
¿Te gustan los castillos, la historia medieval y las rutas con vistas? Entonces tienes una visita pendiente al Castillo de Alicún, una impresionante fortaleza que, aunque hoy está en ruinas, guarda historias de batallas, fronteras y culturas.
El castillo se encuentra cerca del pequeño pueblo de Alicún de Ortega, sobre un cerro alargado a casi 800 metros de altitud, junto al río Guadahortuna. Desde su cima se controlaban antiguamente los pasos hacia el valle del Fardes, en una zona clave de la frontera entre los reinos nazaríes y cristianos.
Este baluarte es un ejemplo notable de fortificación medieval. Su historia refleja la tensión constante entre cristianos y
árabes
. Esta tensión marcó las tierras fronterizas durante los últimos siglos de la
Edad Media
.
Aunque quedan pocos restos, se conservan los suficientes para permitir el estudio de su evolución y su función estratégica.

¿Dónde está el Castillo de Alicún?
El castillo se encuentra a unos 1.400 metros, al sureste, del núcleo urbano del pueblo de Alicún de Ortega. Se asientasobre un cerro alargado que tiene forma de barco, en el margen derecho del río Guadahortuna.
El cerro, a una altitud aproximada es de 786 metros sobre el nivel del mar, está rodeado por varias ramblas: la Primera, la Última y la de Enmedio.
Estas ramblas lo aíslan del entorno y refuerzan su carácter defensivo.
El cerro, típico del altiplano granadino , está formado por margas, con zonas blandas y grietas pronunciadas.
Desde su cima se domina el paso entre Jaén y la depresión de Guadix-Baza.
Este lugar permitía vigilar caminos y controlar el acceso al valle del Fardes.
También protegía la vía hacia el Guadiana Menor, río clave en la zona oriental de Granada.
Por todo ello, el cerro fue un enclave militar de gran valor estratégico.
Contexto histórico

El castillo de Alicún aparece citado en diversas fuentes históricas desde la Alta Edad Media. Ya en el siglo X, la fortaleza existía, y así lo confirma la crónica musulmana Al-Mugtabis III. En ella se relata un episodio en el que tropas leales a Ibn Abi ‘Abda tomaron el castillo tras un breve combate; expulsaron a los partidarios de un rival político y repoblaron el lugar con árabes y bereberes, fortificándolo después. Este relato no solo demuestra su existencia en aquella época, sino también su importancia dentro del sistema defensivo musulmán.
En el siglo XII, el castillo vuelve a mencionarse. Aparece vinculado al paso del rey cristiano Alfonso I «el Batallador», quien, en una de sus campañas, cruzó las tierras jienenses y accitanas. El itinerario seguido por el rey incluía Alicún, lo que confirma la relevancia del enclave en los caminos militares que unían el norte con el sur del territorio andalusí.

Sin embargo, el periodo de mayor protagonismo para el castillo llegó en el siglo XIV, durante la época nazarí. En ese tiempo, la frontera entre el Reino de Granada y Castilla estaba más activa que nunca. Alicún se convirtió en bastión defensivo ante la amenaza constante de incursiones cristianas. Esta situación se agravó tras la batalla de las Peñas Bermejas, ocurrida en 1315, que marcó el inicio de una guerra de desgaste prolongada entre ambos reinos. La zona, por su localización estratégica, se transformó en una franja inestable, siempre en alerta, y el castillo reforzó su papel como punto de vigilancia y defensa.
Durante la segunda mitad del siglo XV, el castillo fue escenario de nuevos episodios bélicos. En 1462, aún estaba en manos musulmanas, pero en 1464 fue tomado por las fuerzas cristianas. El capitán Hernando de Villafañe logró su conquista, y pronto lo entregó al rey Enrique IV. Este, a su vez, se lo cedió al Condestable don Miguel Lucas de Iranzo, uno de los personajes clave en la defensa castellana del reino de Jaén. Iranzo utilizó el castillo como base avanzada para sus campañas, según narran detalladamente las crónicas de la época.

En 1467, todavía se organizaban expediciones para abastecer la fortaleza. Esto demuestra que el castillo seguía operativo y mantenía guarnición activa. No obstante, con la caída de Guadix y el control definitivo de la hoya accitana por parte de los cristianos, la posición de Alicún perdió valor. La frontera se había desplazado, y la fortaleza, que antes vigilaba un paso vital, quedó relegada. Abandonada por falta de uso, su papel militar llegó a su fin.
Finalmente, en 1498, los Reyes Católicos ordenaron su derribo parcial. Esta medida afectó a otras muchas fortalezas del reino de Granada, que ya no eran necesarias en el nuevo contexto de un reino unificado. Así concluyó la vida militar del castillo de Alicún, que durante siglos había sido centinela de un territorio en permanente conflicto.
Función en la red defensiva del Reino Nazarí
El castillo de Alicún formaba parte de una compleja red defensiva nazarí en la región de Guadix-Baza, diseñada para controlar caminos, ramblas y pasos naturales. Junto a otras fortalezas como las de Gorafe, Huélago, Guájar o Mencal, vigilaba la margen izquierda del Fardes y servía como puesto avanzado frente a incursiones cristianas desde Cazorla o Huelma.
Su alineación con otras estructuras como el castillo de Montejícar muestra que formaba parte de un sistema de torres y castillos enlazados visualmente, algo muy característico de la estrategia militar de Al-Ándalus.
¿Cómo fue el castillo de Alicún?

De la imponente e inaccesible fortaleza de Alicún aún quedan restos suficientes para imaginar su forma original. Todo indica que contaba con dos recintos diferenciados: uno militar, en la cima del cerro, y otro más amplio, posiblemente una albacara o zona habitada, que ocupaba las laderas orientadas al suroeste, sureste y noreste. En estas áreas se ha hallado abundante cerámica y tejas, lo que sugiere actividad doméstica o presencia estable de población en torno al núcleo defensivo.
El castillo se asienta sobre una meseta con paredes cortadas casi a plomo, orientada de suroeste a norte. La plataforma asciende en esa dirección, con una vaguada en el punto donde cambia levemente el trazado, lo que condicionó la organización interna del recinto.
El perímetro exterior de murallas es hoy el elemento más deteriorado, debido a la erosión de los bordes del cerro, compuesto por arenas y areniscas. Aun así, se conservan tramos de muros de mampostería, que en algunos sectores, como el frente norte, recubren completamente las paredes del cerro. Estas bases sirvieron probablemente para sostener muros de tapial y pudieron actuar como parapetos almenados, aprovechando la defensa natural del terreno.

La entrada principal se situaría en la cara oeste de la meseta, donde el desnivel es menor. Allí se conservan restos de edificaciones defensivas. En el espolón suroeste, un muro arranca de la roca, avanza hacia el sur y luego gira hacia el norte, paralelo a la meseta. Este trazado apunta a una posible barbacana, estructura destinada a reforzar la defensa de la puerta principal.
Se conservan también restos del arco de entrada, orientado al sur, con un muro lateral aún visible. Al norte del acceso, aparecen varias construcciones: destacan dos torres y estancias que pudieron funcionar como cuerpo de guardia o almacenes.
En ese mismo sector oeste, aparece un pasillo estrecho en recodo, de un metro de ancho. Este acceso indirecto, rodeado de muros de mampostería y tapial, dificultaría el avance enemigo hacia la parte alta del castillo.
Ya en la plataforma superior, en el espolón suroeste, hay escombros pertenecientes a un torreón que vigilaba la entrada y la barbacana. En dirección norte, el terreno se ensancha en una explanada donde se conserva un importante aljibe excavado en la roca, con muros de hormigón de cal. Mide 6,95 metros de largo por 3 de ancho, con 3,70 de profundidad. Aunque está parcialmente colmatado de escombros, conserva parte del brocal y del enlucido original. No se ha conservado la cubierta, posiblemente de mampostería.
Continuando hacia el noreste, el terreno desciende hacia la vaguada y aparece otro depósito rectangular excavado en la roca, que pudo tener también función de aljibe. A partir de ese punto, la pendiente asciende bruscamente hasta la zona más elevada del castillo, donde existió probablemente otro torreón, hoy reducido a un montículo de materiales de relleno.

En la subida hacia esta parte alta, por la vertiente sur, hay restos de construcciones, entre ellas un umbral y una escalera en recodo, parcialmente conservada. De ella quedan cuatro peldaños: tres en tramo curvo y uno recto. Fue construida con mampostería y conserva parte del enfoscado en los muros laterales.
Más arriba se encuentra una estructura singular: un posible pozo de noria excavado en la roca. Tiene forma rectangular (3,55 x 2,05 metros), con muros de hormigón revestidos con mortero de cal. Su base fue reforzada interiormente con ladrillos de 30 cm de espesor, y en un lado se observan restos de una galería que parece orientarse al norte, quizás como conducción de agua.

En el lado opuesto del mismo montículo, también en altura, hay otra estancia similar, con muros de hormigón forrados con ladrillo hasta una cierta altura. En su parte superior se abre una boca de salida que podría haber conectado con la galería antes mencionada.
Las laderas del cerro, especialmente en los sectores suroeste, sureste y noreste, presentan gran concentración de cerámica y tejas. Todo apunta a que en esa zona se ubicaba la población vinculada a la fortaleza, posiblemente en forma de barrio bajo fortificado, como era habitual en muchas albacaras nazaríes. La cerámica encontrada es mayoritariamente de época islámica, aunque también se han hallado fragmentos cristianos posteriores.
En conjunto, el castillo de Alicún fue una fortaleza compleja, bien adaptada al terreno, con sistemas de defensa y abastecimiento de agua que revelan un alto grado de planificación. Aunque hoy solo quedan ruinas cubiertas de vegetación, su estructura aún refleja el esfuerzo técnico, militar y humano que supuso mantener una posición avanzada en plena frontera medieval.
¿Cuándo se construyó el castillo de Alicún?

Se han identificado dos fases constructivas principales en el castillo de Alicún, cada una con técnicas características:
1. Mampostería concertada (siglos X–XI)
Utilizada en la base de las murallas exteriores, en 3 torres y en las estructuras de acceso. Está constituidas de piedras calizas unidas con mortero de cal de textura granulosa.
2. Tapial de calicanto (siglos XI–XII, y reforzado en época nazarí)
Muros fabricados con tierra apisonada mezclada con cal y piedras medianas. Este material, más ligero y económico, era típico de la arquitectura defensiva andalusí. Se conservan restos en lienzos murarios, torres y barbacanas.
También hay elementos de hormigón romano en los aljibes y algunas estructuras hidráulicas, lo que sugiere técnicas más sofisticadas para garantizar la autosuficiencia en caso de asedio.
Hallazgos y evidencias materiales
En las laderas del cerro, especialmente entre los sectores suroeste, sureste y noreste, se han encontrado restos de cerámica nazarí y castellana, lo que indica una ocupación prolongada incluso tras la conquista cristiana. La abundancia de tejas y fragmentos cerámicos sugiere que, en torno a la fortaleza, existía un núcleo de población vinculado al castillo, quizás una alquería o una albacara (zona civil protegida por el castillo).
La concentración de viviendas en la ladera noroeste, visibles gracias a muros de grandes piedras, refuerza esta hipótesis.
Estado actual
El estado de conservación del castillo es muy deficiente. Los muros se encuentran expuestos a una grave erosión por la fragilidad del terreno, y muchos se están desprendiendo. Las estructuras hidráulicas están colmatadas de tierra, y muchas zonas presentan derrumbes parciales o están cubiertas por vegetación.
La ausencia de trabajos arqueológicos sistemáticos y de consolidación pone en riesgo la pérdida total del castillo en pocos años.
Bibliografía
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