
El barrio Fígares, se sitúa entre la calle Recogidas y el paseo del Violón. Su posición estratégica, próxima al centro histórico y comercial de la capital, unida a la cercanía de las principales arterias de la ciudad, han hecho que este barrio haya sido, durante un tiempo, uno de los enclaves más cotizados de Granada. Sin embargo, su origen fue algo más modesto.
Orígenes del Barrio Fígares
Desde la ocupación romana hasta los primeros años del siglo XX, lo que hoy es el barrio Fígares estaba ocupado por campos de cultivo conocidos como huertas de San Antón o huertas de Castillejo y Sancho. En el plano de 1796 de Dalmau se aprecia perfectamente esta disposición.

La prosperidad económica y el desarrollo demográfico de Granada, a principios del siglo XX, fueron los factores principales para que se acometieran una serie de transformaciones urbanas que, con el tiempo, conformarían la Granada actual.
En los años 20 del siglo XX, el régimen de Primo de Rivera impulsó la legislación de “Casas Baratas”. El Estado aportaba aproximadamente el 80% del coste total de la edificación de las viviendas. Con esta medida se pretendía dar solución al aumento poblacional de las grandes urbes, al mismo tiempo, se facilitaba a la clase obrera acceder a viviendas dignas a un precio razonable.
Al amparo de dicha legislación el arquitecto Matías Fernández Fígares proyectó, en 1925, el barrio que lleva su apellido.
A pesar de que Granada crecía y se expandía hacia la zona del Triunfo y Avenida Cervantes, se planteó un ensanche parcial de la ciudad por el lado sur, y no fue por casualidad. La esposa del arquitecto Fígares, Doña Blanca Jiménez Lopera, era propietaria de estos terrenos. De esta forma el arquitecto se convertía también en promotor.

Por cierto, Blanca Jiménez Lopera era hija de Juan Jiménez Guerrero, propietario del edificio Americano.

El barrio Fígares, se convirtió en el primer barrio de Granada donde las “Casas Baratas” hicieron acto de presencia. La construcción de este barrio fue aprobada por Real Orden del 3 de octubre de 1925 y comenzó a ser habitado en el último trimestre del año 1928.
El diseño del arquitecto Fígares estaba basado en una retícula de manzanas alargadas, con dos calles longitudinales de 17 metros de ancho, siendo la más importante la actual Alhamar , que conecta la calle San Antón con el Camino de Ronda . Sin embargo, el proyecto no fue realizado tal y como se concibió originalmente.
Fueron muchos los problemas con los que tuvo que lidiar Fígares. La calidad de los materiales empleados y la ejecución de la obra provocaron que algunos beneficiarios de las casas y los propios arquitectos municipales, Ángel Casas y Eduardo Rodríguez Bolívar, denunciaran a Matías Fernández Fígares. Este asunto le acarreó numerosas críticas por parte de la sociedad granadina, y un cierto descrédito profesional, que le hicieron renunciar a la construcción de nuevos barrios de Casas Baratas.

Fígares planificó levantar 157 viviendas de dos tipos (A y B), unas costaban 23.700 y las otras 25.000 pesetas . Todas eran unifamiliares entre medianeras, con un antejardín. Las edificaciones se realizaron en serie, casi iguales unas a otras y construidas en una sola vez.
Su adquisición resultaba accesible para la clase media trabajadora y para el obrero cualificado, pues contaba con un sistema de financiación bastante blando, no como los de ahora. Se puede decir que las “Casas Baratas” fueron la antesala de las Casas de Protección Oficial.
Cada manzana del barrio de Fígares, contaba con un patio central, subdividido en otros individuales medianeros, que correspondían a cada una de las catorce o dieciséis casas que la componen.
Las viviendas originales cuentan con dos plantas de alzada. En su fachada exterior se abren vanos de manera regular y ordenada, decoradas con alfeízares de ladrillo visto, cerrajería de forja y esgrafiados sobre los dinteles o formando cenefas bajo los amplios aleros. Una pequeña escalinata salva el desnivel de la planta baja en relación a la calle. Tras la puerta exterior se encuentra un zaguán, una segunda puerta y el vestíbulo de distribución, que conecta con la escalera. Las habitaciones se asoman a la calle o al patio trasero.
Estas casas, de las que todavía quedan en pie unas pocas, contrastaban con algunos hoteles aislados a modo de palacetes, de mayor «status» social, construidos en la encrucijada de Alhamar con Portón de Tejeiro.