postigo
Un postigo es, en esencia, la “puerta de servicio” de la muralla. No busques aquí grandes arcos ni decoración para impresionar a los embajadores; eran puertas pequeñas, discretas y puramente funcionales. Se usaban para que la gente a pie pudiera entrar y salir sin tener que abrir los pesados portones principales, o para permitir el paso a deshoras. En tiempos de guerra eran vitales: eran los puntos más fáciles de vigilar pero también los más útiles para una salida rápida o para recibir suministros sin llamar la atención.

Mientras que las puertas monumentales controlaban el gran comercio y el paso de carruajes, los postigos daban vida al día a día de los vecinos. Eran los accesos que usaba el aguador, el mensajero o el agricultor que volvía tarde del campo. Precisamente por ser pequeños y estar a veces en recodos de la muralla, eran estratégicos: permitían un control mucho más cercano de quién entraba y salía de la medina sin comprometer la seguridad general del recinto.
A lo largo de la geografía andaluza existieron varios postigos que fueron fundamentales para el latir de sus ciudades, y algunos de ellos han llegado hasta nosotros conservando su nombre y su función original:
- Postigo de la Alhóndiga (Granada): Este es un caso excepcional. Se encontraba junto a la famosa Alhóndiga Gidida (el Corral del Carbón). No era una puerta de la muralla de la ciudad, sino un acceso secundario y funcional que comunicaba el área de almacenamiento y hospedaje de mercaderes con el resto del entramado urbano. Es el ejemplo perfecto de cómo el término “postigo” se usaba para esas puertas menores que agilizaban el movimiento de personas y mercancías sin pasar por la entrada principal.
- Postigo de la Inquisición (Granada): El nombre de esta calle, situada cerca de la calle San Jerónimo, recuerda el lugar donde se instaló el primer tribunal del Santo Oficio en 1526.
- Postigo del Aceite (Sevilla): Es el referente absoluto en Andalucía. De los varios que tuvo la ciudad (como el desaparecido Postigo del Carbón o el de la Feria), este es el único que queda en pie. Su nombre no deja lugar a dudas: era el acceso funcional para el comercio del aceite que llegaba desde el río.
- Postigo de la Alcazaba (Jerez de la Frontera, Cádiz): Un acceso pequeño y perfectamente documentado en la muralla jerezana. Servía para comunicar el recinto defensivo con el exterior de manera directa, evitando las puertas principales de la ciudad que estaban más vigiladas y eran más lentas de operar.
- Postigos de la Muralla de Niebla (Huelva): En este recinto, que es de los mejor conservados de España, se ven perfectamente estas puertas menores. Cumplían una función militar crítica: permitir “sortidas” o salidas rápidas de la guarnición para atacar por sorpresa a quienes estuvieran asediando la ciudad.
- Postigo de la muralla de Marchena (Sevilla): En el entorno del Arco de la Rosa o zonas aledañas de su imponente muralla, se documentan estos pasos estrechos que permitían el tránsito peatonal entre el barrio de San Juan y el resto de la villa.
- Puertas de “socorro” en fortalezas: Aunque en Granada y otras ciudades muchas puertas menores han desaparecido o se han transformado, la función de postigo se mantiene en las llamadas puertas de socorro de casi todas las alcazabas, diseñadas siempre en recovecos para ser invisibles desde el exterior.
El postigo representa esa arquitectura de lo invisible, una pieza clave que hacía que las murallas no fueran solo un muro infranqueable, sino una membrana que permitía a la ciudad respirar y moverse con agilidad.