
Hace unos años trabajé como guía en el cementerio de Granada, cementerio de San José. En aquellos comienzos como guía era habitual que algunas personas que nos acompañaban en la visita hicieran comentarios del tipo:
“No me puedo creer que esté visitando un cementerio”.
“¿Vamos a ver algún fantasma?”
Las visitas guiadas por cementerios históricos son una opción que, en los últimos años, ha ido ganando popularidad. Cada vez es más habitual encontrarse con un amigo que ha estado de viaje en alguna ciudad europea y comenta que, ha visitado el inmenso Pere Lachaise en París, el cementerio judío de Praga, e incluso, el curiosísimo cementerio alegre de Sapanta, en Rumanía.
Estos lugares de descanso son, en muchas ocasiones, auténticos museos al aire libre. En ellos se pueden descubrir verdaderas obras de arte escultóricas.
Por su finalidad, en estos espacios encontramos, en una cuidada armonía, varios elementos comunes: cipreses que con sus verdes agujas apuntan al cielo, sarcófagos, obeliscos, túmulos, y ángeles de piedra y mármol. También veremos una infinidad de figuras religiosas: Ecce Homos, vírgenes…
El cementerio de las Barreras, contiguo al palacio de los Alixares, data de 1805. Tras sucesivas ampliaciones y remodelaciones pasó a llamarse cementerio de San José, pues este es el santo del día del padre, pero también lo es de “la buena muerte”.
Túmulo de la familia Mirasol de la Cámara

Hoy en Rincones de Granada hemos decidido visitar una de las esculturas más bonitas del cementerio de nuestra ciudad: El túmulo de la familia Mirasol de la Cámara.
Fue terminado en mármol blanco en el año 1881, para los Mirasol de la Cámara, una importante familia granadina del siglo XIX.
Consiste en un sarcófago cuadrado y sobre él, una camilla fúnebre sobre la que reposa en el descanso eterno una joven y bella muchacha. Ésta joven yace encima de unos almohadones ricamente decorados.

El conjunto presenta un gran realismo. Muchos granadinos le han dado el sobrenombre de “la novia”. Existe la creencia popular de que, esta escultura, se cinceló en honor a una dama que murió el día de su boda. Sin embargo, esto no es más que una romántica leyenda local.
Al contemplar el túmulo, podemos admirar ricos detalles cincelados con extrema maestría. Son destacables las arrugas en las telas y ropa, la forma de los almohadones, que se adaptan al cuerpo de la joven, la forma natural de los cabellos de un cuerpo en reposo, etc.
Como objeto decorativo encontramos, en un lateral del sarcófago, puttis tallados (amorcillos alados), que sujetan guirnaldas de flores, y un medallón en el lateral opuesto.
Otro elemento decorativo de gran valor simbólico es el tocado: una corona de yedra. Recordemos que la yedra es, en la naturaleza, la planta que simboliza la inmortalidad.
Una sencilla cerca protege toda la obra.
No conocemos el nombre del autor de la escultura. Lo que sí sabemos es que esta bella durmiente es Dolores Mirasol de la Cámara, fallecida el 7 de Agosto de 1881. Era ella perteneciente al linaje de los influyentes Mirasol. Su padre fue Pedro Mirasol Contreras y su madre doña Juana de la Cámara, Noble, y su hermano Pedro Nolasco Mirasol de la Cámara, caballero y militar de la Orden de Santiago, catedrático de derecho y exitoso abogado, además de empresario.

Fue Pedro Nolasco, el hermano de Dolores Mirasol el principal impulsor de este monumento funerario. Pedro era un apasionado de la literatura clásica. Es debido a este amor por los clásicos que la dama se representa como la bella durmiente, que se encontrará impávida, durante cien años, a la espera de que un valiente príncipe la despierte con un beso. Bueno, todos conocemos esta historia, gracias a la adaptación que hizo Disney, en 1959, del popular cuento la Aurora escrito por Perrault.
Al observar esta maravillosa obra, llama fuertemente la atención la expresión plácida de la muchacha junto lo armónico de los distintos elementos. Nos preguntamos si solamente permanece dormida. Esto, tal vez beba del concepto artístico renacentista del descanso en la muerte (el ideal del somno pacis), por el que se adopta la vida en el más allá, como un tranquilo descanso.
LA LEYENDA DE LA NOVIA

Cuando trabajaba como guía en el cementerio, me gustaba dejar este túmulo para el final de la visita. Eso me permitía cerrar el paseo con una de las leyendas más bonitas del cementerio de San José. Era un buen broche final. Y es que, entre los granadinos que iban al cementerio a despedirse de familiares o colocarles flores, empezó a extenderse la creencia de que la escultura representa a una joven a la que la muerte sorprendió en su día de bodas, y por supuesto, no puede haber para ninguna joven novia un giro más triste en el destino.
De esta creencia de los granadinos fue fruto la tradición, según la cual, las jóvenes que deseen tener una feliz boda seguida de un largo matrimonio, y que ningún acontecimiento pueda despojarlas de sus románticos planes, han de ofrecer un bonito ramo de flores…
La leyenda de “La Novia” se enmarca así, junto a la “leyenda de La Dama Blanca de Castril” o la “Campana de la Vela”, entren otras, en el imaginario romántico de nuestra ciudad.
Desde rincones queremos animar a todas nuestras lectoras a que, si la diosa fortuna es generosa con ellas y llega el día en que celebren su boda, que no dejen de visitar a nuestra bella durmiente para colocar un ramito de flores.
Encontrar este bonito rincón no es difícil, pues está en el primer patio, a la derecha conforme entramos por la puerta principal.
Texto e imágenes: Tomas Frawley Segura
la verdad que es una obra de arte y si le ponemos una historia romantica ya se supera gracias por la informacion