
La Torre de la Gallina se localiza en una pequeña elevación, a 2,5 kilómetros de Puerto Lope, muy cerquita de la carretera que une Granada con Alcalá la Real.
Este enclave fue cruce de caminos y lugar estratégico durante muchos siglos, unía Granada con Córdoba y Alcalá la Real. Desde Pinos Puente salía un antiguo camino que, en el punto concreto dónde se alza la Torre de la Gallina se dividía en dos. Un camino se dirigía hacia el norte a Alcalá la Real, el otro hacia el noroeste dirección Priego de Córdoba. Estas sendas pertenecían a dos importantes vías pecuarias, que eran el Cordel de la Gallina y la Cañada Real de Priego, respectivamente. Al sur de la torre pasaba otro camino que unía Íllora con Moclín y que conecta el valle medio del río Genil con la costa de Málaga a través del Boquete de Zafarraya.
De la Torre de la Gallina apenas se conservan 3,5 metros de su altura total. Estos restos son, en realidad, una acumulación maciza de mampuestos y escombros. Fue destruida por un rayo en 1970.
Está tan derrumbada la torre que los historiadores no han conseguido averiguar si era una torre de planta circular o de planta cuadrada. Todo apunta a que, en su origen fue una torre de alquería de planta cuadrada, pues presenta una pequeña “cueva”, por lo que es de suponer no fue maciza en su parte inferior, como sí lo son las torres atalayas. Es más, hay testimonios tanto de la Guerra Civil como anteriores que señalan que debajo de la torre hubo un sótano abovedado. El presunto sótano podría corresponder con los restos de un aljibe que almacenaba el agua para los habitantes de la alquería .

La torre de la Gallina tuvo que levantarse entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Según cuentan los historiadores Rafael J. Pedregosa Megías y Carlos Martínez Martínez en su estudio “La evolución de la frontera en el sector Montefrío-Íllora-Moclín-Colomera y su relación con la vecina Alcalá la Real en época Nazarí ”:

La torre de la Gallina debería estar construida entre los ataques sufridos en la villa y arrabal de Íllora, (…) en 1312, y el posterior ataque a la villa, arrabal y alquerías en 1341 en torno a la campaña de Alcalá la Real.
La Torre de la Gallina enlazaría con la torre de Buenavista y controlaría las tierras y puntos oscuros hasta la siguiente torre, la denominada Torre de La Solana.
Aunque no sepamos, a ciencia cierta, cómo era este baluarte defensivo, sí podemos contarte que tuvo que ser de grandes dimensiones. Tanto que cabían más de una docena de personas en su interior. Eso sí, si tomamos cómo buenas las historias que cuentan las gestas de Hernán Pérez del Pulgar (1451-1531).
Una de ellas titulada “Hazaña de Pulgar en la torre de la Gallina” cuenta que diez moros que estaban alojados en dicha torre raptaron a dos familias de cristianos, y que, cuando Hernán Pérez del Pulgar se enteró les dio caza.
No había pasado mucho tiempo desde la toma de la ciudad de Loja y del castillo del Salar, cuando los Reyes dirigieron sus armas sobre la villa de Illora (…)
Montefrío y Colomera, temerosos y escarmentados en el daño de sus vecinos, se entregaron sin oponer resistencia grande. (…)
Esto hizo que en algún tanto quedase tranquilo Pulgar y exento hasta cierto punto de diarios combates, como fiel guardador de la fortaleza del Salar; pero no lo estuvo por mucho tiempo, pues que los vencidos siguieron después merodeando por aquellos alrededores, y cierto día, á una legua del Salar, en la Torre de la Gallina, que era atalaya de moros, se ocultaron diez jinetes de esta raza, y al pasar dos cristianos que de aquella población venían con sus mujeres y tres hijos, les cautivaron sin piedad, destinándolos á crueles tratamientos.
Súpolo Pulgar (…) no vaciló un momento en salir persiguiendo á aquellos enemigos, y encargando el castillo á su teniente Juan de Salinas, marchó apresurado con ocho de sus escuderos, y con tal ligereza y acierto persiguió á los moros, que á muy poco fué visto por ellos, los que, conociéndole, huyeron abandonando la presa que momentos antes habían cautivado.
(…)
Alcanzólos (Del Pulgar) cerca de la venta que llamaban del Gato y allí, al menos uno de los moros pagó con su vida su atrevimiento, y los demás se dispersaron por diferentes veredas.
Esta no fue la última vez que unos vándalos se ocultarían en el baluarte árabe. A finales del siglo XIX, en la Torre de la Gallina se guareció uno de los delincuentes más sanguinarios de la zona, era José Pérez Molina, más conocido como “El Batatero”, quien fue capturado y condenado a Pena de Muerte por robo y asesinato.
Tres décadas después de ser ajusticiado “El Batatero” la Torre de la Gallina sirvió como puesto de artillería Durante la Guerra Civil.