
Íllora y sus alrededores cuentan con un rico patrimonio histórico, lleno de elementos fascinantes que reflejan su pasado, aunque algunos no estén en el mejor estado de conservación. Entre estos tesoros destaca la Torre Atalaya de la Encantada, un vestigio único que transporta a épocas de gran relevancia histórica.
Ubicada en el Cerro de Las Palomeras, en la localidad de Brácana (Íllora), esta torre se erige como un importante testimonio de las antiguas contiendas de frontera. Su estratégica posición la convirtió en parte esencial del sistema defensivo interno de la Vega de Granada, un complejo diseñado durante la dominación musulmana para proteger y vigilar el territorio.
Esta atalaya formó junto con otras torres atalayas del Sistema defensivo interno de la Vega de Granada, ideado durante la dominación musulmana.
Amplía información – El sistema defensivo interno de la Vega de Granada
En el corazón de la Vega de Granada, entre campos fértiles, se desarrolló durante la época nazarí un sistema defensivo estratégico denominado por los historiadores como el Sistema Interno Transversal. Éste estaba conformado por un conjunto de torres y puntos de vigilancia, distribuidos de norte a sur, y que formaba un segundo cinturón defensivo que protegía la parte occidental de la Vega y, en última instancia, la ciudad de Granada.
Este sistema defensivo conectaba fortalezas exteriores y torres próximas a Granada, creando una red de comunicación visual que garantizaba una vigilancia efectiva del territorio. Aunque no todas las torres han resistido el paso del tiempo, los vestigios que quedan permiten reconstruir cómo funcionaba este ingenioso sistema.
De la Torre de Agicampe a la Alhambra
El recorrido de este cinturón defensivo comenzaba en la Torre de Agicampe, situada estratégicamente para tener comunicación directa con otras torres clave. Desde allí, la red seguía hacia la desaparecida Torre del Amarguillo, ubicada en el Cerro de la Torre, cerca de Villanueva de Mesía, y continuaba hacia la Torre de la Encantada en Brácana.
En este tramo, otros puntos como el Cerro Vacas y el Morrón de Parapanda jugaban roles esenciales al conectar con estructuras más al norte y al sur. Estos lugares ofrecían visibilidad privilegiada, a pesar de los desafíos que representaban las condiciones climáticas, como las nieblas invernales.
Puntos clave en el sistema
El sistema se extendía por toda la Vega de Granada con puntos estratégicos que incluían:
- El Fuerte o Torre de los Ingleses: Un punto de control en la cota 816, próximo a la Loma de Taura y la desaparecida Atalaya en Íllora.
- El Peñón de Zujaira: Una atalaya natural que, aunque no conserva restos evidentes de una torre, fue un importante centro de poblamiento y vigilancia.
- La Torre de Pinos Puente: Fundamental por su proximidad al puente emiral que permitía el acceso a Granada.
- El Alto de Sierra Elvira y la Atalaya de Albolote: Ambos puntos naturales de observación y vigilancia.
Conexión con la Alhambra
Finalmente, este cinturón conectaba con torres situadas hacia el este, como las del Chaparral de Cartuja y Cogollos Vega, que enlazaban directamente con la Alhambra de Granada. Esta conexión era crucial para garantizar la protección del corazón político y militar del Reino Nazarí.
La vida en torno a las torres
Los restos de cerámica encontrados en muchas de estas torres indican que no solo eran estructuras militares, sino que también albergaban pequeños asentamientos. Estas alquerías, mencionadas en textos históricos como los de Ibn al-Jatib, muestran la vida cotidiana en torno a las torres, con actividades agrícolas y comerciales que sostenían a la población local.
Una de las características más notables del Sistema Interno Transversal era su adaptación al entorno. Las torres estaban situadas en puntos no demasiado elevados para evitar la pérdida de visibilidad durante los meses de niebla en la Vega.
Torre de La Encantada
Los restos de esta torre atalaya se localizan en lo alto de un cerro de Las Palomeras a casi 650 metros sobre el nivel del mar, a tan solo 2 kilómetros de Brácana y 3 de Tocón. Esta torre ofrecía una posición privilegiada para vigilar una amplia franja de territorio, especialmente en dirección a Loja y Alomartes.
El cerro donde se ubica la torre ofrece unas vistas impresionantes del paisaje circundante, con el río Genil serpenteando en el valle y las montañas de la Sierra de Parapanda al fondo.
La torre mantenía una conexión visual directa con otras estructuras defensivas clave, como la Torre de Tocón y la del Morrón de Parapanda, formando parte de un entramado estratégico destinado a garantizar la comunicación rápida y efectiva en tiempos de peligro. Este sistema de vigilancia era esencial en la protección del Reino Nazarí de Granada frente a las incursiones enemigas.
Características arquitectónicas de la Torre Atalaya de la Encantada

La Torre de la Encantada, como muchas otras de la época, fue construida con mampostería de piedras medianas unidas con mortero de yeso. Este método ofrecía una resistencia notable, aunque el tiempo ha hecho mella en su estructura. Actualmente, solo quedan en pie 3,20 metros de su altura original, pero es suficiente para apreciar la habilidad y el propósito de sus constructores.
Uno de los elementos más destacados de su diseño es la planta octogonal, una característica relativamente inusual.

Fue muy similar a la torre de Buenavista en Santa Cruz del Comercio, y a la torre de Agrón.
En cuanto a su altura, solo se conservan poco más de 3 metros, que corresponderían con la parte maciza de la torre. A pesar de su forma, octogonal, no hay que olvidar que la Torre de la Encantada es una torre atalaya, y su estructura sería muy similar a las de planta circular y desarrollo troncocónico, en los que los dos tercios inferiores, formaban un cuerpo macizo y en el tercio superior era hueco, y donde se encontraba un habitáculo de los atalayeros. Coronando el baluarte se encontraría una terraza con parapeto almenado.
El acceso al interior de la atalaya pudo situarse a poco más de 5 metros de altura. Para llegar hasta la puerta-ventana había que subir por una escalera, que se ponía y quitaba cuando era necesario
El pequeño habitáculo estaría cubierto con una bóveda de medio cañón, realizada de mampostería y con enlucido de cal. Tendría otra ventana que daba hacia la zona de vigilancia y dispondría de una chimenea. La estancia contaría, además, con una escalera para subir a la terraza. No se conservan restos de enlucido exterior.

Aunque esencialmente defensiva, la Torre de la Encantada cumplía también un papel importante en la vida cotidiana de las comunidades agrícolas que habitaban a su alrededor. Clasificada como una torre de alquería, formaba parte de un sistema que no solo protegía, sino que también servía como centro de organización para las actividades agrícolas y comerciales de la zona. Esta torre posiblemente tenía un espacio cercado alrededor.
Cerca de la torre se han encontrado restos arqueológicos, como fragmentos de cerámica, que confirman la existencia de asentamientos en sus inmediaciones. Estos hallazgos permiten vislumbrar cómo vivían las comunidades rurales en torno a la torre, adaptándose al entorno y aprovechando sus recursos.
Vértice geodésico
En la actualidad, la Torre de la Encantada ha asumido un nuevo papel: sobre ella se encuentra un vértice geodésico del Instituto Geográfico Nacional. Estos puntos, fundamentales para la cartografía y la medición topográfica, convierten a la torre en un lugar clave para estudios geográficos modernos, manteniendo su relevancia a pesar de los siglos transcurridos desde su construcción.
La Torre de la Encantada en la actualidad
Aunque su importancia histórica y cultural es innegable, la Torre de la Encantada se encuentra en un estado de conservación precario. Sus restos son un recordatorio de la necesidad de preservar este tipo de patrimonio. Es fundamental que iniciativas de restauración y conservación sean puestas en marcha para evitar la pérdida total de esta estructura. La torre no solo es un testimonio de la ingeniería militar nazarí, sino también un símbolo de la historia de Granada
Visitar la Torre de la Encantada no es solo un viaje al pasado, sino también una oportunidad para reflexionar sobre la riqueza histórica de la Vega de Granada y la importancia de preservar nuestro patrimonio para las generaciones futuras.