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SALINAS DE MONTEJÍCAR Lugares con encanto

SALINAS DE MONTEJÍCAR

SALINAS DE MONTEJÍCAR

Montejícar es una localidad ideal para pasar el día recorriéndola a pie. Este tranquilo pueblo situado a poco menos de una hora de la capital granadina, justo en el límite de las provincias de Jaén y Granada, cuenta con una dilatada historia y atesora un amplio patrimonio cultural digno de conocer. Tanto en el cerro del castillo, como en el de los Allozos podemos encontrar vestigios de las antiguas civilizaciones íberas. De todo ello daremos cuenta en próximos artículos. Hoy nos hemos desplazado unos 6 kilómetros hacia Jaén, concretamente al cortijo de la Salina. Allí se localizan las Salinas de Montejícar, unas antiguas salinas de interior.

Aunque nos pueda parecer extraño, Granada contó desde hace siglos con varias salinas de interior, siendo las más conocidas las de Bácor, Loja, la Malahá, y Montejícar.

La extracción de sal en zonas alejadas de la costa, es posible, gracias a que los nacientes de agua dulce pasan por yacimientos de minerales de halita, cargándose estas aguas de cloruro sódico y otras sales, y convirtiéndose en agua salada o salmuera. 

Para encontrar el origen geológico del manantial que surte las salinas de Montejícar, hay que remontarse hasta hace unos 230 millones de años, al periodo Triásico. Por aquel entonces, en el límite costero de la Península Ibérica se desarrollaban extensas áreas endorréicas y mares someros, donde precipitaban las sales como consecuencia de unas condiciones climáticas más áridas y cálidas que las actuales. A lo largo de los milenios, en los diferentes periodos de regresión y transgresión marina, tuvo lugar la deposición de materiales arcillosos que se mezclaron con los depósitos de sal, yesos y sulfatos en general. Estos materiales son conocidos como facies Keuper. 

SALINAS DE MONTEJÍCAR

SALINAS DE MONTEJÍCAR

Hace unos 25 millones de años, los movimientos tectónicos que dieron lugar a la formación de la Cordillera Bética, hicieron que las unidades superiores se despegaran de las inferiores y se apilaran unas sobre otras. Los materiales rocosos más resistentes como son los yesos, dolomías, y areniscas, que estaban integrados en la matriz arcillosa, se fragmentaron y se desplazaron hacia dentro. 

Los niveles de yesos, solubles en agua, dieron origen a la formación de acuíferos locales cuyas descargas se producen a través de manantiales salinos como el de las Salinas de Montejícar. Las aguas salobres utilizadas en las salinas de Montejícar proceden de dos pozos cercanos situados a poca profundidad. Uno de ellos, se encuentra a media ladera, mientras el otro puede estar influenciado por el acuífero aluvial del arroyo cercano. 

La sal ha sido desde siempre un elemento fundamental para el ser humano, además, los rumiantes necesitan un aporte extra de sal, para poder realizar su proceso digestivo. Estos animales acudían a los ríos salados para alimentarse de este recurso. Una vez que el ser humano comenzó a explotar las salinas se hizo más sencillo el aporte de sal. 

SALINAS DE MONTEJÍCAR

SALINAS DE MONTEJÍCAR

El que las salinas de Montejícar se encuentren cerca de la antigua vía pecuaria del “Cordel del Salado”, y del yacimiento de la edad del cobre del Cerro de La Higuera, cuya económica estaba basada en la ganadería, hace pensar a los investigadores que la extracción de sal en Montejícar comenzó en el III milenio antes de nuestra era.

Se sabe que las salinas de Montejícar estuvieron funcionando durante la dominación musulmana. Producían sal blanca destinada al ganado y a la conservación de alimentos, abasteciendo la comarca de los Montes Orientales de Granada y al Sur de Sierra Mágina. 

Antes de la conquista castellana, y durante las épocas de paz, las reses traspasaban, sin problema, la frontera cristiano-musulmana, para abastecerse de sal. Este tránsito se hacía de manera clandestina durante los periodos de guerras.

Al contrario que pasó con las salinas más grandes del Reino de Granada, estas de Montejícar, no pasaron al monopolio de los Reyes Católicos tras la conquista cristiana. Sin embargo, aparecen en las cuentas de las rentas de las salinas de los años 1508-1509.

Las salinas de Montejícar es un conjunto dividido en dos espacios diferenciados. Uno, el más cercano al arroyo, tiene una superficie aproximada de 600 metros cuadrados. Consta de un pozo, de donde se extraía el agua salobre por medio de una polea y un caldero, y era distribuida posteriormente hacia el calentador y las catorce pozas o cocederos. El segundo espacio se localiza a unos 60 metros, ladera arriba. Dispone de unos 300 metros cuadrados y cuenta con un almacén de sal, un pozo, un calentador y seis pozas.

SALINAS DE MONTEJÍCAR

SALINAS DE MONTEJÍCAR

Las “cosechas” de sal comenzaban con el buen tiempo, en los primeros días de primavera, y se extendían hasta septiembre. Cada cosecha de sal duraba unos 20 o 30 días.

Una vez extraída el agua pasaba al calentador y desde aquí, a diferentes piletas llamadas cocederos. Los cocederos estaban divididos por tablones puestos de canto a modo de cuadrículas. En los cocederos es donde se produce la cristalización de la sal, mediante la evaporación de la salmuera. Una vez el cloruro sódico estaba cristalizado se llevaba a una casa de labor cercana, que servía de almacén, protegiendo la sal de la humedad y de las lluvias esporádicas del verano.

Las originales y antiguas salinas de Montejícar no han sido identificadas con claridad, pues en este área hay muchos cursos de agua salada y, por tanto, han debido de existir varias explotaciones a lo largo del tiempo. Aunque las salinas que podemos visitar en Montejícar son de reconstrucción reciente, acercarnos hasta ellas nos puede dar una idea de como funcionaban antaño.

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