
En tierras de Hernán-Valle, a tan solo 500 metros de la torre de Guájar, quedan los maltrechos restos de un horno de cal, al que hoy le dedicamos estas letras.
La elaboración y la producción de morteros con cal es una tradición milenaria, de como mínimo 10.000 años. Durante siglos, el mortero con cal fue el único conglomerado utilizado para unir mampuestos, reforzar los muros de tapial , revestir acequias y albercas etc.
El extenso uso de la cal ha convertido a este elemento en un referente identitario y en un estereotipo de Andalucía. No hay publicación turística que se precie, que se abstenga de mencionar las casas encaladas de blanco de nuestros pueblos.
Las caleras granadinas son el testimonio histórico de una forma de producción artesanal, transmitida de generación en generación, que recoge el testigo cultural de los hornos romanos y musulmanes. Por tanto, los hornos de cal tradicionales constituyen un patrimonio etnográfico, de gran valor, que está en proceso de desaparecer debido al abandono de la actividad calera.
¿De dónde se saca la cal?
La cal se obtiene principalmente a través de la combustión de rocas ricas en carbonato cálcico (CaCO3). Este proceso se realiza en un horno de cal, ya sea artesanal o industrial. La elaboración de la cal, en ambos casos, es similar.
La presencia de carbonato cálcico en ciertas zonas puede tener dos orígenes principalmente: orgánico y por deposición sedimentaria.
Por un lado, hay organismos acuáticos capaces de precipitar carbonato cálcico, en forma de conchas, rodolitos, etc. Al cabo del tiempo la acumulación de estos restos orgánicos forma rocas calizas o dolomíticas.
Por otro lado, el proceso erosivo producido por el agua en ciertas rocas, hace posible el transporte de los carbonatos existentes en ellas y la deposición en otros enclaves, dando lugar a nuevos sedimentos. Esto es fácilmente visible en las estalactitas, estalagmitas y en manantiales de agua donde hay tobas y travertinos , como en la Acequia del Toril y en el Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla.
Otras veces los depósitos de carbonato cálcico no son tan espectacularmente visibles. El agua se infiltra en el suelo disolviendo los carbonatos y volviéndolos a depositar cuando el agua se evapora. Se forman, entonces, costras más o menos gruesas de un material blanquecino denominado caliche.
El caliche ha sido la materia prima para la producción de cal en los hornos del cortijo de Guájar.
Calera del cortijo de Guájar

La producción de cal en el cortijo de Guájar era una actividad que complementaba económicamente la explotación agrícola y ganadera, que eran las principales del cortijo.
Los hornos de cal suelen establecerse próximos a donde se encuentran las materias primas. La calera que hoy nos ocupa, se localiza en la margen izquierda del barranco del Aguadero, junto a una pequeña arboleda, que antaño tuvo que ser más extensa.

La estructura del horno es muy sencilla. Se basa en una cámara cilíndrica ligeramente ovoide abierta por arriba y con otra apertura lateral, a ras de suelo, a modo de puerta. Este vano permitía introducir la materia prima (rocas y combustible) y sacar la cal viva una vez cocida. Asimismo, la puerta era por donde entraría el aire al interior del horno para su ventilación.
Para construir el horno de cal del cortijo de Guájar, primero se horadó un cilindro en la tierra de unos 3 metros de diámetro. Después se revistió interiormente con un par de hiladas de mampuestos medianos ligados con tierra, y finalmente se enfoscó con argamasa.
Este recubrimiento aísla térmicamente la estructura del horno, garantizando la cocción de las piedras de caliche cuando comenzaba el proceso.
Exteriormente el vaso del horno de cal se reforzó con varias hiladas de piedra. El hueco inferior, que hace la función de puerta y pasillo, cuenta con un dintel de vigas de madera que soportan las hiladas de piedras superiores.
Un arco de medio punto, cuyas dovelas son los mismos mampuestos planos de la estructura exterior, ayudan a distribuir el peso de las piedras hacia el muro del pasillo, aliviando así el peso que tiene que soportar el dintel de madera.
¿Cómo era el proceso para la elaboración de cal?
El proceso para la elaboración de cal tardaba unos 15 – 20 días.
Las piedras de caliche se colocaban en hiladas circulares, siguiendo la misma disposición que la del horno. Con la altura las hiladas se iban estrechando hasta llegar a cerrarlo completamente por arriba.

La cocción de la piedra de caliche se hacía sin interrupciones. Se producía durante todo el día y la noche, ya que era necesario introducir el combustible continuamente. Los caleros se turnaban cada pocas horas.
La madera para alimentar el horno se cogía tanto del bosquete cercano como de los restos de poda del cortijo. Se metía con horquillas cuyos mangos eran muy largos. El horno, contaba con una chapa metálica que lo cerraba completamente y que se abría cuando había que meter la leña. Todavía son apreciables los huecos donde estuvo encajada dicha puerta.
Al cabo de los 5 o 6 días de comenzar la hornada, se llegaba a la temperatura máxima, unos 1000 ºC y las piedras de cal comenzaban a fundirse unas con otras. Todavía tardarían unos días en estar calcinadas del todo. Cuando la piedra se tornaba color “oro fundido” significaba que el proceso estaba a punto de terminar.
Una vez finalizada la cochura se procedía a enfriar el horno, procurando que ni el aire ni el agua estropease la cal viva. Este proceso podía durar una semana. Finalmente se procedía a extraer la cal.