sureste de la península. Hacia el norte, los barrancos del río Fardes y el río Verde ofrecían defensas naturales, mientras que hacia el sur se extendía el llano que facilitaba la conexión con núcleos como Jérez y Lanteira. Este entorno abrupto permitió que el Zigüeñí funcionara como un bastión defensivo natural antes incluso de que se levantaran sus muros de tapial (tierra compactada).
De la Prehistoria a la Antigüedad Tardía
La ocupación del cerro se remonta mucho antes de la Edad Media. Las fuentes arqueológicas confirman que fue un asentamiento prehistórico, ocupado de forma discontinua desde el Calcolítico hasta la Edad del Bronce Medio. Los restos de esta época incluyen cimientos de viviendas e indicios de inhumaciones que atestiguan una densa población primigenia, afectada por la actividad agrícola posterior.
Tras un período de abandono, el sitio fue reocupado como fortificación durante la Antigüedad Tardía (siglos V y VI d.C.). Este fenómeno de «encumbramiento» de la población fue común en la zona de Guadix durante el Bajo Imperio y el período visigodo. Las comunidades rurales buscaban refugio en lugares elevados para escapar de la inestabilidad militar y de las incursiones en la zona. La cerámica de este período hallada en superficie muestra una clara continuidad con otros asentamientos cercanos como Guadix el Viejo y el cerro del Montual.
La Época Andalusí y el Modelo de «Pueblo-Muralla»

Tras un hiato de ocupación durante el período emiral (siglos VIII-IX), el enclave resurgió con fuerza bajo el dominio nazarí (siglos XIV y XV). Fue en este momento cuando Zigüeñí se consolidó como una alquería de gran importancia, llegando a albergar a unos cien fuegos o familias en el momento de la conquista cristiana de 1489.
Lo que diferenciaba al Zigüeñí de otros castillos de la comarca era su configuración como «pueblo-muralla». El propio núcleo urbano estaba diseñado de forma defensiva: la aglomeración estaba rodeada por un anillo de casas cuyas paredes exteriores eran completamente ciegas, sirviendo de muralla perimetral. En la zona que daba hacia el llano, donde el terreno era menos abrupto y más vulnerable, el poblado contaba con una cerca de tapias. El acceso al recinto se reducía a una única puerta de entrada. Para llegar a ella, los visitantes debían ascender por un camino angosto y áspero, lo que facilitaba el control de cualquier aproximación enemiga.
Infraestructura Hidráulica y Red de Acequias

Dado que el Zigüeñí se situaba sobre una meseta árida, no disponía de fuentes de agua propias en el cerro. Para solucionar este problema crítico, se construyó un gran aljibe de una sola nave con bóveda de ladrillo. Esta cisterna se alimentaba mediante una prolongación de la acequia de Jérez, que conducía el agua desde Sierra Nevada a través de Albuñán hasta alcanzar el cerro.
Los documentos sobre aguas y tierras de los siglos XV y XVI muestran que Cigüeñí estaba plenamente integrado en el sistema de riegos de la Hoya de Guadix:
- La Acequia de Jérez: Regaba tierras de Jérez, Alcázar, Cogollos, Albuñán, Cigüeñí, Zalabí, Alcudia y parte de Guadix. Según el reparto tradicional, a Cigüeñí le correspondía el uso del agua desde el sábado al alba hasta el domingo por la tarde en una semana, y a la siguiente desde el sábado al alba hasta el domingo por la mañana. Entre el primero de abril y San Juan, el caudal se ajustaba al reparto general entre Jérez y los lugares de abajo.
- La Acequia de Centenares y de la Ciudad: Correspondían a Cigüeñí desde las vísperas hasta que se ponía el sol todos los días de la semana.
- La Acequia de la Ciudad (o del Chorrogordo): Tras regar los pagos de Cigüeñí, los habitantes soltaban el agua para que continuara su curso hacia las heredades de Guadix.
- La Acequia de Esfiliana: Compartida entre Alcudia, Esfiliana, Zalabí y Cigüeñí por turnos rotativos semanales, antes de desaguar en la acequia de Chúchar la Alta.
Economía y Producción Agraria
La base económica de la alquería combinaba los cultivos de regadío con producciones especializadas de secano y la transformación de grano. Las mediciones de tierras de la época registran la presencia de 35 aranzadas de viña en «las lindes de Cigüeñí», compartiendo espacio con las ramblas de Fiñana y Chiribaile. Esta cantidad de viñedo indica que el asentamiento participaba activamente en el comercio regional de vino.
Asimismo, la infraestructura del lugar incluía el denominado Partidor de Cigüeñí, donde se registraba un molino de dos piedras con árboles y 34 morales para la cría del gusano de seda, otra de las actividades clave de la economía mudéjar y morisca de la comarca.

Conflictos por el Agua: El Pleito de 1548
La gestión compartida de los ríos de Sierra Nevada generó tensiones constantes entre las poblaciones de la sierra y las del llano. En diciembre de 1548, se entabló un pleito de gran relevancia ante la Real Chancillería de Granada, donde los vecinos de Jérez y Alcázar cortaron el agua de la acequia para impedir que regaran los de Guadix y sus lugares subordinados, entre ellos Cigüeñí.
Los testimonios recogidos en el proceso aportan datos históricos sobre el uso de la red hidráulica. Diego el Gaitani, vecino de Alcudia, declaró que desde su juventud vio regar los pagos de Darçali, Galamar, Algayda, Cogollos, Albuñán y Cigüeñí en invierno siempre que querían, y por tandas a partir de marzo. Otro testigo, Luis de Illescas, que había sido regador durante los últimos años del Reino Nazarí y los primeros de la administración castellana, confirmó que estos derechos al agua provenían de una costumbre medieval ininterrumpida que ligaba a Cigüeñí con el resto de los núcleos del río Verde.
Estructura Administrativa y el Libro de Apeo de 1571
Tras la conquista cristiana de 1489, el asentamiento mantuvo su importancia estratégica. En la reorganización eclesiástica de la diócesis de Guadix, impulsada por el arzobispo Diego de Deza en 1505, el núcleo consolidó su posición parroquial. De hecho, tras 1492, el Zigüeñí funcionó como cabeza de parroquia, teniendo bajo su jurisdicción civil y eclesiástica a las alquerías de Esfiliana y Zalabí.
La descripción detallada del estado de la fortaleza se conserva en el Libro de Apeo de Loaisa de 1571, redactado para inventariar los bienes de la zona tras la Guerra de los Moriscos. El documento describe el poblado asentado «en lo alto de unas barranqueras» y menciona la existencia de una iglesia pequeña (la antigua mezquita adaptada al culto católico) con la puerta orientada hacia el cierzo.
En el momento de la inspección, se contabilizaron unas cincuenta casas en el recinto fortificado, aunque solo veinticinco permanecían habitables, estando el resto dañadas o destruidas a causa de los combates.
La Rebelión de 1568 y el Abandono Definitivo

Durante la Guerra de los Moriscos (1568-1571), la estructura defensiva de pueblo-muralla convirtió al Zigüeñí en un bastión de resistencia para los cristianos nuevos de la comarca. La topografía escarpada de la meseta y su acceso único dificultaban cualquier asalto directo por parte de las tropas reales.
Sin embargo, la ofensiva de la Corona española dirigida por Don Juan de Austria sofocó el levantamiento. Cuando el juez real llegó al Zigüeñí para tomar posesión de los bienes de la alquería, encontró el lugar totalmente deshabitado. El funcionario realizó el acto protocolario de asir las aldabas y el cerrojo de la puerta de la iglesia derribada como símbolo de ocupación en nombre de Felipe II.
A diferencia de otras localidades de la Hoya de Guadix, el Zigüeñí no fue repoblado con familias de cristianos viejos procedentes del norte de la península. La población morisca fue expulsada de la región y el sitio quedó abandonado. Este abandono provocó la interrupción del mantenimiento de las acequias locales, el deterioro del molino y el desuso de las viñas, transformando la antigua alquería en un despoblado histórico.
Patrimonio Actual y Conservación
En la actualidad, el paraje del Zigüeñí se presenta como una meseta donde la vegetación cubre la mayor parte de las estructuras arqueológicas. No obstante, los restos en superficie siguen siendo visibles:
| Elemento Patrimonial | Estado de Conservación | Características Técnicas |
| Aljibe | Bueno / Consolidado | Estructura de una nave con bóveda de rosca de ladrillo. |
| Muralla perimetral | Fragmentario | Lienzos de tapial de tierra observables en los flancos vulnerables de la meseta. |
| Núcleo Urbano | Subsuperficial | Cimientos y terrazas domésticas de las fases nazarí y morisca. |
Las prospecciones arqueológicas superficiales realizadas en las últimas décadas han permitido recuperar material cerámico que confirma la secuencia temporal del cerro, desde la Prehistoria hasta su final traumático en el siglo XVI. A pesar de estar protegido por la legislación de Patrimonio Histórico, el yacimiento se enfrenta al deterioro natural por erosión y a las alteraciones derivadas de la labranza en el terreno circundante.
La preservación del Zigüeñí es clave para la investigación del hábitat rural medieval en Andalucía Oriental, mostrando cómo las comunidades de la Hoya de Guadix adaptaron la arquitectura y la ingeniería hidráulica para asegurar su subsistencia en un entorno de frontera.