
Al llegar al hospital como a medianoche pude recobrar la conciencia al ver a mi lado a una doctora inyectándome una aguja en el brazo derecho. Observe a dos médicos que me colocaron un tubo en la boca. De repente, mis ojos se cerraron para descansar profundamente. ¿Pero qué ocurrió? ¿Por qué me encontré rodeado de médicos? A continuación, contare lo que me sucedió esa noche. Un día antes de ir a laborar en el periódico Uno en un bar, casi a las siete de un viernes, nos reunimos dos colegas del diario. A Fernando y Mauricio, les encantaba salir a beber los viernes y sábados. En esta ocasión, me invitaron a celebrar el onomástico de Fernando. No era de salir con ellos siempre, pero en esta ocasión lo hice. En el jirón Lampa se encontraba un bar cercano llamado Blondi, ya que a esa hora se podía beber en un ambiente similar a una discoteca; cuando entramos al bar fue Fernando quien solicitó a la moza tres cervezas de trigo.
— Srta., que sean 3 cusqueñas heladas, por favor — decía él, poniéndose su mochila encima de sus piernas.
— Yo invitó si terminamos, muchachos — dijo Mauricio, sacando una cajetilla de cigarros Lucky Strike.
La moza no tardo mucho y dejo las chelas en la mesa. Comenzamos a tomar cada uno, charlando sobre el periódico, las noticias de hoy, la política y las colegas femeninas. Después de una hora, seguimos conversando y tomando en la tercera ronda. De pronto, Fernando se le ocurrió revelar un secreto que me despertó curiosidad. Era un relato en internet cuando editaba la página web del diario, observó un correo extraño que le llegó en la noche. Se trataba de un video perturbador sobre un joven youtuber que le gustaba introducirse solo, por las grandes cloacas y desagües de Estados Unidos. Su canal era popular debido a su contenido terrorífico.
— El tipo estaba solo en esos lugares oscuros — le dije.
— Sí, si era un experto en inspeccionar en dichos sitios — me dijo
Fernando.
— ¿Podrías pasarme el canal para ver al llegar a mi departamento, amigo?
— dijo Mauricio, terminando su pucho.
Fernando nos explicó cómo el youtuber entraba a grabar en cloacas sin nadie. Me sorprendió mucho cuando terminó en decirnos lo siguiente: << En un vídeo sale un extraño ser con brillos en los ojos. La criatura parecía un mono que se encontraba oculta en lugares sin luz >>. No comprendí lo que nos contaba, pero me sentí un poco perturbado, ya que no era el único que se sentía de esa manera, pues a Mauricio no le agradaba en absoluto.
— Bueno, me voy — dijo Mauricio mientras guardaba su cajetilla —. Me gustaría descansar, amigos.
— Te retiras tan rápido, huevón — dijo Fernando.
— Mañana voy a asistir a la boda de un congresista — le dijo Mauricio —.
Soy el camarógrafo más famoso, huevón.
— Ya quítate de una vez — expresó Fernando mientras bebía otro vaso —.
Nos vemos el lunes. — Cuídate, Juanma. — Descansa, amigo.
El relato de terror de un youtuber me resultaba muy interesante. Mi mente se inquietó si en Lima, ¿existiera una cloaca para entrar? << Pero si todo el río Rímac es una cloaca de ratas, ¿dónde se encontrará una alcantarilla o un desagüe? >>.
Fernando experimentó mi distracción en ese momento. Se acercó a mí y me dijo:
— Estás pensando igual que yo, colega.
— ¿Qué quieres decir? — le pregunté.
— Mañana te llevo a Chorrillos — me dijo él —, donde hay una cloaca
construida hace poco.
— Está ubicada en La Chira — pregunté —. No conozco el lugar, colega.
— Por eso mismo, pues, huevón — dijo Fernando —. Prepara tu cámara
fotográfica mientras yo llevo mi video cámara digital.
¿Qué estaba pretendiendo él? Mejor le preguntó antes de partir por gusto.
— ¿Qué piensas hacer, amigo? — le pregunté —. ¿A qué hora nos vamos? — Después de redactar por la tarde, sonso — me respondió él.
— Podemos hacer un informe para el diario, ¿o no? — le dije, sonriendo. Él se quedó pensando en cómo responderme cuando soltó una risa en la mesa.
— No — dijo él —, no es una aventura entre nosotros, colega.
— ¿Cómo se trata eso?—le consulté—.Solo tú y yo para tomar fotografías
del lugar.
— No — respondió Fernando, terminando de tomar —. Haremos lo que ese
youtuber idiota realiza en su canal, colegita.
— Lo mismo que el tipo de internet — le dije —. Sin embargo, en ese país
hay más cloacas subterráneas.
— Se ha construido uno en Lima hace cinco años — dijo —. No lo sabías,
amigo.
Me dejó un poco aturdido cuando me dijo esa idea. No era un plan normal hacer un tour oscuro, ni quería meterme en un desagüe de aguas fecales. Nunca sabía que había uno de esos en Chorrillos y no tenía nada que hacer un sábado por la noche. El plan era una curiosidad para mí. Era elegir ir a su apartamento para escuchar música o aventurarse con su colega.
— No pienses mucho, mano — decía Fernando mientras masticaba un chicle —. Si o no, hermano.
— Eh, no tardaremos mucho mañana… — le dije un tanto temeroso —. Oh, si, amigo.
— ¡Excelente, carajo! — dijo el muy motivado —. Preparare mi video cámara enfocada en mi gorra.
— Bien, no hay ningún problema, colega — le dije muy entusiasta.
Salimos para buscar un taxi. Tome uno que espere con Fernando y me despedí de él. Me sentí un poco resacado y en una hora llegué a la esquina de mi departamento. Pagué al chofer y cerré la puerta de su auto. Subí las escaleras en lugar del ascensor, pues la otra ocasión casi vomito en el ascensor de mierda. Caí recostado al ingresar a mi habitación, ¡por fin!
A la mañana siguiente, me desperté para tomar un jugo de papaya y lo hice con rapidez porque tenía que estar en el diario a las nueve. Puse todo lo que necesité en mi mochila y no olvidaba nada para la grabación en Chorrillos. Al salir hacia el periódico, escuchó un claxon que sonaba afuera. En las escaleras noté que alguien decía mi nombre, me di cuenta de que era Fernando.
— Oh, compañero — expresó él —. Dormiste bien, muchachón.
— Hola, si logré dormir, ¿y tú? — le dije muy animado.
— Igualmente, colega — respondió —. ¿Tienes todo tu equipo?
— Sí — le respondí —, si no se me olvida nada.
— Hoy salimos a las cinco de la tarde — dijo Fernando —. Yo invitó el almuerzo, brother.
Subí a su camioneta para ir al diario. Cuando llegamos, tuvimos una reunión con el director por quince minutos, y posteriormente, cada uno se dirigió a redactar las noticias de hoy y mañana. Sólo los domingos no trabajaba, pero los otros días debía permanecer hasta las siete. Al llegar la hora del almuerzo, Fernando y yo comimos en un restaurante cercano; por su parte, Mauricio nos saludó en el lugar para ir a otro lado. Regresamos a completar con la edición de la portada y mi columna diaria correspondiente a los domingos. Nos quedamos durante dos horas y observamos el reloj de mi espacio laboral — mi oficina — eran las cuatro y media de la tarde. Fernando me llamo para que guardé mis pertenencias, luego él y yo nos dirigimos a dejar nuestros trabajos terminados para mañana. La secretaria era amante del director, por lo tanto, no había ningún problema si no terminábamos y en ocasiones Fernando le permitía desplazarse si no terminaba sus trabajos con la condición de pagarle un almuerzo cuando lo veía en los alrededores. ¡Y partimos para dirigirnos a Chorrillos! Fernando se puso una gorra con audiófonos especiales para grabar.
— ¿Eso sirve para grabar? — le pregunté.
— ¡Claro, Juanma! — contestó él —. Tiene una vista nocturna, pero es costoso, hermano.
En el auto, escuchamos música en su radio digital al grupo Linkin Park de nu metal. Recordamos aquellas épocas en el colegio con la música de esos años, y nos causó tristeza el suicidio del cantante principal: Chester Benington. Fernando hizo una ruta por la Costa Verde para llegar a una playa cercana, pero que no era posible bañarse. Seguro que el ambiente estaría contaminado y bajamos con nuestras mochilas para entrar a la cloaca. El paso no estaba permitido para ningún transeúnte, pero teníamos nuestros carnets del diario Uno. Un vigilante de la zona nos pasó la voz diciendo:
— Buenas tardes, señores. ¿A dónde se dirigirán?
— Hola, señor — dijo Fernando, mostrando su carnet de identificación —.
Realizaremos una investigación somos periodistas del periódico Uno. El vigilante permaneció observando nuestras identificaciones por un minuto.
— ¿Qué tipo de investigación es, señores? — preguntó el guardia.
— Es ecológico en relación al tema de la contaminación del mar en Lima — le respondió Fernando mirándome para que dijera algo.
— Sí, señor — le respondí al guardián —. Escribiré una columna sobre el tema que mencionó mi compañero.
— Comprendo, señor — dijo el vigilante —. Pueden pasar, pero no se
queden hasta tarde. Yo estaré aquí hasta las diez de la noche, señores.
— Muchas gracias, señor.
— Descuide, señor.
Yo tengo los rollos digitales para tomar en la oscuridad. Fernando llevó su laptop para grabar mejor en la noche, pero no teníamos idea de cómo ingresar; por lo tanto, en Google maps nos guiamos. Nos llevamos unas
linternas
chicas en la muñeca, ya que la luz era esencial para acceder a dicho ambiente. Sacamos la tapa que dejamos media abierta, y luego bajamos en la escalera para poder llevar a cabo nuestro trabajo. El lugar olía poco agradable, pero la luz nos guiaba. Aquel entorno goteaba un poco de agua, tampoco había ratas ni basura al caminar; pero si estaba completamente oscuro en todo rincón. Fernando se puso al lado mientras yo lo seguía, preparando mi cámara fotográfica con el fin de capturar las fotos necesarias de inmediato. Nos dirigimos hacia una cueva muy oscura. Creo que no había nada que temer, y examiné mi reloj para averiguar la hora. Eran las siete de la noche. Seguimos a paso lento pasando por un sector donde una rata gorda corrió para entrar a un agujero.
— Ya me cansé, amigo — le dije mientras respiraba al olor de orines —. Tomé algunas fotografías buenas.
— Lo dices por el olor, Juanma — decía Fernando —. Cuando me cansé, nos marcharemos. No hay nada extraño en esta cloaca de mierda.
Con eso en mente, no deje de tomar algunas fotos en el ambiente tétrico. De pronto, se escuchó un quejido como si alguien causara daño a otra persona, y se oyó una vez más al continuar avanzando; luego me di cuenta de que no era un buen lugar para seguir caminando.
— Oye, amigo — le susurró —. Regresemos por nuestro bien. Acabo de oír un grito similar a una niña en peligro.
— No, me jodas, Juanma — me dijo Fernando continuando su grabación — . En unos minutos, nos vamos.
— No escuchaste, tonto.
— Sí, si nos marcharemos ya, amigo.
No me tranquilicé cuando me dijo que continuara, ya que deseaba volver rápidamente a la entrada; pero al voltear, noté que la oscuridad era tenebrosa. Mis piernas temblaban, sintiendo frío por el aire, debido a la temperatura en la que estábamos allí. De pronto, el mismo chillido se escuchó con fuerza.
— Ahora, si has escuchado, ¡no! — exclamé —. No me digas que no has oído ese grito, estúpido.
— Sí… — contestó Fernando con seguridad —. Apagaré mi grabación y la laptop en unos instantes, amigo.
Después de un minuto, en un rincón, sentí un olor putrefacto, y pensé que era una rata que se ocultaba por nuestra presencia. Camine unos pocos metros por la oscuridad en el pasadizo, un animal extraño en forma de canguro, me miró fijamente con sus ojos fugaces. No quería moverme ni correr por el pánico en ese momento, ¡mierda! Un ser abominable en el desagüe se presentaba ante mí, y sus dos ojos brillaban en la penumbra… ¡Carajo! No sé qué hacer si salir corriendo y dejar solo a mi compañero. Sin embargo, sin temor, tomé una fotografía inmediatamente; Fernando se percató de su presencia en el lugar. Mi amigo grabó a la criatura de la cloaca durante unos minutos, cuando se movió ese ser monstruoso que saltaba como una rana en las tuberías. ¡Maldición!
Será mejor correr por nuestras vidas. Agarre la mochila de Fernando con fuerza y corrimos como locos. La linterna de él cayó debido al suceso. Bueno, la mía funcionaba para ver en la oscuridad. La criatura nos perseguía en el momento en que Fernando resbaló y cayó al agua, me pare para ayudarlo; pero el monstruo llego con rapidez, y agarró a mi amigo con fuerza y se lo llevo como un objeto. Corrí con más ganas para no caer presa de la bestia de la cloaca y encendí mi teléfono móvil para determinar la ubicación de la salida. No sé cómo veo la entrada, donde una escalera se encontraba frente a mí. Subí con mi mochila cuando la criatura se apareció en la pared, cerrando mis ojos con el fin de no mirarla… Mi pie dejó de moverse y la criatura me agarró con fuerza la pierna izquierda, sacudiéndola para que caiga. A continuación, me tocó el hombro derecho y atravesó sus garras en mi cuerpo, lo cual percibió el dolor. Mi cámara estaba sujetada a mi cuello con mi teléfono móvil en la mochila. La linterna asustó a la criatura que escapó del reflejo de la luz. En breve, logré subir antes de que regresé a herirme, y la tapa que dejamos estaba semi abierto, así que saqué mi mochila para arrojarla al exterior para subir con la intención de desmayarme. De repente, el vigilante me ayudó como un ángel caído del cielo. ¡Dios mío! Estoy a punto de desfallecer debido a esa criatura de mierda. El guardia me brindó su ayuda viendo mis heridas en el pecho, en la pierna y en el hombro y se puso en contacto con una ambulancia de emergencia con su teléfono móvil. Me dijo que no me moviera para nada y espere que llegue la ambulancia.
— Cuando llegué la ambulancia — le dije en voz baja —. Por favor, no deje la mochila en el suelo.
— No se preocupe, señor — me dijo el vigilante mientras esperaba la ambulancia que tardaba.
Mis ojos se cerraban lentamente. ¡Por fin! La ambulancia se presentó en un lapso de quince minutos, donde un paramédico salió con una camilla, y otro lo ayudó a que me subieran al vehiculó. El vigilante entró conmigo en la ambulancia.
— ¿Qué ira con él, señor? — le preguntó el paramédico.
— Sí — dijo el guardia —. Mi turno ha terminado, pero deseo acompañar al periodista, señor.
— No hay problema, amigo.
El resto del trayecto hacia el hospital al ser entubado y atendido por especialistas. Al día siguiente de lo sucedido, pude abrir mis ojos. Una doctora acudió a examinar mi estado de salud, ya que aún sentía los huesos rotos y las heridas me causaban dolor.
— ¿Cómo se encuentra, señor? — me preguntó la doctora.
— Bien, doctora — le respondí con voz baja y sin ganas de hablar. — Señor, no murió en el desagüe de Lima.
No le contesté porque no me importaba que piense, pero si quería preguntarle sobre Fernando.
— Perdoné, doctora — le dije —. ¿Encontraron a mi amigo que estaba en la cloaca?
— Seguro que el vigilante le comunicó a la policía — me respondió ella.
— Sí, si sabía de eso…
No obstante, los días transcurrieron para recuperarme de mi accidente. La policía investigó la cloaca, pero no encontró ningún cuerpo; por otro lado, Fernando desapareció de la nada… Ni un indicio de la criatura de la cloaca… Recibí la noticia de mi alta por la tarde, así como el director del periódico me visitó ayer. Él me concedió quince días de vacaciones y me dio mi paga del mes por
adelantado
. Cuando me disponía a volver a mi apartamento, comencé a buscar mi teléfono móvil y mi cámara. Luego una enfermera entró para comunicarme:
— Le dejo esta caja con sus pertenencias. Hasta pronto, señor periodista.
— Muchas gracias, enfermera.
Abrí la caja con el fin de obtener mi cámara y mi teléfono celular, después fui metiendo todo en mi mochila. ¿Y esta gorra que se encuentra aquí? Era la gorra negra de Fernando, ¿qué está pasando ahora? ¡Una broma de mal gusto! ¿Cómo llegó este objeto aquí? ¡Mierda! Me quedé sin palabras en el camino a mi departamento, pagué al taxista y entre al edificio para dormir durante unas horas. Mauricio me brindó ayuda al esperarme en la puerta, y luego subí con él en el ascensor porque no me agradaba ir en el ascensor; pero no tenía otra opción. Al entrar en mi apartamento con Mauricio, acomodó la caja en la mesa y me preguntó: ¿si quería otra cosa? Le dije que no se preocupe por mí. Mi colega comprendió y se despidió, dejándome una serie de revistas musicales. No había ingerido ningún alimento al abandonar el hospital y tenía la intención de pedir una pizza o un pollo, ¡bah! Lo mejor sería descansar hoy. Sería mejor que me sujetará la gorra de Fernando para observar la prueba de que existe vida en lugares tan oscuros. ¡¿Qué hará esa criatura en la cloaca todas las noches?! Me dormiré con esa incógnita.
Autor: Juan Zavala Ojeda
Este relato participa en el Concurso literario de cuentos y leyendas del Mundo. Es una interpretación libre del autor.
