
El Puente de la Virgen de las Angustias, construido a finales del siglo XVII, fue uno de los elementos más representativos de la evolución urbana y arquitectónica que tuvo Granada. Aunque ya no existe físicamente, su historia, ligada a la devoción popular y a la planificación urbana de la época, permanece como un testimonio de la transformación de la ciudad y de la importancia del río Darro en su desarrollo.
Este viaducto no solo facilitaba la conexión entre las dos riberas del Darro, sino que también cumplía un importante papel en la configuración del entorno urbano de la ciudad.
El contexto histórico
El siglo XVII fue una época de crecimiento y consolidación urbana en Granada, marcada por una creciente devoción a la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. En aquel momento, el barrio de San Antón, en la ribera derecha, experimentaba un notable crecimiento demográfico, mientras que el barrio de las Angustias, en la ribera izquierda, se consolidaba como una de las áreas más transitadas de Granada.
En este contexto se llevaron a cabo diversas obras en los alrededores del templo de Las Angustias entre las que destaca el Puente de la Virgen y la Fuente de la Carrera.
El pleito por el Puente de la Virgen

La construcción del Puente de la Virgen no estuvo exenta de tensiones y controversias, reflejando las complejidades sociales y económicas de la Granada del siglo XVII. La decisión de reemplazar el antiguo puente de madera por una estructura de piedra provocó un pleito entre los vecinos del barrio, dividiendo las opiniones en torno a la viabilidad y conveniencia del proyecto.
Los opositores a la obra argumentaban que el puente de madera, que había costado 1.500 reales y servido durante 30 años, era una solución suficiente y mucho menos costosa en comparación con los 19.000 reales estimados para la construcción del puente de piedra, según la última postura presupuestada. Este desembolso suponía un « repartimiento muy gravoso», especialmente en un contexto de crisis económica y social, que los vecinos describían como «tiempos tan calamitosos». Además, expresaron su preocupación por los posibles daños que los carros, al utilizar el puente de piedra, causarían a las cañerías de agua, generando reparaciones costosas. Por último, alegaron que el proyecto contravenía las leyes del Reino, las cuales estipulaban que no se podía imponer ningún repartimiento económico sin la autorización real si la cantidad superaba los 3.000 maravedís .

A pesar de la resistencia inicial, 28 años después, en 1688, el debate sobre el puente resurgió. Los vecinos favorables al proyecto, respaldados por los beneficiados y curas de la zona, presentaron una nueva solicitud. Argumentaban que el barrio había crecido considerablemente, con un aumento en el comercio y la población, lo que hacía necesaria una infraestructura más robusta para atender a los feligreses y al tráfico comercial. Además, sostenían que la obra tenía un carácter público y ornamental, destacando que contribuiría al «gran ornato de la ciudad», en sintonía con otras mejoras urbanas, como la entrada del Puente del Genil.
El Ayuntamiento, tras considerar estos argumentos, decidió finalmente aprobar la construcción en la sesión capitular del 11 de noviembre de 1689. Para financiar la obra, se estableció que el costo, calculado en 16.922 reales según el apeo de casas, sería sufragado principalmente por los vecinos, además de un arbitrio de cuatro maravedís por arroba de carne, aprobado por el Rey.
La ejecución quedó nuevamente en manos de Juan de Rueda Alcántara, maestro mayor de obras, quien heredó el proyecto y la responsabilidad de su padre. Las nuevas especificaciones incluían el uso de sillares labrados «a horno y escuadra» y un empedrado que facilitara el paso tanto de peatones como de vehículos. Finalmente, el costo propuesto ascendió a 21.000 reales, consolidándose como una obra emblemática, tanto por su relevancia funcional como por el impacto que tuvo en la transformación del entorno urbano.
El Puente de la Virgen: Una obra, dos proyectos.
El Puente de la Virgen que estuvo en pie fue ideado por Juan de Rueda Alcántara, maestro mayor de obras de la ciudad. Este puente se proyectó en dos versiones: una más ambiciosa con una estructura de tres ojos que nunca se construyó y un diseño más modesto de un solo ojo, que finalmente se levantó.
El Puente de La Virgen de tres ojos.

Entre los planos dejados por Juan de Rueda, destaca el diseño del puente de la Virgen de tres ojos. Esta estructura, realizada en fábrica de sillería, habría sido un hito arquitectónico en la Granada del siglo XVII. El diseño incluía dos pilares o machones situados en el lecho del río, con formas estratégicamente diseñadas: una sección curva para desviar el agua y otra triangular para resistir el embate de la corriente. Este ingenioso enfoque buscaba minimizar el impacto del agua sobre la estructura, garantizando su durabilidad incluso durante las crecidas del río Darro.
Características del puente de tres ojos
El proyecto del puente de tres ojos poseía las siguientes especificaciones técnicas y arquitectónicas:
- Tres ojos principales: Sostenidos por dos pilares o pies ubicados directamente en el cauce del río Darro. Cada uno de estos ojos tendría una luz de 24 pies de ancho, lo que permitía un flujo amplio del agua.
- Dimensiones generales: La estructura alcanzaría un total de 30 varas de largo y 5 de ancho, coincidiendo con la medida de la calle situada sobre el puente.
- Materiales de construcción: Se utilizarían sillares de piedra de Alfacar, provenientes de la cantera del Rey. Este material fue seleccionado cuidadosamente por su alta calidad, sin impurezas como caliche o tierra, garantizando una mayor resistencia y durabilidad.
- Infraestructura adicional: El puente incluiría una hilada de sillares que sobresaldría un pie por fuera de la estructura. Este detalle estaba diseñado para albergar las cañerías de agua, facilitando la conducción del suministro hídrico sin afectar el tránsito.
La configuración de tres ojos habría permitido salvar una distancia mayor entre las orillas del río, ofreciendo una solución imponente y funcional a la vez. Además, su diseño respondía a las demandas estéticas y técnicas del periodo, integrando el puente en el entorno urbano de manera armoniosa. Sin embargo, esta versión nunca se construyó, probablemente debido a las limitaciones económicas o técnicas de la época.
El puente construido de La Virgen.

El diseño que finalmente se materializó fue mucho más sencillo: un puente de un solo ojo. Este modelo, también realizado en sillería, se adaptaba mejor a las características del río Darro en el lugar donde se levantó, detrás de la Basílica de la Virgen de las Angustias. La elección de un único arco se justificaba por la relativa estrechez del cauce en ese punto y por el caudal moderado del río, salvo en épocas de crecidas.

El puente de un ojo presentaba un arco rebajado, de considerable amplitud pero escasa altura, lo que permitía una circulación fluida sin necesidad de una estructura demasiado elevada. Las dovelas de piedra formaban un arco sólido, mientras que la plataforma se construyó con dos vertientes acentuadas que facilitaban el drenaje. Los pretiles, también de sillería, completaban el diseño, proporcionando seguridad a los viandantes.
Aunque más modesto en comparación con el diseño de tres ojos, este puente cumplió con eficacia su función durante casi 250 años, conectando los barrios de San Antón y la Carrera de la Virgen en una época en que ambas zonas estaban en pleno crecimiento. Se convirtió en el último puente del Darro antes de su unión con el Genil, marcando un punto estratégico en el entramado urbano de Granada.
Intervenciones y desaparición

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, el Puente de la Virgen fue objeto de varias intervenciones para adaptarse a las necesidades urbanas de cada época. Sin embargo, su destino cambió radicalmente en el siglo XX. En 1938, como parte de un proyecto de embovedado del río Darro que buscaba crear un nuevo eje de comunicación vial, el puente fue demolido junto con otros de la ciudad. Este proceso cubrió el río desde la iglesia de Santa Ana hasta su desembocadura en el río Genil, eliminando gran parte del paisaje fluvial que había caracterizado a Granada durante siglos.
La desaparición del Puente de la Virgen marcó el fin de un capítulo importante en la historia urbana de Granada. Hoy en día, su recuerdo perdura en la nomenclatura de la calle Puente de la Virgen, situada junto a la Basílica, y en los registros históricos que documentan su existencia y relevancia.
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La Calle Puente de la Virgen es un testimonio silencioso del pasado glorioso de Granada. En el siglo XVII, esta calle fue un punto crucial en la vida de la ciudad. Aquí se encontraba el Puente de la Virgen de las Angustias, un puente que no solo facilitaba el cruce del río Darro, sino que también tenía un profundo significado religioso para los granadinos. La Virgen de las Angustias, cuya devoción está profundamente arraigada en la cultura local, dio nombre a este puente, convirtiéndolo en un lugar de peregrinación y oración.
¡Hola desde Granada! Hoy me encontré paseando por la Calle Puente de la Virgen, una vía encantadora llena de historia y encanto. Es fascinante pensar que, aunque el puente que le daba su nombre ya no exista, la calle sigue conservando su esencia y nos transporta a tiempos pasados. El puente de la Virgen, tristemente desaparecido, una vez fue una estructura importante que cruzaba el río Darro y conectaba dos partes vitales de la ciudad. Aunque el puente ya no está, la calle sigue siendo un lugar emblemático para los locales y turistas que buscan sumergirse en la rica historia de Granada. Me encanta descubrir estos rincones que, aunque transformados, siguen hablando del pasado.
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El Puente de la Virgen de las Angustias también tiene un significado especial para los granadillos, ya que es un punto de encuentro y un lugar donde se celebran diversas tradiciones sus alrededores son encantadores con restaurantes y cafeterías, donde se puede disfrutar de su gastronomía.