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CUESTA DE LOS ABARQUEROS

    Vestigios de la muralla zirí próximos a la Cuesta de los Abarqueros en el Albaicín
    CUESTA DE LOS ABARQUEROS – Entorno monumental de la Alcazaba Cadima

    La Cuesta de los Abarqueros, es una calle empedrada, escalonada y que corre paralela a la muralla zirí, que unía la Puerta Monaita con la Puerta de Elvira. Esta antiquísima calle se sitúa a la izquierda del gran pilar de dos caños que hay en la calle Elvira y que encontramos a pocos metros de su Puerta. Su trazado actual es un testimonio del urbanismo orgánico de Granada, marcando el descenso desde los baluartes de la Alcazaba Vieja (al-qasabat al-qadīma) hacia la zona baja de la ciudad, un área que experimentó cambios significativos durante el siglo XI.

    El contexto de expansión: Almunias y registros históricos

    Para analizar el origen de este sector, debemos remitirnos a los relatos del emir Abd Allāh sobre la expansión meridional de Granada. La medina comenzó a proyectarse hacia áreas que hoy ocupan la plaza de Bib-Rambla o la Casa de los Tiros, zonas que originalmente albergaron almunias o fincas de recreo de la élite zirí. Las memorias del emir mencionan que el sultán Bādīs frecuentaba una almunia cerca de la Rambla (al-Ramla) donde su padre, Habūs, solía reunir su consejo. Estos espacios periféricos, aunque menos protegidos inicialmente que el núcleo de la Alcazaba, se convirtieron en el centro de la vida política y, en ocasiones, de conspiraciones palaciegas.

    PUERTA DE MONAITA
    PUERTA DE MONAITA

    La historiografía sugiere que, ante este crecimiento, la línea defensiva debió adaptarse. El lienzo de muralla que flanquea la Cuesta de los Abarqueros descendía desde la Bāb al-Unaydar (Puerta Monaita) buscando la zona de Elvira. Aunque hoy se tiende a interpretar que la muralla en la llanura buscaba formas circulares para facilitar la defensa, no existen documentos medievales que lo confirmen explícitamente, tratándose más bien de una deducción lógica basada en la poliorcética tradicional. Lo que sí es tangible son los paños de muralla que han sobrevivido hasta nuestros días, en gran medida gracias a que las viviendas del barrio se apoyaron en sus gruesos muros, integrándolos en la trama urbana.

    Arquitectura y sistemas defensivos en Bab Ilbira

    La Puerta de Elvira (Bāb Ilbīra), punto de destino de esta cuesta, es un elemento clave en la comprensión del área. Aunque la estructura que hoy contemplamos data principalmente de los siglos XI y XII, la reconstrucción exacta de su sistema original es objeto de debate académico. Se plantea de forma hipotética que pudo contar con puertas en recodo y un patio intermedio, siguiendo el modelo de la Puerta Monaita. Su técnica constructiva, en la que se observa el uso del tapial y, en ciertos puntos, aparejos a soga y tizón, la vincula cronológicamente con otras construcciones del periodo, como la mezquita sobre la que se asienta la iglesia de San José.

    En el ascenso por la Cuesta de los Abarqueros, se pueden observar fragmentos de estos paños defensivos que conectaban los diferentes recintos. Estos restos arqueológicos, a menudo ocultos tras fachadas posteriores, son los que permiten a los investigadores trazar el recorrido de la cerca de la medina en su descenso hacia el sur. Desde la Puerta de Elvira, la muralla continuaba su curso hacia el oeste y el sur, bordeando sectores que hoy identificamos con la calle Tinajilla o la Plaza de la Trinidad, aunque el trazado exacto en la llanura sigue siendo motivo de estudio debido a la densa superposición urbana posterior.

    El topónimo de los Abarqueros: Oficios y tradición

    CUESTA DE LOS ABARQUEROS

    La denominación de «Abarqueros» para esta cuesta es una referencia directa a la actividad gremial que, según la tradición, se desarrollaba en esta área. Los abarqueros eran artesanos dedicados a la confección de abarcas o albarcas, un calzado rudimentario pero esencial. Aunque no se conservan registros gremiales medievales que documenten la ubicación exacta de estos talleres junto a la muralla, el topónimo ha persistido como un eco del pasado comercial de la zona de Elvira, que actuaba como principal puerta de entrada de suministros a la ciudad.

    Las abarcas se fabricaban tradicionalmente con cuero crudo, extraído de las patas de ganado vacuno. El proceso consistía en moldear la piel mediante agujeros y tiras de cuero que se ataban al tobillo. Este calzado era el predilecto de campesinos y jornaleros por su resistencia en terrenos difíciles. La concentración de estos artesanos en las proximidades de una de las puertas principales de la ciudad responde a una lógica económica común en las ciudades andalusíes, donde los oficios relacionados con el cuero y el abastecimiento solían situarse cerca de las vías de acceso.

    Reconstrucción del entorno urbano y literatura popular

    Gracias a las reconstrucciones historiográficas de autores como Seco de Lucena, basadas en la interpretación de textos tardíos y restos arqueológicos, podemos aproximarnos a lo que fue el barrio de Bab-Ilbira. Este sector albergó elementos vitales como la mezquita principal del barrio (en el solar de San Andrés) y el baño de la Placeta de los Naranjos. Otros elementos, como rábitas y escuelas, completaban un tejido urbano complejo que limitaba con el barrio del Sened (Zenete) y la zona de las Azacayas. No obstante, es preciso recordar que muchas de estas localizaciones exactas forman parte de mapas teóricos que la arqueología aún debe ratificar plenamente.

    Subir por la Cuesta de Los Abarqueros hasta la calle Zenete, es adentrase en la historia de la Granada musulmana y de las leyendas del valeroso Reduán, implicado en la conquista de Granada y Jaén, y profundamente enamorado de Haja, una bella doncella que vivía en la Calle Elvira. Es fundamental distinguir que este relato pertenece al ámbito de la literatura legendaria y el romancero, más que a la crónica histórica contrastada. La figura de Reduán y su idilio con Haja son parte del imaginario romántico que ha envuelto al Albaicín durante siglos, otorgando una dimensión mística a un espacio que, ante todo, fue un enclave defensivo y artesanal.

    Hoy, la Cuesta de los Abarqueros se mantiene como un lugar de estudio para arqueólogos e historiadores que buscan desentrañar la evolución de las fortificaciones granadinas. Desde las intervenciones de Yusuf I en el siglo XIV hasta las recientes restauraciones, la calle sigue siendo un nexo entre la realidad material de la piedra zirí y la rica tradición oral de Granada.

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