
Forlán
Nuestro primer encuentro fue discreto: lo miré, me miró y ahí quedó la cosa. Sin embargo, mientras yo era guiado por su hogar en el tradicional ritual de bienvenida humano, al llegar al lecho de descanso, se subió de un salto y su mirada ya no mostraba ningún beneficio de duda. Era un claro desafío, un aviso a navegantes… Los siguientes días, su majestad procuraba no cruzarse conmigo o dejar que me acercara demasiado. Él en un lugar y yo en otro. Hasta el momento del incidente. Harto de la invasión extranjera, no se le ocurrió otro plan de defensa que el de orinarse en las sábanas. En el punto exacto donde dos cuerpos desnudos estaban confluyendo noche tras noche, manteniéndolo a él, el rey del lugar, al margen… Durante algunos agónicos minutos, la compañera de la criatura dejó salir un aura furiosa e intimidatoria. Lo que provocó que su alteza, se acercara a mí ofreciéndome su cabeza, para que yo la acariciara durante medio segundo escaso. Fue su forma de firmar una tregua. Que afortunadamente dura hasta hoy, y que, aunque no pareció sincera en el momento, la verdad es que cada día, se me antoja más auténtica. Ya que, desde aquel gesto, duermo tan bien, que incluso dentro de mis pesadillas soy capaz de dictar mi propio destino. Y esta, es la historia, de mi convivencia con el majestuoso gato blanco de una bruja rubia en la Barcelona moderna…
Autor: Daniel Rosado (@drosadoescritor) • Fotos y videos de Instagram
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
