
La Costa granadina tiene además de estupendas playas un buen puñado de rincones históricos para visitar. Hoy hablaremos de la Torre de Enmedio, una atalaya de vigilancia levantada en época nazarí , situada en la desembocadura del barranco de Enmedio, límite de los términos municipales de Salobreña y Almuñécar. Esta torre atalaya formó parte del sistema defensivo de la costa granadina.
La defensa de la costa durante la época árabe
En el transcurso del siglo XI, los almohades y almorávides de Granada implementaron una política a gran escala destinada al fortalecimiento de las fortalezas preexistentes y a la construcción de nuevas estructuras defensivas. Sin embargo, fue en los siglos posteriores cuando los nazarís, al ascender al poder, intensificaron aún más la protección de la costa, marcando un capítulo crucial en la historia de las defensas costeras.
La protección de la costa requería estrategias tanto marítimas como terrestres. En términos de defensa terrestre, se confiaba en la presencia de castillos y fortalezas. Quince bastiones costeros hubieron cerca de Almuñécar que estaban interconectados mediante estancias, pequeños torreones o atalayas. Estos lugares no solo servían como refugios para los guardianes, sino también como puntos estratégicos para la observación y vigilancia.

Uno de los bastiones más destacados de esta estrategia defensiva fue el Castillo de Almuñécar, que, junto con las murallas de la ciudad y las torres atalayas circundantes, formó un intrincado sistema defensivo diseñado para salvaguardar a la población de los ataques provenientes del mar durante la era nazarí. Estos ataques, mayormente perpetrados por norteafricanos, eran motivo de constante preocupación y requerían una respuesta eficaz.
Las nuevas torres atalayas que se erigieron al final de las ensenadas de levante y poniente fueron piezas clave en este sistema de defensa. Estos edificios cástrales no solo fortificaban la región sino que también servían como puntos de comunicación con la ciudad mediante señales visuales, ya fueran de fuego, humo o reflejos de espejos, dependiendo de las condiciones diurnas o nocturnas. Las señales de «rebato» alertaban a la población sobre posibles amenazas y ataques inminentes en el litoral. Estas torres, distantes entre sí por unos cinco a siete kilómetros, desempeñaban un papel crucial como torres de frontera, vigilando contra posibles incursiones tanto de cristianos como de benimerínes o piratas .
En términos arquitectónicos, las torres solían seguir un patrón cilíndrico con un diámetro de aproximadamente 4,55 metros y una altura de alrededor de 9,50 metros. La base de estas estructuras era sólida y maciza, mientras que la parte superior albergaba una habitación con una puerta de acceso elevada, troneras con chimenea y escaleras que conducían a la terraza. Esta habitación estaba coronada por una bóveda, destacando la sofisticación de la arquitectura defensiva de la época.

El cambio de manos de las ciudades de la costa granadina, incluyendo Almuñécar, Salobreña y Motril, bajo la capitulación a los Reyes Católicos en diciembre de 1489, marcó un punto de inflexión. En los años posteriores a esta conquista, con el aumento de la piratería turca y berberisca, las fuerzas castellanas heredaron y adaptaron el complejo sistema defensivo árabe en la costa granadina. Realizaron mejoras sustanciales para acomodar la artillería, revistiendo muros con ataluzados y reforzando fortificaciones existentes para albergar cañones. Además, se erigieron nuevas baterías para hacer frente a los ataques berberiscos, demostrando la adaptabilidad y la constante evolución de las estrategias defensivas.
El interés continuo de los Reyes Católicos en las campañas militares en el norte de África, delineó en 1497 las líneas maestras de la defensa costera. Estas directrices se convirtieron en la base para futuras restauraciones a lo largo del siglo XVI, así como para la construcción de nuevas estructuras defensivas. Las torres atalayas existentes en mal estado fueron reparadas, y se dio inicio a la construcción de nuevas torres, reconociendo su papel esencial en el intrincado sistema defensivo, especialmente dada la topografía montañosa y recortada de la costa.
En lo referente al Término de Almuñécar se dictaminó a finales del siglo XV:
En el Peñón de la Herradura a de aver tres guardas que ganen a veynte e çinco maravedys cada día.
En la Rabita de Xarfa a de aver tres guardas que ganen al dicho preçio.
En la Çibdad de Almuñécar a de aver un cavallero requeridor que gane treynta y çinco maravedys cada dia.
En la Estançia del Chuchelo a de aver tres guardas que ganen a veynte y çinco maravedys cada día.
En la Torre de Enmedio a de aver tres guardas que ganen al dicho preçio.
En la Torre del Canbron a de aver tres guar- das que ganen al dicho preçio»
Décadas más tarde podemos leer en los archivos históricos como era el relevo de las tropas que ocupaban dichas torres atalayas:
(…) En la torre de enmedio son tres guardas, la una duerme en la torre y las otras dos van a dormyr sobre la cala de Belylla que está una legua adelante; y la mañana la una buelve con el atajo a la torre de enmedio y la otra queda ally en la atalaya el día (…)
Torre de Enmedio

A unos 200 metros de la desembocadura del barranco de Enmedio, emerge una construcción imponente de mampostería con una estructura piramidal coronada por una plataforma. Este impresionante hito es la Torre de Enmedio, cuya presencia se registra en Las Instrucciones para la Defensa y Guarda de la Costa, un documento que data de finales del siglo XV y principios del XVI. Esta torre inicialmente tenía forma rectangular con un planta de poco más de 3 metros por cada lado. Fue erigida con bloques de mampostería de tamaño mediano, y aún conserva una altura de 3,15 metros.
Los investigadores que han profundizado en la historia de la Torre de Enmedio han identificado que, tras la conquista, se le añadió un muro ataluzado en la base, con una imponente altura de aproximadamente 2,85 metros. Este muro se apoya en una plataforma rectangular que abarca 6 metros de largo y 5,10 metros de ancho. La fusión de la estructura original con esta adición post-conquista añade capas de complejidad a la historia arquitectónica de la torre.
El estado actual de la Torre de Enmedio revela detalles intrigantes de su historia. Se observa que, en algún momento de su existencia, la torre colapsó o fue derribada, dejándola seccionada a la altura de la terminación del mencionado talud. Este estado fragmentado, en el que permanece hoy en día, proporciona una ventana fascinante para visualizar el pasado tumultuoso y dinámico de esta estructura defensiva.

Su ubicación cercana a la desembocadura del barranco de Enmedio sugiere una cuidadosa planificación defensiva para proteger la costa de posibles amenazas.
La transición arquitectónica que experimentó la Torre de Enmedio después de la conquista revela la adaptabilidad de las estructuras defensivas a lo largo del tiempo. La incorporación del muro ataluzado y la plataforma rectangular refleja una respuesta estratégica a las cambiantes necesidades defensivas, posiblemente influenciadas por la amenaza de invasiones o ataques.
La posibilidad de que la torre de Enmedio fuera derribada para construir la cercana Torre de Cabria es una realidad que los historiadores se plantean actualmente.