
La provincia de Granada es conocida por su rica historia y su paisaje diverso, que incluye majestuosas montañas y la hermosa costa mediterránea. Entre sus tesoros históricos se encuentra el Castillo de Huarea, una antigua fortaleza que una vez fue pieza clave en la defensa de la costa granadina. Aunque en la actualidad está oculto bajo las arenas de las ramblas de Huarea y Albuñol, su historia y legado siguen despertando la curiosidad de quienes exploran este rincón de Granada.
El Castillo de Huarea se encuentra en una colina en la margen izquierda de la desembocadura de la rambla de Huarea, en las proximidades de la CN-340. Desde esta posición se domina el anejo del Castillo de Huarea.
El castillo cerraba la ensenada de Huarea y ofrecía vistas panorámicas hacia la Rábita al oeste, e incluso hasta Castell de Ferro. También era visible desde la torre de Punta Negra.
El Castillo de Huarea es de planta semielíptica, lo que sugiere que originalmente era de forma ovalada con el frente oeste en forma circular y las fachadas norte y sur rectas. Lamentablemente, ha sufrido daños con el tiempo y en la actualidad solo conserva parcialmente su estructura, habiendo perdido gran parte de las fachadas sur y norte, y la totalidad de la fachada este.

Era una obra de mampostería, con piedras de esquisto que formaban bloques más o menos homogéneos. Aunque en la actualidad se encuentra parcialmente enfoscado en su fachada sur, se puede apreciar la argamasa utilizada, que contiene abundante arena fina y algo de cal. La altura máxima que se conserva hoy es de unos 8,50 metros.
En su diseño, el castillo tenía una estructura maciza en los dos tercios inferiores y una zona habitable en la parte superior, específicamente en la zona suroeste. Esta disposición revela la función defensiva del castillo, con una base sólida para resistir ataques y una parte superior donde los defensores podían vigilar y proteger el territorio circundante.
Podríamos decir que la torre de Huarea tiene características similares a la mayoría de las torres atalayas que jalonan la costa granadina de planta circular, de desarrollo troncocónico, con dos pisos de alzada y plataforma con parapeto de aproximadamente un metro de altura.
El acceso a la Torre del Huarea se realizaba a través de una puerta-ventana situada en alto, a unos 6,70 metros del suelo, en la cara Norte. Esta puerta-ventana estaría construida con jambas y arco de medio punto . Un pequeño pasillo cubierto por bóveda rebajada daba paso a la estancia principal. El habitáculo dispondría de una alacena, una chimenea y una ventana que miraría hacia el sur. En la cara Oeste habría un hueco por donde se subiría a la terraza superior.
Historia del castillo de Huarea

La costa granadina fue una zona estratégica para controlar la navegación y vigilar los caminos que conectaban el este y el oeste, así como hacia el norte. Por ello, alcazabas urbanas, castillos y atalayas se construyeron en puntos estratégicos para garantizar la defensa y el control del territorio.
El origen exacto de la fortaleza de Huarea se ha perdido en la niebla del tiempo. No existen registros fiables que nos den detalles precisos sobre ella, solo algunas menciones en documentos del siglo XV.
El Castillo de Huarea forma parte de un complejo sistema defensivo que se desarrolló a lo largo de diferentes períodos históricos en la costa granadina. Desde tiempos califales, se observan los primeros intentos de fortificación, pero es durante la época nazarí cuando se produjo una refortificación bien reconocible.
La fortaleza de Huarea posiblemente se levantó en época árabe sobre restos de antiguos baluartes defensivos.
Tras el fin de la reconquista por parte de los Reyes Católicos, y su interés en proseguir con las campañas militares en el norte de África, se trazaron, en 1497, las líneas generales de la defensa de la costa. Estas bases defensivas sirvieron de guía para las futuras restauraciones a lo largo del siglo XVI, y de las nuevas construcciones.
El 22 de junio de 1501 los Reyes dan una nueva instrucción para que en la torre de Huarea hubiesen 1 cabo y 2 torreros.
En el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, como consecuencia de los continuos ataques por parte de los piratas y corsarios norteafricanos, el enfrentamiento británico-español, y el contrabando de mercancías por el litoral, se replanteó la necesidad de incrementar los esfuerzos para defender la costa.
El mariscal de campo, Antonio María Bucareli y Ursúa fue quien se encargó de hacer un estudio exhaustivo de la defensa del litoral granadino. Se llevó a cabo la restauración de la mayoría de las fortificaciones existentes, y se construyeron nuevos baluartes defensivos.
Las nuevas fortificaciones serían mucho más resistentes, y estarían habilitadas para soportar una contundente artillería. En esa época se reconstruyó el castillo de Huarea quedando sepultada poco después por las continuas riadas. De hecho, cuando se produjo la gran riada de 1973 ya apenas quedaba nada de la fortaleza de Huarea.
Además del Castillo de Huarea, en la misma Rábita, se hayan dos construcciones también del siglo XVIII, una torre y un castillo.
Hoy en día, la fortaleza ya no es más que ruinas, pero su enigmática historia ha dejado un legado en la zona. La pequeña comunidad que la rodea es conocida como la cortijada de Castillo de Huarea y está vinculada al municipio de Albuñol.
El Delta Transformado
Aunque el Castillo de Huarea y sus construcciones hermanas han sobrevivido a través de los siglos, el paisaje circundante ha experimentado transformaciones significativas. En particular, el delta de las ramblas de Huarea y Albuñol han sufrido una rápida alteración en su imagen y ecosistemas en menos de medio siglo.

Desde 1973, cuando una riada asoló la zona y provocó el aumento considerable de la lengua de tierra de las ramblas, la superficie del delta ha desaparecido a simple vista. En su lugar, ahora se extiende un tapiz de plástico que cubre una sucesión de invernaderos, interrumpidos solo por edificaciones y acantilados rocosos que descienden hacia el mar.
A pesar de los cambios en su entorno, el Castillo de Huarea sigue siendo un lugar de interés histórico y natural que merece la pena descubrir.