
Es de noche, después de cenar unos ricos frijoles y huevos con chile verde, nos reunimos en el patio de la vecindad a contar historias, son tiempos en que aún no existe la televisión de manera generalizada. Las pocas personas que las tienen, cobran una moneda de cobre de 20 centavos por verla, nosotros preferimos las reuniones en el patio. Algunos traen su cafecito en jarros, para hacer más amena la velada.
Mi padre toma la palabra: “…Mi abuelo don Jesús García, era trabajador de la hacienda Santa Rosa , una de las haciendas más grandes de la región lagunera. En cierta ocasión, él regresaba por la tarde a su jacal, después de haber cumplido con una larga jornada de 12 horas, cultivando las tierras del hacendado. Venía cansado, pero traía en su morral unos elotitos para la cena, a lo lejos, el sol empezaba a pintar de naranja las nubes, avisando con esto la próxima noche.
En eso, el abuelo escuchó un galope de caballo, el cual pasó veloz cerca de él, levantando gran polvareda. De lo rápido que iba, el viento le tiró el sombrero al jinete, mi abuelo lo recogió y se lo llevó al hombre, que se había detenido unos metros adelante. Al momento de levantar el sombrero para dárselo y mirar hacia arriba, mi abuelo se dio cuenta que el hombre no tenía cabeza. Don Jesús dio un alarido y cayó desmayado. Mas tarde lo despertó una lagartija que le caminaba sobre la frente, al incorporarse, cayó de su pecho un papel que envolvía un objeto redondo y pesado. Al abrir el envoltorio vio en el centro del papel un peso de plata pura, y en el papel, dibujado un croquis y unas palabras escritas.
Como ya escaseaba la luz y además mi abuelo no sabía leer, se guardó el peso y el papel en una bolsa del pantalón y presuroso reanudó su camino a casa.
Al llegar al jacal, ya era de noche, sus hijos ya estaban cenando a la luz de unas velas, ellos eran 3 hombres: Miguel, Chon y Santos, más una mujer, Vicenta, mi madre, la más chica de todos. En ese tiempo todos estaban solteros, aunque ya no eran unos niños.
Mi abuela doña Margarita le dijo al abuelo:
-¿Ora por qué tan tarde, te dieron faena extra?-
-Paso algo increíble, vi a un hombre sin cabeza, cabalgar a toda velocidad-. Contestó mi abuelo, con la voz temblorosa. Sus hijos voltearon a verlo, expectantes.
-Ay viejo, ya te he dicho que no le entres tan duro al peyote. Para el dolor de reumas, se mastica nomas un pedacito, tú te lo comes entero, ya ves, ahora andas viendo hasta aparecidos-.
-Aquí traigo las pruebas-. Dijo el viejo sacando de su bolsa el papel y la moneda de plata, colocándolos sobre la mesa.
Mi madre tomo con una mano la moneda de plata y dijo: – Es mucho dinero apa, ora si vamos a comer con manteca-.
Mi abuelo dijo:
-A ver Chon, tú que fuiste a la escuela, lee lo que dice el papel-.
El tío Chon extendió el papel sobre la mesa, acerco una vela y se le quedo mirando un buen rato al escrito.
-¿Que dice, ya di, no la hagas tanto de emoción-. Dijo el tío Santos.
-Si hombre, ándale-. Apuró el tío Miguel, mientras, mi mamá Vicenta seguía viendo, extasiada, la moneda.
– Bueno, se los voy a leer, así como dice:
“…En agradecimiento a su desplante, le entrego este mapa de mi tesoro. Yo vagaba en pena, buscando a alguna persona buena para darle mis bienes y creo que usted es la persona indicada, mi tesoro consiste en un costal de monedas de plata, así como la que le dejo de muestra, envuelta en este escrito. Además, hay también una olla de centenarios de oro puro. Estos metales los encontrara en una cueva del cerro de las calabazas, en el croquis le doy la ubicación exacta. La cueva está encantada, solo permitirá el paso de tres hermanos de padre y madre. Al entrar los tres, un arma que resguarda al tesoro se va a disparar y tomará la vida de uno de los hermanos, pero los otros dos podrán salir sin dificultad con todos mis bienes, para que los disfruten ya que yo no pude hacerlo…”
Es todo lo que dice, hay también un dibujo del cerro con una equis señalando el lugar donde está la cueva-. Concluyó Chon.
-Vamos, nosotros reunimos los requisitos, somos tres hermanos hombres, el tesoro es nuestro-. Dijo Miguel.
Todos los hermanos aprobaron sus palabras con júbilo. Mi abuela veía la escena pensativa.
– Pero el escrito dice que uno de los tres tiene que morir y que solo los otros dos podrán salir con ese dinero, ¿ya pensaron en eso? – dijo don Jesús.
– Que importa, es un sacrificio que bien lo vale, imaginen todo lo que podremos comprar con esa lanota, hasta una hacienda. Cualquiera de nosotros moriría con gusto sabiendo que dejará rica a la familia- Dijo el tío Santos. Todos asintieron, menos doña Margarita.
– No se hable más, mañana temprano nos vamos a buscar esa cueva- dijo Chon.
– A ver, ¿para qué carajos queremos ser ricos, para que después se anden peleando por el dinero? A mí me hacen falta todos mis hijos, no voy a perder a ninguno de ustedes nomas para que se compren lujos los que queden vivos.
Nadie va a ir a esa maldita cueva, así estamos bien, viviendo pobres pero unidos y con salud-Dice mi mamá que dijo mi abuela.
Entonces, ante la sorpresa de todos, doña Margarita agarró el papel y lo quemó en la leña de la estufa que aún ardía.
Así fue como mi abuela salvo a sus hijos de la muerte y la codicia…”
Autor: Albañil de palabras
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
