launa
Launa es una arcilla magnésica de estructura laminar y color gris plomizo, muy abundante en las zonas de esquistos de Sierra Nevada. Se utiliza tradicionalmente en la arquitectura popular andaluza como impermeabilizante para las cubiertas planas (terraos), debido a su capacidad para expandirse al mojarse y sellar cualquier grieta.
El secreto del terrao alpujarreño

Para entender la launa, hay que subir al tejado. En la Alpujarra, los tejados no tienen tejas, sino que son planos y se llaman terraos. La estructura se hace con vigas de madera, encima se pone una capa de cañas o lajas de piedra (pizarras), y sobre todo eso se extiende una capa generosa de launa.
Lo fascinante de este material es su comportamiento con la lluvia. Cuando la launa se moja, sus láminas se hinchan y se aprietan unas contra otras, formando una barrera natural que impide que el agua pase al interior de la vivienda. Es un material vivo: necesita que de vez en cuando se le pase el ruedo (un rodillo de piedra) para compactarla y mantenerla lisa. Si no se cuida, con el sol se cuartea y con la lluvia fuerte se puede lavar, por eso los vecinos de la zona siempre dicen que a un terrao hay que «quererlo» y mantenerlo.
La launa en los paisajes de Granada
Aunque su uso más famoso está en las cumbres, la launa ha sido un recurso básico en muchos puntos de la provincia:
- Capileira, Bubión y Pampaneira (Barranco del Poqueira): Aquí la launa es la reina absoluta. Estos pueblos mantienen su fisonomía original gracias a que se sigue usando este material. El color gris de los tejados contrasta con el blanco de la cal de las fachadas, creando ese dibujo de «escalera» tan típico cuando miras los pueblos desde lejos.
- Trevélez: En el pueblo más alto, la launa tiene que aguantar nevadas importantes. Aquí la capa suele ser más gruesa para que el peso de la nieve no hunda el techo pero que el aislamiento térmico sea mayor. La launa no solo quita el agua, también mantiene el calor del hogar en invierno.
- Cádiar y el interior de la Alpujarra: En las zonas más bajas de la comarca, la launa se mezcla a veces con otros materiales, pero sigue siendo la solución preferida para los cobertizos y las construcciones auxiliares por ser un material que se saca directamente de la ladera del monte, sin coste.
Presencia en el patrimonio andaluz
Fuera de Granada, la launa o materiales muy similares se han usado allí donde la geografía ha obligado a buscar soluciones locales e ingeniosas:
- Vejer de la Frontera (Cádiz): Aunque asociamos Cádiz con la teja, en algunas zonas de arquitectura muy antigua y popular se usaban arcillas similares para impermeabilizar azoteas antes de que llegara el cemento o las resinas modernas. La idea de la «azotea útil» viene de aprovechar esos espacios planos sellados con tierra.
- Las cuevas de Guadix y el Altiplano: Aunque las cuevas están excavadas, las zonas donde la chimenea sale al exterior o donde el terreno se hace más fino se suelen reforzar con launa para evitar filtraciones de agua de escorrentía que podrían arruinar la vivienda.
- Sierras de Almería: En la zona de los Filabres, donde también abundan las pizarras, la launa ha sido el complemento perfecto para sellar las cubiertas de las cortijadas más remotas, donde llevar materiales industriales era imposible.
- Arquitectura de la Axarquía (Málaga): En los pueblos blancos malagueños que lindan con Granada, todavía se pueden ver restos de esta técnica en casas viejas que no han sido reformadas con materiales modernos.
Un material sostenible por necesidad
Hoy en día se habla mucho de bioconstrucción, pero la launa es eso mismo aplicado desde hace cientos años. Es un material kilómetro cero: se extrae de la cantera del pueblo, se sube al tejado y, si algún día la casa se abandona, la launa vuelve a ser tierra sin contaminar nada.
Además de su función contra el agua, la launa tiene una propiedad térmica increíble. En verano, esa capa de arcilla evita que el sol achicharre el interior de la casa, y en invierno actúa como un acumulador de calor. Es una arquitectura que respira. El único «problema» es que exige mano de obra y conocimiento; hay que saber cuándo echarla, cómo pisarla y cómo mantenerla para que no se convierta en barro que chorree por la fachada.
Cuando pasees por un pueblo y veas a alguien subido en el terrao con un rodillo de piedra, piensa que está manteniendo vivo un sistema de ingeniería natural que ha permitido que la gente viva en las faldas de Sierra Nevada durante siglos.