
El sol matinal acaricia las estrechas calles empedradas de Almuñécar un encantador pueblo costero de Granada. Entre la brisa marina y el aroma a salitre y a escasos metros de la escultura “Monumento a los Fenicios” se erige una peculiar escultura en el Paseo del Altillo, un lugar emblemático donde convergen historia y cultura. Esta obra de arte, que captura la esencia de la arquitectura local con su figura que simula la típica chimenea de las casas rurales de la costa granadina, es mucho más que una simple pieza de decoración urbana. Es un homenaje, un tributo sentidamente dedicado al renombrado escritor británico Laurie Lee.
Las dos cartelas que acompañan a la escultura, una de cerámica y otra de bronce, narran fragmentos de la conexión íntima entre Lee y Almuñécar.

En la primera, grabada en cerámica, resuena la voz del autor mismo, quien revela en sus propias palabras el misterio que envolvió su estancia en este rincón de Andalucía antes de la Guerra Civil española. Bajo el seudónimo de «Castillo», Lee encontró en Almuñécar el refugio perfecto para su inspiración literaria, aunque por razones políticas mantuvo en secreto el nombre real del pueblo. Es en esta declaración, datada en marzo de 1995, donde Laurie Lee desvela finalmente el verdadero nombre de su querido enclave costero: Almuñécar.
La segunda cartela, labrada en bronce y fechada el 21 de abril de 1988, lleva el sello oficial del reconocimiento. Es un gesto de gratitud por parte de los habitantes de Almuñécar hacia el escritor que, durante los años 1935-1936 y 1951-1952, hizo de su pueblo su hogar temporal. Bajo el seudónimo de «Castillo», Lee plasmó en sus obras la magia y la autenticidad de Almuñécar, eternizando sus recuerdos en la literatura.
La presencia de Laurie Lee en Almuñécar, aunque efímera en el tiempo, dejó una huella imborrable en la historia del pueblo y en el corazón de sus habitantes. Pero, ¿quién fue realmente Laurie Lee y qué relación tuvo con Almuñécar? Sumérgete con nosotros en el fascinante viaje a través de la vida y obra de este emblemático escritor británico para descubrir los secretos detrás de su idilio con este rincón de Granada
¿Quién fue Laurie Lee y que relación tuvo con Almuñécar?

Laurie Lee, nacido en 1914 en el pintoresco pueblo de Slad, fue un escritor británico que dejó una huella indeleble en la literatura con sus vivencias durante los años treinta y cincuenta en Almuñécar y Granada.
Con una sensibilidad propia de un neorromántico y cuya vida estuvo marcada por una profunda conexión con la literatura, la música y los viajes.
Lee emprendió un viaje a los diecinueve años, que lo llevaría desde su hogar en Inglaterra hasta las costas soleadas de Almuñécar, donde encontraría inspiración y aventura.
Laurie Lee llegó a Almuñécar hacia 1935, en un momento crucial antes de la victoria del Frente Popular en España. Lee se adentró en un mundo nuevo, impregnado de romance y misterio. Su obra, «Sidra con Rosie», se ha convertido en lectura obligada en los colegios británicos, destacando su estilo poético que evoca la esencia del siglo XIX.
Bajo el seudónimo de ‘Castillo’, Almuñécar se convirtió en el escenario de las vivencias de Lee, quien encontró trabajo en un hotel situado en el Paseo del Altillo. Allí, entre las olas que golpeaban las ventanas y las noches llenas de música, el joven escritor dejó su marca como un hábil «manitas» y un músico talentoso.

En sus relatos, Lee describía a los habitantes de Almuñécar con una mezcla de admiración y melancolía, destacando la dureza de la vida cotidiana y la riqueza de las tradiciones locales. Sus observaciones sobre la división política de la época, con ‘Castillo’ dividido por la mitad, revelan su profunda inmersión en la realidad española de aquel entonces.
Cuando estalla la Guerra Civil, Laurie se encuentra en Almuñécar. Fue repatriado junto a los demás miembros de la colonia inglesa gracias a la Royal Navy. El barco atracó frente a la costa sexitana y recogió a Lee, quien coincidió en aquel viaje con otro expatriado, su paisano Gerald Brenan.
Tras regresar a Inglaterra, Laurie se dedicó a cultivar su talento como artista y escritor. A pesar de su limitada educación formal, demostró ser un maestro del idioma inglés, además de un talentoso músico y poeta.

Pero no duró mucho tiempo en Inglaterra. Laurie Lee regresó a España para participar en la Guerra Civil Española como brigadista anarquista. Esto marcó un punto crucial en su vida y en su obra. A pesar de las dificultades y la desaparición de sus documentos y notas de guerra, sus experiencias quedaron plasmadas en su libro «Un momento de guerra», que suscitó debate y polémica entre sus compatriotas brigadistas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Laurie se ofreció como voluntario para el servicio militar en el Reino Unido, pero fue rechazado por motivos de salud. En su lugar, trabajó como guionista en la Unidad Cinematográfica de la Corona y en la división de publicaciones del Ministerio de Información. Su valioso aporte a la cultura británica fue reconocido con el nombramiento de MBE por su trabajo como redactor de subtítulos para el Festival de Gran Bretaña de 1951.
El amor de Lee por España lo llevó de vuelta a Granada en 1952, donde encontró la inspiración para su obra «Una rosa para el invierno». En este libro, Lee exploró la belleza y la complejidad de Granada, reflexionando sobre su historia y su cultura con una perspectiva única.

Además, realizó investigaciones sobre el asesinato de García Lorca, mostrando su compromiso con la verdad histórica y la justicia. Este trabajo le llevó a entablar amistad con Ian Gibson.
Laurie Lee falleció en 1997 en su amado pueblo de Slad, dejando un legado literario que captura la esencia de la infancia, la familia, la comunidad y los viajes en un momento de gran cambio en la historia. Su vida y obra continúan siendo recordadas y celebradas, tanto en su país natal como en España, donde su contribución a la cultura y la literatura sigue siendo apreciada.
El legado de Laurie Lee perdura en la memoria de aquellos que aprecian su habilidad para capturar la esencia de la vida y la pasión por la aventura.
En junio de 2014, Almuñécar le rindió un emotivo homenaje con la erección de un monumento en su honor, que se ha convertido en testimonio de su impacto duradero en la comunidad y en la historia de la Costa Tropical granadina. Su legado perdura como un recordatorio de la belleza y la complejidad del viaje humano.