
En el corazón de Caniles, presidiendo la Plaza de la Constitución junto al Ayuntamiento y el Centro Joven, se alza un pequeño templo que merece la pena conocer: la Ermita de San Sebastián.
¿Cuándo se construyó la Ermita de San Sebastián de Caniles?
Aunque diversos historiadores sitúan la erección original del templo a principios del siglo XVI, la ermita alcanzó su configuración definitiva durante las reformas del siglo XVIII. Fue en ese periodo cuando consolidó el inconfundible sello del estilo mudéjar tardío.
A finales de esa misma centuria, la ermita experimentó una profunda remodelación. La antigua iglesia de San Pedro sufrió un catastrófico derrumbe. Los canileros aprovecharon los materiales de construcción recuperados de las ruinas de San Pedro para acometer una importante remodelación en la Ermita de San Sebastián. Esta intervención permitió completar su restauración integral e instalar su actual campanario.
Historia y evolución de la Ermita de San Sebastián
La ermita se levanta sobre el antiguo emplazamiento de un cementerio musulmán.
La cristianización de los espacios públicos tras la conquista por parte de los Reyes Católicos a menudo implicaba sacralizar lugares de enterramiento y culto de la población morisca. Este es un ejemplo de ello.
La documentación histórica disponible sitúa la instauración del culto a San Sebastián en estos primeros tiempos de dominio cristiano, un periodo de profunda transformación social y espiritual en toda la comarca de Baza.
A lo largo de los siglos, los muros de la ermita han sido testigos de las más diversas funciones civiles y religiosas. Durante el siglo XIX, el templo abrió sus puertas para albergar las reuniones oficiales de las Corporaciones municipales, convirtiéndose temporalmente en el epicentro de la política local ante la falta de espacios civiles adecuados.
En periodos más sombríos, marcados por las crisis sanitarias y demográficas, los documentos custodiados en el Archivo Diocesano revelan que el edificio estuvo destinado a depósito de cadáveres.
¿Cómo es la Ermita de San Sebastián?
La fachada principal de la Ermita de San Sebastián presenta una composición sobria y simétrica que culmina en una espadaña campanario.

Visualmente, la fachada puede dividirse en tres cuerpos:
- Cuerpo inferior o portada, construido principalmente en ladrillo visto, donde se concentra la decoración arquitectónica. La portada adopta una composición clasicista con pilastras laterales de escaso relieve y un frontón triangular fragmentado que enmarca el acceso principal. El arco de entrada es de medio punto, realizado en ladrillo, y constituye el elemento de mayor protagonismo visual. A ambos lados aparecen pequeños vanos rectangulares verticales protegidos con rejería.
- Cuerpo intermedio, correspondiente al hastial encalado de la nave, muy limpio ornamentalmente y rematado por cubierta a dos aguas de teja árabe. El contraste cromático entre el blanco del paramento y el ladrillo oscuro refuerza el carácter tradicional andaluz del conjunto.
- Cuerpo superior o espadaña, también realizado en ladrillo visto, está formado por un único vano de campana con arco de medio punto y remate triangular. Sobre él se sitúa una cruz metálica de forja que enfatiza la verticalidad del eje central.
Destacan además varios elementos decorativos cerámicos integrados en la fachada.
Al traspasar la portada, situada a los pies del templo, nos encontramos con una ermita de nave única.
La nave se desarrolla longitudinalmente hacia el presbiterio mediante un espacio diáfano, sin capillas laterales ni división en tramos. Los muros aparecen completamente encalados.

Uno de los elementos más destacados es la cubierta de madera vista, realizada a dos aguas mediante una estructura de pares y tirantes de madera que queda completamente expuesta al interior.
La iluminación natural se consigue mediante óculos circulares abiertos en la parte alta de los muros laterales, cuya disposición regular favorece una entrada homogénea de luz. Bajo ellos corre una cenefa decorativa pintada que actúa como elemento de transición entre los paramentos blancos y la cubierta de madera.
El espacio litúrgico queda jerarquizado por un amplio arco toral de medio punto que separa la nave del presbiterio. Dicho arco presenta decoración pictórica geométrica y moldurada de inspiración clásica popular.
En la cabecera se sitúa el retablo mayor, de composición barroca sencilla y simétrica, enriquecido con elementos dorados y columnas laterales. En su hornacina central aparece la imagen de San Sebastián, configurándose como foco visual y devocional del interior. El altar se eleva sobre una pequeña plataforma de mármol.
Pero más allá de su valor arquitectónico, la ermita conserva también una intensa memoria devocional ligada a la imagen de San Sebastián.
El Trágico Destino de la Imagen Original
El retablo mayor, custodia hoy una réplica que encierra su propia historia. Según el inventario realizado en 1926 por don Juan Manuel Varón, la pieza era descrita como una

imagen antigua, retocada, tallada en madera y de poco mérito, colocada en el centro del altar mayor.
Tenía aproximadamente un metro de altura y contaba con una serie de ornamentos litúrgicos de gran valor devocional: un fajín de seda encarnada (que custodiaba en su casa doña Amalia García Carpio), una diadema de plata, cinco flechas que simbolizaban las saetas de su martirio y un espadín (conservado por don Antonio García). La imagen procesionaba sobre un trono calificado de «moderno, fuerte y bueno», cuyas piezas se guardaban repartidas entre las casas de destacados vecinos de la época, como don Francisco Martínez García y don Antonio García Martínez.
Al poco de estallar la Guerra Civil la escultura original de San Sebastián fue completamente destruida.
La actual imagen llegó a Caniles en 1940. Fue un generoso regalo de don Manuel Mesas Martínez, un hijo de Caniles vinculado a la Iglesia Mayor de Baza. Don Manuel desembolsó la respetable suma de 2000 pesetas de la época para encargar la nueva talla.
El traslado de la nueva escultura desde la localidad vecina se convirtió en un acontecimiento festivo. La imagen fue recibida formalmente en la Plaza Mayor de Baza y viajó hasta Caniles en lo alto de un camión descubierto.
Durante todo el trayecto por carretera, los acompañantes tiraron cohetes sin parar, llenando el aire de pólvora y júbilo. Al alcanzar el paraje conocido como la Torre, el camión se detuvo y los vecinos cargaron al santo en hombros. Desde allí llevaron al santo hasta las puertas de la iglesia parroquial, en una improvisada procesión y desde donde más tarde regresaría a su hogar natural: la ermita.
El origen del “Robo del Santo”
La tradición oral transmitida de generación en generación relata cómo una terrible epidemia de peste asoló la villa a finales del siglo XVII.
En mitad del caos y el brusco descenso poblacional los habitantes comenzaron a percibir un fenómeno inexplicable: en los alrededores del barrio donde se ubicaba la Ermita de San Sebastián, el índice de contagios era inferior al del resto de la localidad. Aquella zona parecía gozar de una extraña inmunidad.

La fe popular no tardó en buscar una explicación: no se contagiaban gracias a la presencia protectora de la imagen de San Sebastián.
Movidos por la desesperación y la esperanza, los vecinos llegaron a un acuerdo: la figura del santo saldría de su templo para realizar visitas periódicas por todas las casas de la villa.
La leyenda narra que, al llegar a una de estas viviendas, todos los miembros de la familia sanaron de forma fulminante. Viendo la efectividad de la intercesión, y movidos por el temor a recaer en las garras de la peste, los miembros de este hogar ocultaron la imagen al resto de sus conciudadanos, así se aseguraban la protección exclusiva.
Pero pronto en el pueblo descubrieron dónde estaba el santo, y un grupo de canileros asaltó la vivienda y perpetró el primer «robo» de la efigie. A partir de ese momento, la imagen comenzó a ser sustraída sucesivamente de hogar en hogar.
Cuando la epidemia finalmente remitió, el pueblo nombró a San Sebastián copatrón de Caniles, compartiendo el patronazgo oficial con San Antonio, el patrón histórico de la localidad. Se cree que esta disposición contó con el impulso histórico de los Reyes Católicos y el posterior apoyo de Felipe II y Don Juan de Austria en el marco de la pacificación y ordenación de la zona.
Cinco de la Tarde: El Ritual del “Robo»
Cada 20 de enero a las 5 de la tarde se rememora “El Robo del Santo”. Mucho antes de que comience el acto, la plaza ya se encuentra abarrotada de vecinos y visitantes, entre los que se mezclan quienes aspiran a convertirse en los nuevos “ladrones” de San Sebastián.
En el interior del templo permanecen el sacerdote y los antiguos hermanos custodios junto a la imagen del Santo y la cruz que lo representa, preparada para ser disputada por un nuevo grupo. Llegado el momento, el ladrón del año anterior sale de la iglesia portando la cruz y proclamando con fuerza: “¡Viva San Sebastián!”. Entonces, de entre la multitud irrumpen los nuevos aspirantes, desencadenándose una intensa pugna por hacerse con ella.
La contienda concluye cuando uno de los participantes consigue alzar la cruz y gritar nuevamente “¡Viva San Sebastián!”, proclamándose así nuevo custodio de la tradición. Finalizado el simbólico “robo”, la procesión continúa por las calles Nueva y San Sebastián. El paso de San Sebastián es llevado por los hermanos nuevos, mientras que el de San Antonio corresponde a los hermanos veteranos.
Tras la procesión, y ya acompañados por la imagen de San Antonio, los nuevos hermanos se reúnen para comenzar la organización de las fiestas del año siguiente, asegurando así la continuidad de una tradición profundamente arraigada en la identidad de Caniles.
Hoy, la Ermita de San Sebastián continúa siendo uno de los principales símbolos religiosos y culturales de Caniles. Su historia, ligada a la tradición popular y al célebre “Robo” del Santo, convierte a este pequeño templo en uno de los lugares con mayor valor identitario de la localidad.