
El aljibe de Polopos, también conocido como Aljibe de los Gracias, es uno de los vestigios del patrimonio rural de la Contraviesa dignos de descubrir. Situado en las inmediaciones del pueblo de Polopos este aljibe, todavía funcional, es un símbolo de la lucha por la supervivencia en un entorno agreste.
Pero antes de sumergirnos en los detalles técnicos y culturales de este aljibe, conviene entender el contexto histórico en el que se enmarca. Polopos no puede explicarse sin tener en cuenta su geografía montañosa, su estratégica cercanía al mar Mediterráneo y su pertenencia, en época andalusí , a una de las divisiones territoriales más interesantes de la región: la taha de los Ceheles, y más concretamente al llamado «pequeño Cehel» o Zueyhel.
Polopos y el Pequeño Cehel: tierra de manantiales y fronteras
Durante la Edad Media , el Reino Nazarí de Granada se organizaba territorialmente mediante un sistema de tahas o distritos. En la parte oriental de la actual provincia de Granada se encontraban los Ceheles, dos tahas diferenciadas: el Gran Cehel y el Pequeño Cehel (Zueyhel). Polopos formaba parte de esta última, una zona de montañas abruptas, encinares y valles secos, pero con un potencial agrícola notable gracias a su proximidad al mar y al uso avanzado de sistemas de captación y almacenamiento de agua.
El nombre «Ceheles» tiene un origen amazig (bereber): «čeheläs», que significa «fuente» o «manantial». Es un nombre que no puede ser más apropiado para una comarca donde la lucha por el control y aprovechamiento del agua marcó profundamente la organización social y económica.

El Pequeño Cehel limitaba al poniente con las sierras de Jubilein y al levante con la tierra de Adra, quedando al sur bañado por el mar Mediterráneo y al norte flanqueado por las tahas de Ferreira, Juviles y Ugíjar. A pesar de las amenazas constantes de corsarios y piratas berberiscos que asolaban la costa, la región prosperó gracias a una economía basada en la agricultura de secano y en un complejo sistema de irrigación heredado del mundo islámico.
El legado andalusí y la importancia del agua
Durante el periodo andalusí, los habitantes de Polopos y su entorno desarrollaron un ingenioso sistema de aprovechamiento hídrico. La escasez de fuentes permanentes obligó a construir estructuras como acequias, norias, albercas y aljibes. Estos últimos eran esenciales para almacenar el agua de lluvia y garantizar el suministro para consumo humano, el riego de cultivos y el mantenimiento del ganado.
El Aljibe de Polopos es uno de los pocos ejemplos que han llegado a nuestros días en buen estado de conservación. Su arquitectura sencilla y funcional responde a los principios de la ingeniería rural islámica: una estructura semienterrada, con paredes enlucidas y cubierta abovedada, capaz de mantener el agua fresca durante largos periodos. El aljibe recoge el agua de lluvia canalizada.

Los aljibes construidos en los entornos agrícolas durante la dominación musulmana eran de tipo cisterna. Se caracterizaban por su forma alargada y planta rectangular, con una bóveda que sobresalía del terreno. Estas estructuras, de gran capacidad de almacenamiento, acumulaban agua tanto para el consumo humano como animal, siendo fundamentales para el desarrollo de las alquerías musulmanas. Su ubicación solía ser cercana a los lugares de captación de las corrientes de agua.
El proceso de construcción de los aljibes de cisterna en el medio rural seguía una serie de pasos: en primer lugar, se excavaba un gran hoyo en el suelo, alcanzando la profundidad necesaria para los cimientos. Luego, se levantaban los muros con mampostería de piedras locales, unidas con mortero de argamasa, hasta llegar a la superficie. Posteriormente, se erigía la cobertura en forma de una bóveda de medio cañón. Para ello, se utilizaba un molde de madera con forma de arco de medio punto, sobre el cual se encajaban las piedras, unidas nuevamente con argamasa. Finalmente, el aljibe se enlucía, tanto en el interior como en el exterior, con mortero de cal o yeso.

De la Reconquista al siglo XVIII: transformación agrícola y repoblación
La conquista cristiana del Reino de Granada en 1492 supuso una profunda reorganización territorial y social. Polopos pasó entonces a integrarse en el nuevo Señorío de Albuñol. La posterior expulsión de los moriscos en 1570 provocó el abandono de muchas alquerías andalusíes. Sin embargo, las infraestructuras hidráulicas construidas durante el periodo islámico no solo se conservaron, sino que continuaron en uso gracias a los nuevos repobladores cristianos.
Durante los siglos siguientes, la economía de Polopos se orientó decididamente hacia la viticultura. La vid, bien adaptada a las condiciones secas de la Contraviesa, se convirtió en el cultivo predominante, acompañada por el almendro y la higuera. Estos cultivos no solo definieron el paisaje en terrazas característico de la región, sino que también moldearon su economía y su cultura.
El temor a incursiones marítimas motivó la construcción de una red de fortificaciones a lo largo de la costa. Surgieron entonces núcleos defensivos como La Mamola, protegida por la Torre de Cautor (siglo XVI), y el Castillo de Baños (siglo XVIII), donde pronto se ubicará el Centro de Interpretación de las Defensas de la Costa Granadina.
Polopos en la actualidad: entre la memoria y el futuro
Hoy en día, Polopos conserva su esencia rural, al tiempo que despierta un interés creciente entre quienes buscan una conexión con la historia, la naturaleza y los modos de vida sostenibles. Iniciativas centradas en la recuperación del patrimonio, la promoción del enoturismo y la puesta en valor de la arquitectura popular están contribuyendo a revitalizar la zona.
El vino, producido en bodegas familiares, sigue siendo uno de los pilares de la economía local. Junto a él, el cultivo del almendro y la elaboración de productos tradicionales como los higos secos o la miel, fortalecen un modelo económico basado en la calidad, la autenticidad y el respeto por el entorno.