hammam
El hammam o baño árabe es el heredero directo de las termas romanas, adaptado a la escala y las necesidades rituales del mundo islámico. Cumple una triple función en Andalucía: la higiene personal, la purificación religiosa necesaria para el rezo y, sobre todo, la socialización. Se caracteriza por su estructura de salas con diferentes temperaturas, iluminadas por lucernarios estrellados.

El hammam era una pieza fundamental del urbanismo andalusí. A diferencia del modelo romano de grandes complejos monumentales, el baño árabe se multiplicó en estructuras más pequeñas y funcionales repartidas por todos los barrios de la medina. Se situaban estratégicamente cerca de las mezquitas para facilitar las abluciones antes de la oración, y cerca de las acequias para garantizar el suministro constante de agua.
Arquitectónicamente, el hammam es un edificio volcado al interior, sin apenas ventanas para mantener el calor y la privacidad. El elemento más distintivo son sus bóvedas perforadas por lucernarios en forma de estrella de ocho puntas, que permitían la salida del vapor y creaban un juego de luces casi místico. Los muros, de gran grosor, solían estar construidos con ladrillo y mortero de cal, revestidos de mármol o estuco para soportar la alta humedad.
¿Dónde visitar hammams auténticos en Granada y Andalucía?
Andalucía conserva algunos de los baños mejor preservados del mundo mediterráneo, tanto en ciudades como en entornos rurales:
- El Bañuelo (Carrera del Darro, Granada): Es uno de los baños más antiguos y mejor conservados de la península (siglo XI). Se salvó de la demolición porque se construyó una vivienda particular encima. Al entrar, se pueden recorrer sus tres salas (fría, templada y cálida) y observar las columnas con capiteles romanos y visigodos reutilizados.
- Baños Árabes de Ronda (Málaga): Considerados los mejor conservados de toda España. Destacan por su ingenioso sistema de noria para extraer agua del río y su sala de calderas. Las bóvedas de cañón con lucernarios estrellados son un prodigio de la ingeniería hidráulica y arquitectónica.
- Baños del Palacio de Comares (Alhambra, Granada): Eran los baños privados del sultán. Aquí el lujo es extremo: zócalos de azulejos, yeserías policromadas con ataurique y un sistema de calefacción por hipocausto que funcionaba como un suelo radiante medieval.
- Baños Árabes de Jaén: Situados bajo el Palacio de Villardompardo, son los más grandes que se pueden visitar en España. Sus arcos de herradura y sus dimensiones monumentales dan una idea de la importancia que tenía la higiene en las capitales andaluzas.
- Baño de la Pescadería (Córdoba): Recientemente restaurados, estos baños califales muestran la sobriedad y la potencia de la arquitectura del siglo X, con muros de piedra sillar perfectamente escuadrados.
- Baños de Churriana de la Vega (Granada): Un ejemplo de baño rural situado en plena vega granadina. Conserva su estructura original y es fundamental para entender cómo las pequeñas poblaciones agrícolas también disfrutaban de este servicio.
El recorrido del agua y el calor
La experiencia en el hammam seguía un orden lógico que hoy ha heredado la cultura del spa:
- Sala de vestuario (al-bayt al-maslaj): Donde se dejaba la ropa y se socializaba antes o después del baño.
- Sala Fría (al-bayt al-barid): Servía de tránsito y aclimatación.
- Sala Templada (al-bayt al-wastani): La más amplia, donde se pasaba la mayor parte del tiempo recibiendo masajes y conversando.
- Sala Cálida (al-bayt al-sajun): Situada junto a la caldera, donde el vapor abría los poros.
El mantenimiento de estos edificios requería una gran cantidad de leña para calentar las calderas (furnaq). Por ello, los hammams solían tener una zona de servicio trasera donde se almacenaba el combustible. En el interior, para evitar que la condensación gotease sobre los bañistas, las bóvedas tenían un perfil muy estudiado que dirigía el agua hacia las paredes.
El declive y el resurgimiento

Tras la conquista y la entrada en la Edad Moderna, el uso del hammam fue decayendo. Las autoridades cristianas los veían con sospecha por considerarlos focos de conspiración o lugares de moralidad dudosa, lo que llevó al cierre de muchos de ellos. Sin embargo, su estructura era tan sólida que muchos se reutilizaron como almacenes, panaderías o incluso viviendas, lo que permitió que llegaran hasta nuestros días.
Hoy en día, la cultura del hammam ha resurgido en Granada como un reclamo turístico y de bienestar. Aunque los establecimientos modernos son reconstrucciones, mantienen la estética del arco de herradura, las luces estrelladas y el uso de materiales tradicionales, permitiendo al visitante experimentar la paz y el silencio que definían estos templos del agua hace mil años.