
Un paisaje excavado por el tiempo y por el ser humano
En el corazón de la Hoya de Guadix las cárcavas de arcilla dibujan un paisaje casi lunar y el valle del río Fardes abre un corredor natural entre sierras, se alza el cerro de Almagruz. A simple vista, el visitante percibe un terreno frágil, modelado por el viento y el agua; sin embargo, bajo esa apariencia erosionada se esconde uno de los conjuntos rupestres más singulares del sureste peninsular: las Cuevas de Almagruz, en el término municipal de Purullena (Granada).
Estas cuevas no son simples refugios excavados en la tierra. Su complejidad arquitectónica, su emplazamiento estratégico y la presencia de elementos funcionales y simbólicos permiten interpretarlas como parte de un paisaje monástico y eremítico de la Alta Edad Media . En ellas confluyen geología, arqueología, historia del cristianismo hispano y una tradición troglodítica que ha perdurado hasta la actualidad.
El marco geográfico y geológico: bad-lands y arcillas vivas
El cerro de Almagruz se inscribe en un paisaje de bad-lands o “malas tierras”, formaciones características del Cuaternario compuestas mayoritariamente por arcillas, margas y limos. Se trata de materiales blandos, fácilmente erosionables, que generan laderas abruptas, barrancos y perfiles inestables. Las lluvias escasas pero torrenciales, junto con la escasa cobertura vegetal, provocan una erosión intensa que explica tanto la espectacularidad del paisaje como la fragilidad de las estructuras excavadas.

Esta naturaleza geológica fue, paradójicamente, una ventaja y una amenaza. Por un lado, la blandura de la arcilla facilitó la excavación de espacios complejos: habitaciones rectangulares, techos planos o a dos aguas, nichos, hornacinas y arcos tallados con notable precisión. Por otro, esa misma blandura ha acelerado la pérdida de fachadas, el desplome de estancias y la deformación de los volúmenes originales, especialmente tras el abandono prolongado de las cuevas.
El análisis de las huellas de herramientas —picos, punteros, mazas— permite reconstruir los procesos de excavación y sugiere un trabajo manual prolongado. La orientación de los surcos, la profundidad de las marcas y el grado de desgaste indican distintas fases de trabajo, reparaciones y reutilizaciones a lo largo del tiempo.
Un territorio habitado desde la Prehistoria

El entorno de Almagruz no fue un espacio marginal. Muy al contrario, se trata de una zona ocupada de forma continuada desde la Prehistoria. En las inmediaciones se documentan industrias achelenses y musteriences, lo que demuestra un uso temprano de cuevas y abrigos naturales. En la parte superior del cerro se conserva un dolmen, hoy muy alterado por labores agrícolas, que apunta a la existencia de un complejo megalítico más amplio.
Durante la Edad del Bronce, el cercano yacimiento de la Cuesta del Negro evidencia una ocupación argárica con continuidad hasta el Bronce Final. En época ibérica y romana, la ribera del río Fardes se consolidó como un eje de poblamiento agrícola y de comunicaciones, vinculado a la colonia romana de Acci (Guadix).
Este trasfondo histórico convierte a Almagruz en un lugar cargado de memoria. Cuando, siglos más tarde, grupos eremíticos eligieron estas laderas para excavar sus celdas, lo hicieron en un territorio ya sacralizado por la larga relación entre el ser humano y la tierra.
El topónimo Almagruz: entre la tierra roja y el cultivo
El nombre Almagruz —documentado también como Magrú o Magruz— parece tener un origen árabe. Las propuestas etimológicas lo relacionan con al-magra (almagra o tierra roja, muy característica de la zona) o con el participio del verbo garasa, que aludiría a terreno trabajado o cultivado. Ambas interpretaciones son coherentes con el paisaje: arcillas rojizas intensamente explotadas desde antiguo.
Las primeras referencias documentales aparecen en el siglo XVI, en los libros de apeos de 1565, donde se menciona el cortijo de Almagruz como propiedad de Alonso de Pancorvo. Poco después, en 1571, las descripciones de Purullena citan explícitamente la existencia de “casas y quevas”, reflejando una convivencia normalizada entre arquitectura excavada y construida.
La torre vigía de Magrú: Almagruz en época nazarí

Coronando el cerro, sobre el cortijo, se conservan los restos de la Torre de Magrú, una atalaya nazarí construida con fines de vigilancia y control del territorio. Con algo más de cuatro metros de altura conservados, la torre formaba parte de una red visualmente conectada de torres defensivas, destinadas a alertar de incursiones castellanas durante los siglos finales de al-Ándalus.
La presencia de esta torre demuestra que Almagruz mantuvo su valor estratégico en época islámica. Sin embargo, las cuevas objeto de este artículo parecen responder a una fase anterior, previa a la invasión islámica, lo que abre un interesante diálogo entre usos religiosos, defensivos y productivos del mismo espacio.
Las Cuevas de Almagruz: distribución y características generales

El conjunto de cuevas se excava en la ladera del cerro, a distintas alturas. Muchas de ellas se sitúan a varios metros sobre el nivel original del suelo, lo que habría dificultado el acceso y aumentado su discreción. Es probable que se accediera mediante cuerdas o escaleras de madera, hoy desaparecidas.
Las estancias son reducidas: de una a tres habitaciones por cueva, con techos bajos y escasa altura libre. No se identifican claramente cocinas, chimeneas ni silos, lo que sugiere que buena parte de las actividades cotidianas se realizaban en el exterior. Las paredes aparecen ennegrecidas por el humo, fruto tanto de hogueras antiguas como de reutilizaciones posteriores por pastores y agricultores.
La erosión ha provocado la pérdida de numerosas fachadas, dejando las cuevas “seccionadas” en el perfil del cerro. Este fenómeno, visible en los grandes bloques de arcilla desprendidos, es uno de los indicadores de la antigüedad del conjunto.
Cuevas singulares: arquitectura para la vida y la muerte
Entre las cuevas documentadas destacan varias por su complejidad y singularidad.
La Cueva 3 presenta una pequeña cámara abovedada elevada sobre el suelo, con un arco tallado y dos hornacinas interiores. Por sus características, se ha interpretado como un posible arcosolio, destinado al enterramiento de un personaje relevante dentro de la comunidad. Este tipo de sepultura tiene paralelos claros en contextos monásticos de Siria y del Mediterráneo oriental.

La Cueva 5 muestra evidencias claras de reutilización doméstica hasta el siglo XX, con ampliaciones laterales para cocina y cuadras. No obstante, conserva una espectacular puerta interior con doble arco de medio punto rebajado, apoyado en rebancos tallados a modo de pilastras, un elemento arquitectónico poco común en cuevas domésticas tradicionales.

La Cueva 6 es, sin duda, la más excepcional. Se organiza en dos plantas comunicadas mediante orificios verticales y pequeñas escaleras talladas. Alberga varias estancias, algunas interpretadas como espacios sepulcrales, y un notable conjunto de columbarios: pequeños nichos cuidadosamente excavados en las paredes.

Columbarios y vida monástica: una hipótesis eremítica
La función de los columbarios ha sido objeto de estudio por varios investigadores. En Almagruz, su concentración en una cueva concreta sugiere un uso funerario o relicario. No se han localizado cementerios asociados en el exterior, lo que refuerza la idea de que los restos de los miembros de la comunidad se depositaban en estos nichos.
Este modelo encaja con lo documentado en otros eremitorios del norte y sureste peninsular, así como con la tradición monástica oriental. La organización del conjunto —cuevas próximas entre sí, pero independientes— apunta a un sistema de celdas individuales, habitadas por monjes que combinaban la oración con labores agrícolas y ganaderas en el fértil valle del Fardes.
Almagruz en una red de eremitorios

Las Cuevas de Almagruz no pueden entenderse de forma aislada. A menos de quince kilómetros se localiza un denso entramado de espacios rupestres: el cenobio de La Sacristía en el despoblado de Alares (Beas de Guadix), la Cueva del Monje, la rambla del Santo, el conjunto del Coto del Marqués o el santuario de San Torcuato en Face Retama.
Todo este territorio parece haber estado articulado en torno al obispado de Acci, configurando una auténtica geografía sagrada. Los paralelos con otros grandes focos del monacato rupestre —Capadocia, San Juan de la Peña, San Baudelio de Berlanga— refuerzan la interpretación de Almagruz como parte de un fenómeno amplio, anterior a la llegada islámica.
El abandono definitivo del conjunto pudo producirse, como muy tarde, en el siglo XII, tras las campañas de Alfonso I el Batallador en la zona de Guadix. El hundimiento de algunos techos y la inestabilidad del terreno habrían acelerado este proceso.
Trogloditismo: de la celda monástica al patrimonio vivo

La historia de Almagruz no termina en la Edad Media. El hábitat troglodita ha sido una constante en la comarca, reutilizado y adaptado durante siglos como vivienda campesina, refugio ganadero y, en la actualidad, como recurso cultural y turístico.
El Centro de Interpretación Hábitat Troglodita Almagruz representa esta continuidad. Excavado en la arcilla del acantilado, ofrece salas dedicadas a la evolución del hábitat humano, las técnicas artesanales tradicionales y las influencias bioclimáticas de la vida en cueva. Talleres, rutas y proyectos pedagógicos conectan la investigación científica con el público general.
Además, las Cuevas de Almagruz están certificadas como Alojamiento Starlight, integrándose en una oferta de turismo astronómico que aprovecha la calidad del cielo nocturno de la Hoya de Guadix.
Centro de Interpretación Almagruz
📅 Eventos y Festividades
🧭 Consejos para viajar
🚗 Transporte
Almagruz se encuentra en un entorno rural de la comarca de Guadix. La mejor forma de llegar es por la A-92, salida 288 (Purullena - Cortes y Graena).
- No hay transporte público directo.
- Es imprescindible vehículo propio.
- Parking gratuito disponible en el mismo complejo de Almagruz.
- Purullena está a solo 5 minutos en coche para servicios básicos.
- Las carreteras locales son estrechas; conducir con precaución
- Aparcar únicamente en zonas habilitadas o indicadas
- Consultar el estado de los caminos tras episodios de lluvia intensa
🛡️ Seguridad
Zona rural muy tranquila y segura.
- Lleva calzado con buen agarre si vas a caminar por las cárcavas (terreno arcilloso).
- Mantente en los senderos señalizados; el terreno puede ser inestable tras lluvias.
- Lleva agua suficiente, el ambiente es muy seco.
- No acceder a cuevas no habilitadas para la visita
- Evitar caminar por el borde de los cortados
- No tocar ni alterar estructuras excavadas
- Supervisar especialmente a menores
- Seguir siempre las indicaciones del personal o señalización
🏨 Alojamiento
La experiencia estrella es dormir en las casas cueva.
- Reserva en las Cuevas del Almagruz para una experiencia bioclimática (18-20°C todo el año).
- Verifica si tu cueva tiene cocina, suelen estar totalmente equipadas.
- Ideal para astroturismo gracias a la baja contaminación lumínica.
- Alojamientos certificados Starlight en el entorno
- Reservar con antelación en fines de semana y festivos
- Considerar alojamientos rurales para una experiencia completa
🎒 Clima de Contrastes (Geoparque de Granada)
🌤️ Información del clima
Clima de Contrastes (Geoparque de Granada). Veranos calurosos (frecuentemente por encima de 30 °C) Inviernos fríos, con heladas ocasionales
👕 Ropa
- Ropa ligera y transpirable en verano
- Prendas de abrigo en invierno y al atardecer
- Gorra o sombrero para el sol.
👟 Calzado
- Calzado cómodo y cerrado
- Preferiblemente con suela antideslizante
- Evitar sandalias o calzado inestable
🎒 Accesorios
- Agua suficiente, especialmente en meses cálidos
- Protector solar
- Mochila pequeña
- Cámara o móvil para fotografía
⚠️ El terreno es frágil y está protegido. Está prohibido excavar, arrancar materiales o modificar las cuevas. La conservación del yacimiento depende del respeto de los visitantes.