
La Torre del Ramil se erigía sobre un prominente promontorio rocoso conocido por los lugareños como el Cerro del Castillejo. Este enclave se encuentra por encima del terreno que hoy ocupa el Pantano de Quentar, a unos 5 km al Este-Noreste de la localidad de Beas de Granada.
Desde esta estratégica posición, se tenía dominio visual del río Aguas Blancas desde su margen derecha, entre los barrancos de la Gorrinera y de Martín García. Además, ofrecía una vista directa del Castillo de Quéntar.
En la ubicación actual de la torre, se ha erigido un puesto de vigilancia forestal perteneciente al AMA.
La primitiva torre atalaya del Ramil, cuyos escasos restos dispersos por la loma aún se pueden observar en la actualidad, formaba parte desde el siglo XIV de la extensa red de fortificaciones nazaríes destinadas a vigilar los caminos del reino, particularmente aquel que unía La Peza con Granada.
Su propósito principal era la vigilancia, defensa y alerta ante posibles ataques a los pueblos cercanos.

Tras la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos, todas las fortificaciones árabes pasaron a formar parte de la jurisdicción de la Alhambra, bajo el mando del Conde de Tendilla. Aquellas fortalezas que conservaban valor estratégico y seguían en pie fueron remodeladas y ocupadas por las tropas castellanas. La Torre del Ramil no fue una excepción, y durante gran parte del siglo XVI estuvo ocupada por tres atalayeros castellanos. El alcaide del Castillo de la Peza tenía la responsabilidad de garantizar el buen funcionamiento de la torre del Ramil, disponiendo de una asignación de 3000 maravedís al mes para pagar a los atalayeros.
A continuación, se presentan dos ejemplos de registros escritos por el Conde de Tendilla en el año 1513. Los textos han sido actualizados al español contemporáneo para facilitar su comprensión.
«El once de octubre de mil quinientos trece años, el señoría de su Excelencia ordenó al jurado Francisco de Molina, receptor de este arzobispado, pagar tres mil maravedís para sufragar los salarios de los guardias de la torre del Ramil, correspondientes a un mes, que comenzó el veintiséis de septiembre y culmina el veintiséis de este mes de octubre. Que entregue los maravedís a Bernardo de Mérida, alcaide de La Peza, para su distribución entre Cristóbal de Villalta, Pedro Sánchez, Domingo de Yévenes y Antonio de Cuenca.»
Correspondencia del Conde de Tendilla: 1510-1513
«El marqués, mi señor, registró el veintiséis de junio de mil quinientos trece; a Francisco de Molina, jurado y receptor del arzobispado de Granada. Ordenó entregar tres mil maravedís a Bartolomé de Mérida, alcaide de La Peza, para su distribución entre Bartolomé de Catra, Bartolomé Serrano, Cristóbal de Villalta y Pedro Sánchez, guardias que se encuentran en la torre del Ramil, para el pago correspondiente a un mes que comenzó en dicho día veintiséis y finaliza el veintiséis de julio de este año, a razón de dos ducados por mes para cada uno.»
Correspondencia del Conde de Tendilla: 1510-1513
El alcaide de La Peza también tenía la responsabilidad de garantizar que la torre del Ramil estuviera en buen estado y realizaba las reparaciones necesarias. El Conde de Tendilla asignó 6000 maravedís para reparar las grietas que presentaba la torre.
«En este día mencionado, su Excelencia ordenó al jurado y receptor mencionados anteriormente, entregar seis mil maravedís a Bartolomé de Mérida, alcaide de La Peza, para la reparación de la torre de Ramil…»
Correspondencia del Conde de Tendilla: 1510-1513
La torre del Ramil fue completamente destruida en 1570 tras la expulsión de los moriscos, quienes se habían refugiado en Quéntar durante la segunda rebelión que comenzó en 1568.

¿Cómo era la Torre del Ramil?
No hay registros detallados sobre la apariencia exacta de la torre, pero podemos inferir que era similar a otras torres de vigilancia construidas durante los siglos XIV y XV. La torre tenía una forma circular con un desarrollo troncocónico que se elevaba hasta aproximadamente 9 metros de altura. Su construcción consistía en mampostería y grandes piedras unidas con capas generosas de cal. Su estructura constaba de dos tercios inferiores sólidos y un tercio superior hueco, donde se encontraba la estancia reservada para los vigías. El acceso a este espacio se lograba a través de una puerta-ventana situada a unos 5 metros desde la base. Una escalera, hecha de cuerdas o madera y colocada según las necesidades tácticas, permitía llegar a esta entrada. La habitación de los vigías tenía aproximadamente 2 metros de altura y estaba cubierta por una bóveda semiesférica revestida de mortero de cal. Desde este punto estratégico, los vigías tenían otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia. Esta estancia estaba conectada a la terraza por escaleras hechas con grandes mampuestos que sobresalían del muro interior. La terraza estaba protegida por un parapeto perimetral que ofrecía una vista panorámica excepcional del territorio circundante. Cuando el encargado de la torre detectaba algún peligro, emitía señales de alarma utilizando principalmente dos métodos: durante el día, mediante humo o señales luminosas, y durante la noche, con hogueras.