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Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    Imagina una fortaleza en lo alto de un peñón, rodeada por ríos, alquerías perdidas y montañas que parecen haber guardado silencio durante siglos. Bienvenidos a Escariantes, el castillejo que lo tiene todo para enamorar a los amantes de la historia… y que sin embargo, casi nadie conoce.

    Un viaje al corazón de la Alpujarra olvidada

    Para encontrar el castillejo de Escariantes tienes que dejarte llevar por el encanto de los paisajes de la Alpujarra. En concreto, nos movemos al límite entre las provincias de Granada y Almería, en la confluencia de los ríos Ugíjar y Lucainena. A un lado, el municipio de Ugíjar. Al otro, Lucainena. 

    Escariantes se ubica sobre un escarpe rocoso, como si quisiera espiar desde lo alto lo que ocurre a su alrededor. La fortaleza, con orientación noroeste-sureste, domina los pasos naturales desde la costa hacia el interior de la Alpujarra . En sus días de gloria, este lugar no solo vigilaba, sino que controlaba. Y mucho.

    Aškarayātiš, el nombre que lo empezó todo

    Antes de que nos adelantemos, pongámonos en contexto. El castillejo de Escariantes es mencionado en fuentes árabes medievales como Aškarayātiš, un nombre que evoca exotismo, pero que también nos conecta con las luchas de poder que sacudieron Al-Ándalus .

    Allá por el siglo VIII, en tiempos del emir Hišām I, dos antepasados del geógrafo andalusí al-Uḏrī se rebelaron en esta fortaleza, en apoyo a Abu Ayyub, hermano del emir. Esta rebelión tuvo como escenario Escariantes, que acogió a otros árabes disidentes bajo su bandera. Ya entonces, este castillo era algo más que un montón de piedras: era símbolo de resistencia .

    Ibn al-Jatib, al-Idrīsī y otros cronistas que lo vieron claro

    Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    Más adelante, en el siglo XII, el famoso geógrafo al-Idrīsī lo ubicó a dieciocho millas de Berja. Luego, en el siglo XIII, el poeta y jurista Ibn al-Muraḥḥal fue nombrado cadí (juez) de la fortaleza. No hablamos de una fortificación cualquiera, sino de una sede de poder jurídico y militar.

    Aunque tras el siglo XIII el castillejo desaparece de los grandes textos, los vestigios materiales y arqueológicos siguen hablándonos de su pasado glorioso.

    Un paisaje para quedarse sin palabras

    La ubicación de Escariantes no es casual. Desde su cerro, podía controlar visualmente el paso entre la costa y la Alpujarra central, una ruta fundamental en la Edad Media. Hoy, esa vía ha sido reemplazada por la carretera AL-6400, pero el espíritu de los antiguos viajeros todavía flota en el ambiente .

    La visibilidad desde la fortaleza es impresionante. A corta distancia (3 km), cubre un 23% del territorio, permitiendo observar las alquerías vecinas como Lucainena y Darrícal. En distancias más largas, alcanza incluso a ver Yegen y el fuerte de Juviles a 16 km. Toda una red de miradas estratégicas.

    ¿Cómo era el Castillejo de Escariantes?

    Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    Levantar una fortaleza no es tarea de un día. Mucho menos cuando hablamos de un castillo como el de Escariantes, que vivió transformaciones, reformas y ampliaciones a lo largo de varios siglos. Este baluarte creció al ritmo de las guerras, las alianzas y los cambios de poder.

    Fase I: el nacimiento (siglo VIII – época emiral)

    “Un castillo nace entre tierra, piedras… y rebelión.”

    Todo comenzó en un momento turbulento del Emirato de Córdoba. Corría el siglo VIII y las Alpujarras eran aún tierras de frontera, lejanas al control directo del poder omeya. Fue en este contexto donde se levantaron las primeras defensas de Escariantes.

    En esta primera fase se construyó un recinto exterior con muros hechos de mampostería en seco (piedras colocadas sin apenas labrar, unidas con tierra), sobre los que se alzaban tapiales de barro. Un sistema humilde, sí, pero rápido de ejecutar y muy común en fortificaciones rurales andalusíes.

    Dos torres protegían el flanco noreste, vigilando los caminos que venían desde la costa. No eran torres altas ni sofisticadas, pero sí suficientes para resistir incursiones y afirmar el control del territorio. Así nacía el castillo de Escariantes: como un bastión local, probablemente construido por manos campesinas, defendiendo su comunidad.

    Fase II: el refuerzo califal (siglo X)

    “Cuando el poder central puso sus ojos en Escariantes.”

    Pasaron los años, y con ellos creció el alcance del Califato de Córdoba. La necesidad de reforzar las defensas de las regiones periféricas llevó a una campaña de reparaciones.

    En Escariantes, los muros empezaron a mostrar signos de desgaste, y el califato intervino. En esta fase, se repararon y consolidaron las murallas con mampostería trabada con mortero de yeso.

    Fue una fase más de mantenimiento que de ampliación, pero muestra algo importante: Escariantes ya no era solo un bastión local, sino un punto que interesaba a Córdoba. Había entrado en la agenda del poder.

    Fase III: esplendor zirí (siglo XI)

    “Cal y canto para resistir: Escariantes entra en la élite.”

    Y entonces llegó el gran momento. En el siglo XI, bajo dominio zirí, Escariantes vivió su reforma más ambiciosa. Ya no bastaba con parches y reparaciones. Había que modernizar.

    Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    Las antiguas murallas de tierra fueron reforzadas con tapial de calicanto: una técnica de construcción que implicaba levantar muros con un encofrado de madera y una mezcla de cal, grava y arena. El resultado era una muralla fuerte, resistente, imponente, digna de los castillos del Estado.

    Esta fase marca el paso de Escariantes de castillejo rural a fortaleza con aspiraciones. La calidad de los materiales y la mano de obra especializada nos hablan de una intervención promovida desde el poder central zirí, probablemente para consolidar el control sobre la ruta entre la costa de Adra y la Alpujarra granadina.

    Durante esta fase, también se reorganizó el interior del castillo: espacios de almacenamiento, aljibes, habitaciones. Escariantes se preparaba para resistir asedios… y para vivir dentro.

    Fase IV: los últimos retoques almorávides (siglo XII)

    “Reparar lo que se cae, mantener lo que aún sirve.”

    Bajo dominio almorávide, Escariantes no recibió grandes ampliaciones, pero sí cuidados. Se reforzaron puntos concretos con técnicas similares a las anteriores, reutilizando materiales. Algunos tapiales se reconstruyeron, otros se remataron con capas de yeso y cal.

    La fortaleza seguía funcionando, pero el esplendor de la época zirí ya era pasado. Escariantes empezaba a envejecer con dignidad.

    Fase V: la calma antes del abandono (siglo XIII – XIV)

    “El castillo mira al vacío… y se queda solo.”

    En la última fase de su vida activa, el castillo aún mantenía parte de su recinto superior operativo. Quizás una pequeña guarnición lo ocupaba, como punto de observación o refugio.

    No se documentan reformas importantes. Las estructuras existentes se usaban “tal cual”, remendadas con lo que había a mano. La comunidad que lo sostenía ya no estaba. La amenaza se había desplazado. Escariantes dejaba de ser útil.

    A inicios del siglo XIV, el castillo fue abandonado. La naturaleza comenzó a recuperar lo que era suyo.

    ¿Qué queda hoy del castillejo de Escariantes?

    Aunque parezca increíble, aún se conservan restos de la fortaleza: muros de tapial y calicanto, torres con buena factura, El aljibe, bastante bien conservado, y una estructura cuadrada de piedra seca, posiblemente de época moderna.

    Escariantes: la fortaleza olvidada entre montañas, ríos… y leyendas

    También hay indicios de poblamiento en las laderas, como restos de cerámica de los siglos VIII al XI, escorias de forja e incluso una fusayola, esa pequeña pieza para hilar que tanto dice de la vida cotidiana en el pasado .

    ¿Y por qué fue abandonado?

    Esa es la gran pregunta. Todo indica que Escariantes entró en decadencia tras el siglo XIII. No vuelve a mencionarse en fuentes escritas y no se conocen reformas importantes de época nazarí. Parece que fue una fortaleza útil durante un tiempo, pero luego quedó eclipsada por otras más importantes o mejor ubicadas. Cuando llegaron los castellanos, ya estaba en ruinas .

    Un territorio sin minas ni regadíos… pero con mucha historia

    No, Escariantes no está rodeado de fértiles vegas ni de ricos yacimientos. Su entorno no tiene grandes recursos naturales, lo que hace aún más interesante su elección como punto defensivo. Aquí no se ven grandes campos de cultivo ni explotaciones mineras históricas. 

    Era un punto clave en la ruta de Adra a la Alpujarra, mencionado por al-Idrīsī en el siglo XII. Desde allí se podía ver el paso de viajeros, comerciantes y ejércitos a través de los valles del Ugíjar y Lucainena. 

    Desde Escariantes se dominaba las alquerías cercanas de Darrícal, Lucainena, y más allá, alcanzaba a ver el fuerte de Juviles a 16 km

    Desde Berja sube una vía antigua que parece llevarte de la mano hasta los pies del peñón. ¿Te imaginas a los viajeros de antaño haciendo este mismo camino? Nosotros sí, y no podemos evitar sonreír.

    ¿Vivía gente dentro?

    Sí, pero no siempre. En la fase inicial ya estaba habitado, y también se documenta un asentamiento extramuros en la ladera sur, con cerámica, restos de fusayolas para hilar e incluso molinos manuales .

    Esto nos habla de vida cotidiana: personas que hilaban, cocinaban, reparaban muros… no solo soldados en guardia. Durante el siglo XIII, la ocupación se redujo al recinto superior, probablemente con una pequeña guarnición vigilando el paso desde Berja.

    ¿Merece la pena visitar Escariantes hoy?

    Sí, pero con espíritu aventurero. No hay cartelitos turísticos ni áreas de descanso. Llegar al castillejo implica caminar, perderse un poco, y descubrir mucho. Pero precisamente ahí está su magia. No es un sitio domesticado por el turismo de masas, sino un rincón para exploradores modernos.

    Si te gusta imaginar cómo era la vida en el medievo, este sitio es una cápsula del tiempo. Cierra los ojos, escucha el viento entre las peñas y piensa en los rebeldes de Aškarayātiš alzando su estandarte.

    ¿Qué ruta hacer para visitarlo?

    El mejor acceso parte de Ugíjar o desde Lucainena, bordeando las riberas del río Ugíjar o el Lucainena. La fortaleza se encuentra a medio camino entre ambas localidades, a 1,5 km al sur de Lucainena y a 800 metros al norte de Darrícal. Sube con calma. No hay prisa. Cada paso es una postal.

    Y si tienes alma de arqueólogo, busca los restos de la calera, los muros semienterrados, o incluso alguna pieza cerámica olvidada por el tiempo. Eso sí, recuerda: ¡mirar sí, tocar no!

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