
Bien pudiera ser que el gesto en los ojos de la mujer estuviera más cerca de la aflicción que del enojo o el desconsuelo. Todo porque él insistía en detallar esa sensación que es como la de sostener una espada frente a la lluvia mientras en el fondo espeso de las nubes se entrevén los relámpagos, o presentir junto a un río el estruendo del viento contra los árboles, cosas que ella nunca pudo entender. Sensación que anunciaba la inexorablemente muerte de hombres, muy pronto y muy cerca. “Sería bueno un espejo”, dijo ella de pronto, y la respuesta que tardó poco en llegar fue que “ya había un espejo en algún lado”. La mujer insistió: “un espejo de verdad. No aquel minúsculo espejo, donde cuesta tanto verse el rostro entero”, y continuó: “deberías alguna vez verte en un espejo o salir de cuando en cuando, aunque fuese a la media noche”, él reiteró que la luz de los autos tras de los ramales siempre le causó pavor. De todas formas, sintió curiosidad por aquello del espejo y lo buscó. Después de un rato lo encontró sobre un escaparate, y entonces recordó porque la última vez que vio su reflejo fue en los tiempos en que esbeltos hijos de kukulkán alzaron sus lanzas para persuadir a los radiantes y perversos invasores venidos desde el lado del mar en sus enormes carruajes flotantes; el espejo en el escaparate reflejaba solo partes de su rostro, el brillo misterioso de sus enormes ojos de pájaro, los fieros colmillos, el inicio de sus orejas felinas y algunas de sus manchas oscuras y amarillas. Luego el espejo se fue poblando de oscuridad, como cuando se avanza en una caverna de malignos aromas.
Autor: Jeison Leandro Bolaños.
Jeison Leandro Bolaños nació en el municipio de Belén, ubicado en el departamento de Nariño, Colombia, en 1978. Es sociólogo de profesión y ha completado estudios de posgrado en pedagogía, así como una maestría en etnoliteratura.
En la actualidad, ejerce como docente de ciencias sociales en educación básica secundaria y media en la ciudad de Ipiales, Colombia, donde ha residido por más de diez años.
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
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