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TORRE DE LUNA: EL GUARDIÁN DE ZAFARRAYA

    TORRE DE LUNA: EL GUARDIÁN DE ZAFARRAYA

    Alhama de Granada alberga una gran cantidad vestigios arquitectónicos que narran la rica historia del sistema defensivo desarrollada, fundamentalmente, durante el período nazarí . Hoy nos acercamos a la Torre de Luna, uno de los baluartes más singulares de la comarca.

    Alhama de Granada como punto estratégico entre Málaga y Granada

    Desde el siglo I de nuestra era Alhama de Granada ha destacado por ser un enclave estratégico de vital importancia. Su ubicación, en la confluencia de caminos que conectan Málaga con Granada, la convirtió en un núcleo de comunicaciones crucial tanto para el comercio como para la defensa. Durante la dominación musulmana , esta posición privilegiada fue explotada al máximo con la construcción de un sofisticado sistema defensivo, compuesto por torres atalayas, castillos y alcazabas , que garantizaban el control y la protección del territorio.

    TORRE DE LUNA: EL GUARDIÁN DE ZAFARRAYA

    El río Alhama, que atraviesa estas tierras, sirvió como eje natural para la organización defensiva. Las torres y fortificaciones se alinearon estratégicamente a lo largo de su curso, creando una red que no solo protegía a la comarca, sino que también mantenía conectividad con otras zonas, como Loja y el Llano de Zafarraya. Este diseño defensivo, basado en la vigilancia constante y la comunicación rápida, reflejaba la capacidad de planificación del Reino Nazarí para proteger sus fronteras y asegurar sus rutas comerciales.

    Torres atalayas: guardianas de la comarca

    Entre las estructuras más emblemáticas del sistema defensivo de Alhama de Granada destacan las torres atalayas. Estas edificaciones, características de la arquitectura militar nazarí, eran elementos sencillos pero eficaces, que permitían mantener la vigilancia sobre vastas extensiones de territorio. Su ubicación en cumbres elevadas o en laderas con amplias vistas hacia los valles aseguraba una cobertura visual ininterrumpida, lo que facilitaba la detección de posibles incursiones enemigas.

    Construidas con mampostería de piedras de tamaño mediano y pequeño, las torres atalayas eran económicas y rápidas de edificar. Requerían un mantenimiento mínimo y, en la mayoría de los casos, eran operadas por un reducido número de soldados, generalmente dos o tres, quienes se encargaban de observar y comunicar cualquier movimiento sospechoso mediante señales de humo durante el día y fuego por la noche.

    Un ejemplo destacado de estas torres es la Torre de Luna, ubicada al sur del campo de Zafarraya. Esta estructura cilíndrica y robusta jugó un papel fundamental en el control del paso entre Málaga y Granada, actuando como un eslabón clave dentro de la red defensiva nazarí.

    Torre de Luna

    TORRE DE LUNA: EL GUARDIÁN DE ZAFARRAYA

    La Torre de Luna, situada cerca del cortijo de Valdeiglesias y el Castillo de Luna, se alza como un símbolo de la vigilancia estratégica en el Reino Nazarí. Esta vigilancia era esencial para controlar el comercio y prevenir incursiones enemigas, especialmente en el contexto de las luchas entre musulmanes y cristianos durante la Reconquista. La caída de Alhama de Granada en 1482 marcó un punto de inflexión en esta lucha, ya que dejó a las torres atalayas nazaríes bajo el control de los Reyes Católicos.

    La Torre Atalaya de Luna, fue eregida en el siglo XIV y responde al diseño típico de las torres andalusíes, con una planta circular y un cuerpo cilíndrico que permitía una vista panorámica del entorno. Desde su posición a 1.036 metros sobre el nivel del mar, la torre controlaba el Boquete de Zafarraya, un paso natural que conectaba la Axarquía malagueña con Alhama de Granada y, por extensión, con el resto del reino.

    La torre cuenta con un diámetro de 5,70 metros y una altura conservada de 5,50 metros, aunque en su momento podría haber alcanzado el doble. Originariamente la Torre Atalaya de Luna tuvo un enlucido de mortero de cal. Hoy en día, ha desaparecido casi por completo. El enfoscado formó, tal vez, una vitola sobre la piedra.

    Este tipo de torres atalayas sobrepasaban los 9 metros de altura. Su diseño sencillo, pero funcional, estaba pensado para resistir el paso del tiempo y las adversidades climáticas. Aunque hoy en día el estado o de conservación de Torre de Luna es deficiente, este baluarte sigue siendo una pieza clave para comprender la organización defensiva nazarí en la zona.

    TORRE DE LUNA: EL GUARDIÁN DE ZAFARRAYA
    Sección de torre Atalaya

    Actualmente solo se conserva la parte maciza de la torre. Recordemos que estas atalayas se caracterizaban por tener sus dos tercios inferiores formando un cuerpo macizo, mientras que el tercio superior era hueco y albergaba un habitáculo utilizado por los atalayeros. El acceso a este habitáculo se realizaba a través de una puerta-ventana ubicada a unos 5 metros desde la base. Para llegar a dicha entrada, se utilizaba una escalera, hecha de cuerdas o madera, que se instalaba y retiraba según la necesidad.

    Las jambas de la puerta-ventana se ejecutaban con sillería o con pilastras de ladrillo visto. Los dinteles eran rectos de sillería o de arco rebajado de ladrillo.

    El habitáculo tendría una altura de 2 metros aproximadamente y estaría cubierto por una bóveda de media naranja con un enlucido de cal.

    La estancia de los atalayeros contaría con otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia. Estaría conectada con la terraza a través de escaleras, cuyos peldaños eran grandes mampuestos que sobresalían del muro interior. La terraza estaba protegida por un peto perimetral, ofreciendo una vista panorámica del territorio circundante. Cuando el torrero detectaba algún peligro, emitía señales de alarma utilizando humo o señales luminosas durante el día, y almenaras (hogueras) si era de noche, empleando esparto húmedo o seco, respectivamente.

    Un sistema defensivo interconectado

    La Torre de Luna no estaba aislada, sino que formaba parte de una red de torres y castillos que protegían el Llano de Zafarraya. Este sistema incluía estructuras como el Castillo de Zafarraya, el Castillo de la Torrecilla, y otras torres atalayas como la Torre del Moro y la Torre del Almendral. Cada una de estas construcciones cumplía un rol específico en la defensa del territorio.

    Accesibilidad y turismo

    Visitar la Torre de Luna es una experiencia que combina historia, naturaleza y aventura. Aunque el acceso no es sencillo, ya que se encuentra en una elevación a la que se llega atravesando monte, el esfuerzo vale la pena. Desde la cortijada de Valdeiglesias, un corto ascenso lleva a los visitantes a los restos de la torre, desde donde se pueden apreciar vistas espectaculares del Llano de Zafarraya y las montañas circundantes.

    Para los amantes de la historia, la Torre de Luna ofrece una oportunidad única de conectar con el pasado medieval de la región. Además, su ubicación cerca de otros puntos de interés histórico y natural en Alhama de Granada la convierte en una parada imprescindible para quienes deseen explorar la rica herencia cultural de Andalucía.

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    Un lugar ideal para pasear en buena compañía

    Eugenia
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    Magnífico artículo. Ya sé donde ir en bici este fin de semana 

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