CHORROJUMO Uno de los personajes más significativos de la Granada del siglo XIX

Mariano Fernández Santiago “Chorrojumo”

Mariano Fernández Santiago “Chorrojumo”

Recorriendo el Albaicín de camino al Sacromonte, encontramos, a mano derecha de la Cuesta del Chapiz, una singular escultura que homenajea a uno de los gitanos más conocidos de finales del siglo XIX, y que no es otro que Mariano Fernández “Chorrojumo”.

La escultura, obra del forjador Antonio Salazar, representa a Chorrojumo con semblante serio y mirando a la izquierda. Está vestido con camisa de chorreras, chalequillo gitano, fajín bajo, botas y sombrero de catite. El brazo izquierdo se encuentra flexionado, mientras, con la mano derecha sujeta una caña, símbolo de su patriarcado sobre el Sacromonte.

¿Quien era Chorrojumo?

Mariano Fernández Santiago, nació en 1824, conocido como “Chorrojumo”, fue uno de los personajes más significativos de la Granada del siglo XIX.

El apodo, fruto de la contracción de “chorro de humo”, provenía de su oficio de herrero.

Su fama vino dada en gran medida gracias al célebre pintor Mariano Fortuny. En el viaje de novios que el artista hace a Granada, en 1868, junto a su esposa, en el Sacromonte queda encandilado al ver a tres gitanos cantar mientras golpeaban el yunque con sus martillos. Uno de ellos llamó su atención por su piel oscura y le pidió que posara con una vestimenta anacrónica, un traje de gitano goyesco. A este singular gitano le gustó tanto el disfraz que se autocalificó como el “rey de los gitanos”, y en este momento fue cuando nació el mito de Chorrojumo.

El trabajo en la fragua era muy fatigoso, por lo que Mariano Fernández, vislumbró una nueva manera de ganarse la vida. Chorrojumo cambió la fragua por los alrededores de la Alhambra, y se dedicó a ganarse la vida contando historias a los turistas. Buena parte de las descripciones que daba de la fortaleza granadina provenían del libro Cuentos de la Alhambra escrito por Washington Irving.

Chorrojumo también cobraba por hacer de modelo para fotógrafos y pintores. Tenía su propia tarjeta de visita donde decía, “Príncipe de los jitanos. Modelo de Fortuny”. Además vendía postales con su retrato, vestido con atuendo tradicional, como en la imagen que se encuentra en la Casa de los Tiros.

Chorrojumo se hacía llamar, indistintamente, príncipe de los gitanos, rey de los gitanos y Señor de los bosques de la Alhambra.

Chorrojumo

Mariano Fernández Santiago, “Chorrojumo”, fue uno de los personajes más significativos de la Granada del siglo XIX

Tal fue su fama que muchos turistas venían  de lejos solo a conocerlo. A los pocos años de dedicarse a vender su imagen pasó de vivir en la cueva del Sacromonte, que lleva su nombre, a vivir en una casa al final del callejón Niño del Royo.

Este personaje murió a los 82 años, de un infarto cerebral, cuando subía por el Paseo de la Alhambra el 10 de diciembre de 1906.

A su muerte, le sucedió su hijo quien tomó tanto su nombre como su título de “rey de los gitanos”. Tras la muerte del segundo Chorrojumo, en 1947, la figura desapareció de las calles, pero no así su leyenda y su imagen. Chorrojumo era en cierta manera una imagen de marca de Granada, una atracción turística más de la ciudad. Su figura se reproduce en diversas celebraciones populares. Es uno de los cabezudos del desfile de la Tarasca, que abre las fiestas del Corpus.

En la remodelación de la placeta del Peso de la Harina de 1995 se dispuso su escultura en hierro de fragua. Ésta sufrió  vandalismo en 2001, y fue restaurada en 2010.

Entre las curiosidades que podemos contar es que hoy en día Chorrojumo sigue enseñándonos la Alhambra. No, no se crean que otro Príncipe de los Gitanos quiere reclamar su trono, como lo hicieron varios en los años 50, esta vez  es en forma de libro, ”La Alhambra se adivina”, de Manuel M. Mateo y Álvaro García Seisdedos.

La Alhambra se adivina es un itinerario didáctico por la Alhambra. Ingeniosas adivinanzas, retos y divertidas ilustraciones donde el protagonista e hilo conductor es Chorrojumo, que pone las notas de humor.

Pero una de las cuestiones que más nos han llamado la atención es encontrarlo como consejero sentimental en la copla de Manolo Reyes escrita por el compositor Rafael de León. Aquí os dejamos la copla cantada por Concha Piquer.

Manolillo Reyes, cañí mu cabal

en su vieja fragua feliz trabajaba,

y siempre cantando fundía el metal

que de los quereres pa na se acordaba.

(…)

Y Chorrojumo, el calé

más viejo de toa Graná,

en la cuestión del querer

le quiso así aconsejar:

(…)

El querer no admite leyes

en las cosas de la vía;

(…)

 

 

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