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La pequeña Lourdes escondida en Granada

    La gruta que quiso ser basílica

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    En una ciudad acostumbrada a competir en monumentalidad con la Alhambra, hay un rincón minúsculo, casi secreto, que guarda una historia tan enrevesada como conmovedora: la gruta de la Virgen de Lourdes del Barranco del Abogado. Hoy es apenas un hueco excavado en la roca, con una imagen, una verja de forja y un puñado de vecinos que la cuidan con más cariño que medios. Pero detrás de esa humildad se esconde un proyecto que, en su día, aspiró a convertirse en una de las grandes basílicas de España.

    Cuando Granada quiso tener su propia Lourdes

    Todo arranca en el ambiente de fervor religioso que sacudió Europa a finales del siglo XIX, cuando el papa Pío IX comenzó a reconocer oficialmente curaciones milagrosas atribuidas a la aparición de Lourdes. La devoción a esta advocación mariana se disparó por todo el continente, y ciudades enteras levantaron réplicas de la gruta francesa. Granada no quiso quedarse atrás.

    Todo comenzó en 1891

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    El traslado: La mañana del 25 de julio de 1891 —día de Santiago— tuvo lugar una procesión solemne que cambiaría para siempre el Barranco del Abogado. Se trasladó la imagen de Nuestra Señora de Lourdes desde la Iglesia de San Cecilio a una gruta excavada en el camino nuevo del Cementerio, a expensas del litógrafo granandino Francisco Casado. El trayecto fue encabezado por el alumnado de las escuelas del barranco, seguidos de las niñas del Colegio de Calderón y un numeroso concurso de fieles, todos cantando el rosario en procesión solemne.

    Cuando la procesión llegó a la gruta, se rezó la salve y la letanía, terminando con un discurso del párroco de San Cecilio que explicaba las apariciones de la Virgen a la Bernardita —Bernadette Soubirous de Lourdes— y exhortaba a todos al amor de la Madre de Dios. Desde ese día, el camino que antes se conocía como Barranco del Abogado pasó a llamarse oficialmente Camino de Nuestra Señora de Lourdes.

    La Cueva de los Lirios

    Pero antes de la llegada de la Virgen, este lugar tenía su historia. Los cronistas de la época escribieron:

     «La que hoy es gruta era antes conocida por la Cueva de los Lirios, pues en ella se veían flores de esta clase en gran abundancia, sin ser cultivadas».

    Era como si la naturaleza misma hubiera preparado este santuario, adornándolo con lirios salvajes que crecían entre las grietas de la piedra. No muy lejos se encontraba el Colegio de Jesús y María, una institución que recogía a los hijos de los pobres del barrio. Esta proximidad no era casual: la gruta se convertirá en una extensión del trabajo caritativo de la Iglesia hacia los más desvalidos.

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    Los sueños grandiosos de 1899-1900

    La verdadera ambición llegó a finales de 1899, cuando el arzobispo José Moreno Mazón pensó en cómo conmemorar el Año Jubilar de 1900 de manera memorable. El 29 de diciembre de 1899, reunió en un salón a lo más granado de Granada: el deán de la catedral Manuel Pesquero, el poeta José Antonio Carulla, famoso por su «Biblia en verso», los superiores de capuchinos, jesuitas y agustinos, el rector del Seminario y el banquero Manuel Rodríguez-Acosta, entre otros personajes de alcurnia y recursos.

    Sobre la mesa había dos proyectos monumentales: una cruz de hierro en lo alto del Veleta y una gran basílica dedicada a la Virgen de Lourdes en los terrenos próximos a la Alhambra, en la llanura del Perchel. La basílica no sería un santuario modesto, sino una iglesia de envergadura comparable a las grandes construcciones europeas.

    El arquitecto municipal Juan Montserrat y Vergés fue encargado de diseñar ambas obras. La basílica de Lourdes debería levantarse justo encima de la primera gruta, convirtiéndose en un hito religioso que rivalizaría con los lugares de culto más importantes de Andalucía. El banquero Gustavo Gallardo García, propietario de la famosa «casa rosa» de Marchal, se comprometió a financiarla.

    Incluso la realeza apoyaba el proyecto: la Infanta Isabel, tía del rey Alfonso XIII, concedió una limosna de 250 pesetas a la Asociación de Caridad de Nuestra Señora de Lourdes para la construcción del templo que se proyectaba en las alturas del Barranco.

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    Era un gesto simbólico pero importante, que refrendaba desde la corona el proyecto granadino.

    Pero, como suele pasar con los grandes sueños, llegó 1900, pasó el Jubileo… y no se hizo nada. Faltó el dinero que una colecta popular nunca llegó a reunir. No había suficientes donantes dispuestos a contribuir con la magnitud necesaria. Un año después el proyecto había quedado prácticamente olvidado, una más entre tantas aspiraciones grandiosas que se disuelven en la realidad. Gallardo redirigió su generosidad hacia el padre Manjón y la iglesia de Montserrat en la Avenida de Cervantes. La cruz del Veleta se convirtió en una réplica de apenas seis metros, erigida en 1903 en el Carmen de los Mártires

    De basílica a gruta: un proyecto a la baja

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    Tras el fracaso inicial, hubo que esperar hasta 1902 para que el proyecto de Lourdes resucitara, aunque esta vez con los pies más en la tierra. Un grupo de personas vinculadas a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl solicitó al Ayuntamiento la cesión de una parcela con tres cuevas en el Camino Nuevo del Cementerio, algo más abajo de la ubicación original. .

    El trámite administrativo se alargó por la inestabilidad política de la época: nada menos que tres alcaldes —Juan Ramón Lachica, Manuel Tejeiro Meléndez y Antonio Amor y Rico, que finalmente firmó la licencia— participaron en el proceso.

    Finalmente se consiguió una sola cueva —destinada a convertirse en santuario— y el terreno superior, donde se construyó un edificio de dos plantas con aulas para los niños del barrio, entonces un populoso asentamiento de cuevas sin ninguna atención escolar. La gruta, tal y como la conocemos hoy, se inauguró en 1903, con un pequeño atrio delante a modo de escenario para los oficios religiosos, imitando a pequeña escala el santuario francés de los Pirineos.

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    Para la inauguración la Asociación de Caridad adquirió una nueva imagen de Nuestra Señora de Lourdes de excelentes condiciones artísticas, obra de un escultor cuyo nombre no ha quedado registrado en la prensa. El Capellán Mayor de Reyes Católicos, Sr. Carulla, se encargó de bendecirla en la capilla de la Misericordia en la Plaza de los Lobos, permitiendo que los fieles fueran a adorarla durante todo el mes de mayo.

    Geografía y paisaje: el escenario de la fe

    La gruta se asienta en el Camino Nuevo del Cementerio, en el corazón del Barranco del Abogado, uno de los asentamientos trogloditas más antiguos de Granada. Su origen se remonta al Reino Nazarí , cuando la zona se conocía como Rabad al-Nayd y se accedía por la Puerta de la Loma. Con la expulsión de los musulmanes, se convirtió en refugio gitano. Luego, entre los siglos XVIII y XIX, nuevos habitantes —principalmente castellanos— excavaron sus propias cuevas buscando la «garrufo», un mineral de construcción que vendían en las obras de la ciudad.

    El Barranco nunca tuvo más de 4.000 habitantes. Fue un pago agrícola de los marqueses de Campotéjar hasta bien entrado el siglo XX. Su localización, aunque cercana a la Alhambra, lo mantenía geográficamente aislado, sepultado en una ladera con vistas a la Sierra, la Vega y la Ciudad, pero sin verdadera conexión con la Granada oficial y monumental.

    Los actos de caridad: el verdadero legado

    Lo más hermoso de la historia no reside en los proyectos arquitectónicos que nunca se realizaron, sino en los actos cotidianos de caridad que sí ocurrieron. El día de la procesión inaugural, una señora anónima donó ocho vestidos y ocho camisas para las niñas, y ocho camisas y calzoncillos blancos para los niños. Añadió medias, alpargatas y once medios mantones de lana. Los cronistas lo describieron así: «Era conmovedor ver los niños haraposos coger sus prendecitas».

    No fue un gesto aislado. El 2 de febrero se celebraba una comida abundante para los niños del barrio en honor de la Virgen, a la que asistían alrededor de cincuenta pequeños. Pero el acto más emotivo ocurría el 16 de julio. En esa fecha, «bajaban estrenando sus ropitas gran número de niños, en imitación a la Bernardita, y en memoria de la última aparición de la Virgen a la niña». Era una procesión infantil donde los pequeños lucían ropa nueva y limpia mientras imitaban los gestos de la joven mística francesa. Era una manera de conectar la santidad de Lourdes con la realidad miserable del Barranco.

    La pequeña Lourdes escondida en Granada

    Durante más de un siglo, el Barranco del Abogado convirtió la gruta en el corazón de su vida comunitaria. Cada 11 de febrero, coincidiendo con la conmemoración de la aparición de la Virgen en Lourdes, se organizaba una procesión que recorría el barrio con la imagen venerada en la gruta. En febrero de 1951, la Hoja Oficial del Lunes retrataba con precisión cómo era entonces la fiesta anual: el acto congregaba a «todo el vecindario, integrado por gentes humildes» y era organizado por los Misioneros del Corazón de María, cuyo superior, el padre Félix Gil, «dirigía una sentida plática a los fieles congregados en derredor de la Santísima Virgen

    La transformación del barrio

    La Virgen siguió recibiendo flores, velas y donativos, cuidada casi en exclusiva por los propios vecinos. En 1958 y de nuevo en 2005 la gruta y la imagen fueron restauradas por el Ayuntamiento; en esta última intervención se descubrió, curiosamente, que la talla está recubierta de hojas de panocha de maíz, un detalle que habla de las manos humildes que la han tocado a lo largo de décadas.

    La pequeña gruta del Barranco permanece hoy como un monumento a las ilusiones incumplidas y la fe popular. Donde una vez soñó Granada con erigir una basílica monumental, apenas subsiste un refugio de piedra al cuidado de vecinos que se niegan a dejar morir una devoción que sus antepasados germinaron en la ladera, lejos de la pompa oficial. La historia de la gruta es, en el fondo, la historia de un barrio que hizo suya una Virgen, y de una Virgen que encontró, en las grietas de una ciudad olvidadiza, su verdadero hogar.

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