
A medio camino entre Alhama de Granada y Moraleda de Zafayona, en lo alto de una altiplanicie silenciosa y salpicada de almendros, se alza discreta pero imponente la Torre de Buenavista, también conocida como Torre del Hoyo. Esta antigua atalaya, construida probablemente en época almohade , es uno de esos testigos de piedra que aún custodian los paisajes del sur andaluz, recordándonos el pasado defensivo de la comarca.
A diferencia de la mayoría de las atalayas nazaríes de planta circular, la Torre de Buenavista presenta una estructura hexagonal, una característica poco común que comparte con otras torres como la de Brácana o la de Agrón. Esta planta poligonal sugiere una cronología anterior, quizá del siglo XII o XIII, cuando el imperio almohade dominaba estas tierras.
Con sus lados que oscilan entre los 2,20 y los 2,30 metros, y una altura conservada de entre 3,10 y 4 metros según las diferentes caras, la torre está construida con mampostería de lajas calizas unidas por mortero de cal. En sus esquinas se aprecian refuerzos de sillarejos trabajados, especialmente bien conservados en las caras norte y noreste.
Aunque hoy parece una estructura solitaria, se cree que pudo estar acompañada por un pequeño recinto anejo, como sugiere un murete visible en su cara noreste. Es posible que este espacio adicional sirviera de abrigo o refugio momentáneo para los centinelas que vigilaban desde ella.
¿Cómo pudo ser la Torre de Buenavista? Una mirada al pasado desde la piedra
Pero, ¿cómo fue en su origen la torre de Buenavista? ¿Qué aspecto tenía esta atalaya cuando cumplía su función defensiva y de vigilancia en pleno periodo andalusí ? Basándonos en restos conservados y analogías con otras torres similares, podemos esbozar una posible reconstrucción de esta centinela silenciosa.
Una torre con planta hexagonal y una imponente altura
A diferencia de muchas torres costeras o rurales de planta circular, la Torre de Buenavista destaca por su forma hexagonal, lo que sugiere una mayor complejidad constructiva y quizá un carácter más simbólico o especializado. Aunque hoy conserva una altura de entre 3,10 y 4 metros, se estima que en origen pudo alcanzar entre 7 y 9 metros, similar a otras torres de vigilancia del periodo almohade.
El tercio inferior habría sido completamente macizo, construido con mampostería de lajas calizas unidas con mortero de cal. Este sólido basamento no solo garantizaba estabilidad estructural sobre la altiplanicie, sino que ofrecía resistencia frente a las inclemencias del tiempo y a posibles ataques.
Un habitáculo elevado para el atalayero
Como en otras atalayas andalusíes, el acceso al interior no se realizaba desde el suelo sino a través de una puerta-ventana situada a unos 5 metros de altura diera entrada a un pequeño habitáculo para el atalayero. Esta altura impedía el ingreso directo de enemigos y se alcanzaba mediante una escalera de cuerda o madera, que podía retirarse en caso de peligro.
El espacio interior, hoy desaparecido, posiblemente estaba cubierto con una bóveda de medio cañón. Desde una pequeña ventana orientada hacia el norte o noreste —los sectores mejor conservados—, el vigilante podía observar las vegas y los pasos estratégicos entre los ríos Cacín y Alhama.
Subida a la terraza y señalización estratégica
Desde el habitáculo, unos peldaños empotrados en el muro interior, hechos con grandes piedras sobresalientes, permitirían el acceso a la parte superior de la torre: una terraza vigilante rodeada por un peto de mampostería. Este mirador habría sido el verdadero puesto de control del paisaje.
Desde esta altura, el atalayero podía comunicarse con torres cercanas, como las de La Gallina, La Solana o la Atalaya de Agrón. El sistema de señales sería similar al de otras torres andalusíes: humo o reflejos con espejos durante el día, y hogueras (almenaras) por la noche. El uso de esparto seco o húmedo permitía modular la visibilidad del humo, activando una rápida cadena de avisos hacia Alhama o Granada.
Un puesto aislado, pero esencial
Aunque no hay restos claros de un asentamiento asociado, la existencia de un pequeño murete adosado sugiere que la torre pudo contar con un recinto auxiliar o almacén, quizá para herramientas, leña o víveres. El atalayero vivía de forma aislada, probablemente en turnos cortos, pero su papel era vital: proteger y vigilar los caminos de paso entre dos ríos que comunicaban la frontera granadina con el corazón del reino nazarí.
Vigilancia estratégica

Su ubicación no es casual. La torre se encuentra a 984 metros de altitud, dominando visualmente un amplio tramo de las vegas entre los ríos Cacín y Alhama. Desde ella se controlaban los pasos naturales que comunicaban el interior del Reino de Granada con la costa, especialmente los caminos que desde Alhama conducían hacia la capital nazarí.
La conexión visual con otras torres vecinas —como La Gallina, La Solana o la Atalaya de Agrón— evidencia su papel en una red de vigilancia y comunicación medieval. Estas atalayas funcionaban como sistemas de alerta temprana, transmitiendo señales visuales entre sí mediante humo, fuego o espejos.
Alhama de Granada como punto estratégico entre Málaga y Granada

Desde el siglo I de nuestra era Alhama de Granada ha destacado por ser un enclave estratégico de vital importancia. Su ubicación, en la confluencia de caminos que conectan Málaga con Granada, la convirtió en un núcleo de comunicaciones crucial tanto para el comercio como para la defensa. Durante la dominación musulmana, esta posición privilegiada fue explotada al máximo con la construcción de un sofisticado sistema defensivo, compuesto por torres atalayas, castillos y alcazabas, que garantizaban el control y la protección del territorio.
El río Alhama, que atraviesa estas tierras, sirvió como eje natural para la organización defensiva. Las torres y fortificaciones se alinearon estratégicamente a lo largo de su curso, creando una red que no solo protegía a la comarca, sino que también mantenía conectividad con otras zonas, como Loja y el Llano de Zafarraya. Este diseño defensivo, basado en la vigilancia constante y la comunicación rápida, reflejaba la capacidad de planificación del Reino Nazarí para proteger sus fronteras y asegurar sus rutas comerciales.
Acceso: una pequeña aventura rural
Visitar la Torre de Buenavista es también un pequeño viaje al corazón rural de Granada. Desde Alhama de Granada, se toma la carretera C-340 en dirección Granada. Tras varios desvíos por caminos de tierra y cortijos, se llega a un punto donde es necesario continuar a pie. En apenas 5 minutos de caminata, el visitante se encuentra frente a esta sólida construcción de piedra, rodeada de naturaleza y con vistas privilegiadas sobre el paisaje alameño.
Una de las torres atalayas de la zona de Alhama que me faltan por ver. Mi enhorabuena por vuestros artículos. Siempre son un placer leerlos 😉